martes, 18 de agosto de 2020

Recorrer senderos de análisis para repensar lo pensado y revisar posiciones que, desde una interculturalidad crítica y entendiendo a la diversidad como algo que enriquece, milite por la ampliación (y concreción) de (más) derechos y oportunidades. “Los 5 libros para tu (trans)formación” de Susana Underwood.



En este 2020, el Blog #AsíFuimosAprendiendo mantiene esta “sección” en la que referentes del campo educativo, docentes y estudiantes nos invitan a leer 5 libros que les (trans)formaron, les conmovieron, les ayudaron a repensar sus prácticas o que, por algún motivo, creen que estaría bueno que otres docentes (y otres estudiantes) preocupades por “la Educación” y los aprendizajes, los leamos.
En esta entrada es un placer publicar “los 5 libros para tu (trans)formación” de Susana Underwood *.



“Cartas a quien pretende enseñar”, de Paulo Freire (2002).
Es el primer libro de Freire que tuve, y me lo regalaron tres estudiantes de la facultad a las que ayudé con un trabajo. Hasta ese momento había leído ideas sueltas o contadas por otres, pero esta fue mi oportunidad de zambullirme y descubrir que algunas de las cosas que yo pensaba o hacía por intuición tenían un sustento teórico en alguien como Freire. Les dejo uno de los tantos párrafos que tengo subrayados, y que me costó mucho seleccionar para esta ocasión con algunos agregados míos: “El aprendizaje del educador al educar se verifica en la medida en que el educador humilde y abierto se encuentre permanentemente disponible para repensar lo pensado, revisar sus posiciones; en que busca involucrarse con la curiosidad del alumno y los diferentes caminos y senderos que ella lo hace recorrer. Algunos de esos caminos y algunos de esos senderos que a veces recorre la curiosidad casi virgen de los alumnos están cargados de sugerencias, de preguntas que el educador nunca había percibido antes. Su experiencia docente, si es bien percibida y bien vivida, va dejando claro que requiere una capacitación permanente del educador. Capacitación que se basa en el análisis crítico de su práctica”.

“Como una novela”, de Daniel Pennac (2004).
Cuando tenía 12 años “descubrí” que no iba a poder leer todo lo que se había escrito en el mundo y me produjo una gran desazón. En la escuela primaria sacaba libros de la biblioteca todo el tiempo y leía cosas que ni siquiera me interesaban mucho (ay, “Espartaco”) pero el placer, el gusto estaba justamente en leer. Es probable que en mi ingenuidad creyera que todos los libros del mundo estaban en la biblioteca escolar. Es el día de hoy que si me preguntan qué es lo que más me gusta hacer en la vida sigo respondiendo “leer”. El libro “Como una novela” es una bella obra acerca de leer, e incluye los que llama “derechos imprescriptibles del lector”, que les cuento a continuación:
  • El derecho a no leer.
  • El derecho a saltarse páginas.
  • El derecho a no terminar un libro (último libro que leí entero aunque me resultaba insoportable: “Noticias de un secuestro” de García Márquez, autor que amo, pero no en ese libro).
  • El derecho a releer.
  • El derecho a leer cualquier cosa.
  • El derecho al bovarismo (“enfermedad textualmente transmisible”, o la satisfacción inmediata de nuestra sensaciones, nuestras emociones con la lectura).
  • El derecho a leer en cualquier parte.
  • El derecho a picotear (o a abrir un libro en cualquier lado porque sólo disponemos de un momento).
  • El derecho a leer en voz alta.
  • El derecho a callarnos (o a no explicar por qué leemos algo).
Y para terminar agrego algunos fragmentos entresacados sobre el tiempo de leer:
“El tiempo de leer es siempre tiempo robado (de la misma manera que lo es el tiempo de escribir o el tiempo de amar), ¿robado a qué? Digamos que al deber de vivir. El tiempo de leer, como el tiempo de amar, dilatan el tiempo de vivir. La lectura no tiene que ver con la organización del tiempo social; es, como el amor, una manera de ser. La cuestión no es saber si tengo o no el tiempo de leer (tiempo que por lo demás nadie me dará) sino si me ofrezco o no la felicidad de ser lector. ¿Tiempo de leer? ¡Lo tengo en mi bolsillo!. 
 
“Pedagogía de la igualdad. Ensayos contra la educación excluyente”, de Pablo Gentili (2011).
Hace ya unos 15 años que trabajo en temas de discapacidad, especialmente en los vinculados con salvar los obstáculos que encentran les estudiantes con discapacidad durante su recorrido universitario. En ese tiempo fui aprendiendo que el enfoque no tenía que estar puesto en “la discapacidad” sino en “la enseñanza”, que como docentes teníamos que reflexionar sobre nuestras prácticas (y ahí se cuela Freire) para que incluyan a todes nuestres estudiantes, y que la diversidad nos enriquece. Les comparto un único párrafo (con algunos agregados míos) que me parece tremendamente poderoso. Pablo Gentili, hablando de la educación, dice “el sistema escolar, partido y dividido, lejos de democratizar su acceso, conduce a los sujetos por los circuitos que mejor se adaptan a las marcas o los estigmas que definen el tamaño de sus derechos y oportunidades. Todos tienen el mismo derecho a la educación, pero no todos tienen el mismo derecho a la escuela, por lo que los resultados de los procesos de escolarización son tan desiguales como las condiciones de vida de los grupos, las clases, los estamentos o las castas que componen la sociedad o, en términos más precisos, el mercado”. 

“La pachamama y el humano”, de Eugenio Zaffaroni (2011).
Hace ya varios años que se habla del derecho al medio ambiente, tomando ideas de las comunidades originarias. Algunos países como Bolivia y Ecuador lo han incluido en sus constituciones, sosteniendo el paradigma del Buen Vivir. En este sentido se sostiene la necesidad de entender la interculturalidad como algo que debe desprenderse de las ideas del pensamiento dominante que plantea la “tolerancia” de las culturas entre sí, y en cambio propone una interculturalidad crítica para buscar una paridad entre subalternos y dominantes. Zaffaroni plantea que “sólo remplazando el saber del dominus por el del frater podemos recuperar la dignidad humana, que importa, en primer lugar, reconocernos entre los propios humanos. La ecología constitucional, en el marco de la concepción que proviene de nuestras culturas originarias, lejos de negar la dignidad humana la recupera de su camino perdido. No se trata de un sueño regresivo a la vida primitiva sino de actuar con nuestra tecnología pero conforme a las pautas éticas originarias en su relación con todos los entes”. 

“Filosofía (y) política en la Universidad”, de Eduardo Rinesi (2015).
La Universidad comenzó hace siglos como un espacio de privilegio destinado a la formación de las elites. Si bien esa mirada sigue persistiendo en muchísimes universitaries con el correr de los años se ha comenzado a entender la Universidad como un nivel al que se tiene derecho. El politólogo y docente Eduardo Rinesi es uno de los intelectuales que reflexiona sobre los desafíos y responsabilidades actuales de las universidades en las sociedades locales y regionales. Les comparto un párrafo sobre esta mirada de derechos: “estamos sugiriendo que lo que hemos llamado ‘el derecho a la Universidad’ no es solo el derecho de los jóvenes a estudiar y aprender y a recibirse en ella, sino el derecho del pueblo a apropiarse de los beneficios del trabajo de esa institución que sostiene y que le pertenece, lo que incluye por cierto su trabajo de investigación, y estamos examinando la posibilidad de que uno de los modos de ejercicio de ese derecho colectivo a la Universidad sea la co-construcción, entre las organizaciones del pueblo y los equipos (y el gobierno) de las universidades, de la agenda de esas investigaciones”. 

* Susana Underwood es Médica Veterinaria, Magister en Salud Animal y Especialista en Docencia Universitaria con Orientación en Ciencias Veterinarias y Biológicas. También cursó una Maestría en Antropología Social y una en Docencia Universitaria, aunque no hizo las tesis. Es docente de la FCV-UBA desde 1992 y se ha desempeñado como Subsecretaria de Promoción para la Igualdad de Oportunidades (2007-2017) y  Secretaria de Bienestar Estudiantil (desde 2018) en la FCV, y como Coordinadora del Programa Discapacidad y Universidad de la UBA (2010-2018).


NdR: Esta entrada fue escrita (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería escrita de otra forma y diría otras cosas.

martes, 4 de agosto de 2020

Une docente que hace (o intenta hacer) equilibrio en el “entre”.

        Le “docente equilibrista” había preparado su clase, había afiches, marcadores de colores y una propuesta (representar artísticamente un concepto que venían trabajando, mientras se discutía en pequeños grupos y se compartía en las redes sociales) pero le “docente equilibrista” sabe que más allá de lo planificado, las cosas “se van dando” y que (a veces) se trata de hacer lo mejor posible con “lo que hay”. Y “lo que había” ese día era sueño y resaca. No, en realidad “lo que había” ese día era estudiantes con sueños y resaca. La noche anterior había sido el #15O (por 15 de Octubre), fiesta de egresades, a la que habían asistido (naturalmente) todes les estudiantes que egresaban y muches de los otros años, incluides les de su clase.

         Le docente notó que varies estudiantes se dormían o cabeceaban y rápidamente une estudiante se acercó y le preguntó: “profe, ¿podemos tirarnos en el piso, poner las mochilas como almohadas y dormir un poco?”. Su respuesta fue “por supuesto”. Le “docente equilibrista” hace (o intenta hacer) equilibrio todo el tiempo. Camina por esa soga típica de los circos (en este caso, de “el circo escolar”) tratando de no caerse, haciendo malabares con sus carpetas, sus apuntes, sus libros, su maletín, su mochila (cada vez con más pañuelos de colores que “dicen” lo que piensa) y los recursos materiales que lleva a cada Escuela, a cada clase, a cada grupo. Ante la pregunta de le estudiante, no tuvo tiempo de pensar la respuesta. En la vorágine de la Escuela, a veces no hay tiempo para detenerse y reflexionar, hay que actuar! Pero ese “actuar” medio “inconsciente”, medio “instintivo”, medio “involuntario”, no implica que no se pongan en juego recursos, memorias de viejas experiencias, conocimientos adquiridos en la (trans)formación docente continua o ideas, principios y posiciones ya tomadas (o pensadas) de antemano.

En las clases de le “docente equilibrista” la asistencia no es obligatoria pero la presencia (un modo de estar que nada tiene que ver con la famosa “participación”) sí lo es. Ese día, en ese contexto, la asistencia era producto de la obligatoriedad (para no quedarse libres o por mandato familiar) y la presencia (o el tipo de presencia “esperada”) era, para varies estudiantes, imposible. La situación requería otro modo de percibir la escena escolar, una percepción que nazca de un estar entre las cosas y no por encima de ellas, otro modo de ver (¿mirar? ¿leer? ¿entender?) esa demanda de horas de sueño. Como dice Lapoujade, citando a Souriau (en “Las existencias menores”), percibir “no es observar desde afuera un mundo desplegado delante de uno mismo, sino por el contrario entrar en un punto de vista, como cuando uno simpatiza”. Le “docente equilibrista” intentó ponerse a la altura del acontecimiento y seguir sus vectores, sus lógicas intrínsecas, lo cual supone haber renunciado a la intencionalidad de su propia conciencia como dadora de sentido. Nada fácil, ¿no?

         Buscó recuperar cierta confianza, gestos compartidos, conversaciones que se interrumpieron pero que quieren ser retomadas y como “docente equilibrista” se mandó. Avanzó con la clase, haciendo (o intentando hacer) equilibrio. Equilibrio entre el rol docente tradicional y otro rol docente posible, entre las reglas de la Escuela y las reglas de esa clase (de “su” clase), entre lo que la Escuela espera de su trabajo y lo que sus estudiantes esperan de su trabajo, entre lo que quisiera que hagan sus estudiantes (lo que sus propuestas les invitan a hacer) y lo que sus estudiantes quieren hacer o lo que hacen habitualmente (frente a propuestas escolares que no les convocan), entre perspectivas (y lógicas) escolares y perspectivas (y lógicas) no escolares, entre “campo de posibles” y “acto”, entre la pre-existencia de un mundo exterior común y un universo de posibles que intenta crear un mundo común que no viene dado, entre las posiciones (y las representaciones) que dominan (e interpretan) “lo escolar” y los márgenes (los murmullos) que permiten percibir “el involuntario actuar”, entre la lógica del déficit y la lógica de la excesiva interpretación, entre el pensar soluciones y el pensar modos de determinar los problemas, entre el zafar (el “hacer como sí”) y el decirles (como el profesor de la película “Detachment les dice a sus estudiantes”) “estoy acá, para ustedes, voy a darles una oportunidad”.

Con quienes no dormían (porque no habían ido a la fiesta o porque “nos la bancamos, profe, incluso con sueño, preferimos hacer la actividad”) empezó a desarrollar la propuesta, esa que estaba “de antes” pero lo novedoso (lo “vivo”, lo inesperado, el pedido -y la necesidad- de dormir en clase) obligó a redescubrirla y a pensarla como potencia, como posibilidad, de recorrer los grupos que trabajaban (entre “escombros”, mochilas, estudiantes durmiendo, afiches, marcadores, libros, notebooks con esquemas), haciendo equilibrio entre cuerpos y objetos evitando caerse y lastimar su propio cuerpo. Ese cuerpo que se cansa, que se sobre exige, que se queda afónico, que sintomatiza una “insoportabilidad” que (a veces) inunda nuestro transitar por la Escuela. Ese cuerpo que elige con qué sensibilidad meterse entre las cosas (y entre les estudiantes), cómo le resuena el contacto con lo que incomoda, qué lectura hacer de lo que (le) ocurre, cómo intervenir, qué se (le) con-mueve. Y ahí estaba haciendo (o intentando hacer) equilibrio, conversando con les estudiantes sobre el tema del día pero también sobre las fiestas de egresades, el consumo (a veces excesivo) de alcohol, la exigencia de la Escuela (y de sus familias), la asistencia y las “presencias”, nombrándolas de otra manera, confirmando que lo escolar es nombrado desde categorías que no reflejan lo vivo de lo múltiple y lo mutante de lo escolar y que necesitábamos otras maneras de (pensar y) nombrar en esa “experiencia” compartida.

         Lo que surgió ahí no fue “materia prima” para futuras clases, fue la clase, no fue la clase planificada (¿esperada?), fue otra clase, fue una clase Otra, pero fue una clase. Y el “resultado” (tal vez no el “deseado” pero el que se logró al vivir ese aula abordando “lo que hay”) fue ése: algunes pibes que durmieron usando sus mochilas como almohadas (esa fue su forma de “estar” ese día), pibes que hicieron bellísimos afiches sobre el concepto que se estaba enseñando (y, tal vez, aprendiendo) mientras reflexionaban y conversaban (entre elles y con le docente) sobre el tema de la materia y sobre otras cuestiones (igualmente importantes y significativas) que les atravesaban ese día y une “docente equilibrista” que aprendió muchísimo, en una mutua activación de experiencias, tejiendo y destejiendo diferentes sentidos y tratando de escuchar la escuela para habitarla de otro modo, no para interpretarla o intervenirla sino escucharla para experimentarla.


NdR: Esta entrada fue escrita (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería escrita de otra forma y diría otras cosas.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Hasta el 2020!!! Felicidades!!!



En esta última entrada del año 2019, queremos saludar a todes les que nos leyeron durante este año, agradecerles por haberse enganchado con la propuesta, por haber comentado, por haber participado de la escritura (colaborativa) de artículos, por haber compartido sus #CómoAprende, por haber respondido las entrevistas y las microentrevistas en video y por habernos recomendado sus #5Libros para la (trans)formación y desearles que pasen unas felices fiestas y que empiecen el año nuevo de la mejor manera.

El año próximo, les volveremos a invitar a seguir (re)pensando nuestras prácticas con nuevas propuestas y nuevas ideas en este Blog que espera seguir siendo un espacio de encuentro e intercambio entre docentes y estudiantes.

Que el 2020 nos vuelva a encontrar reflexionando sobre aprendizajes y sobre prácticas educativas para seguir (trans)formándonos como docentes preocupades por facilitar aprendizajes, cada vez más significativas, en estudiantes, cada vez, más autónomes.

Felicidades les desea asifuimosapendiendo!!!

jueves, 26 de diciembre de 2019

¿Cómo aprende Rena? Correr los límites, con libertad, para hacer la Vida más entretenida.


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 11 de Diciembre de 2018:


Cuando reflexiona sobre cómo aprende en la Facultad, Rena enumera una serie de “pasos” en los que utiliza una variedad de estrategias neuro-cognitivas que le van permitiendo construir esos nuevos aprendizajes y la preparan para ser “evaluada” de la manera tradicional: “primero me gusta escuchar alguna explicación o introducción al tema ya que permite saber a qué apuntar después. Luego voy a la bibliografía recomendada y trato de ir comprendiendo los contenidos a medida que voy leyendo. Al terminar de leer armo mi resumen, para esto me sirve ‘desarmar’ los textos que anteriormente leí, armando nuevos textos, cuadros, redes y/o dibujos. Luego trato de decirlo oralmente sola o con algún compañerx. Lo hago así porque es la forma que me resulta más práctica para incorporar los conceptos. Esto varía según el tema que tenga que aprender y el tiempo que tenga para hacerlo”.

Cuando reflexiona sobre cómo aprende fuera de la Facultad, Rena le otorga cierta relevancia a la repetición (sobre todo en lo “mecánico”) y a la práctica pero también a la motivación y a la observación (por ejemplo de videos): “a andar en bicicleta aprendí mientras jugaba, practicando hasta que salió. Supongo que a atarme lo cordones o hablar fue de la misma forma. A tocar la guitarra con mucha práctica, videos y canciones que me gustaban. A nadar de muy chica, primero aprendí a flotar, luego, de más grande, los distintos tipos de brazadas por un lado, por el otro de patadas y después todo junto. A cocinar voy aprendiendo con la práctica, veo videos, busco recetas, experimento hasta que llego a los sabores que busco. Lo hago así simplemente porque me surge así”.

Al relacionar o comparar aprendizajes académicos y no académicos, Rena encuentra aspectos comunes, como la necesidad de práctica y de motivación pero también encuentra diferencias relevantes no sólo en los intereses sino también en los tiempos. Como si hubiera leído la idea del siempre genial Carlos Skliar de que debemos respetar que cada estudiante aprenda “a su tiempo y a su modo”, Rena entiende como un “límite a la libertad de aprender” el manejo de los tiempos de aprendizaje y de los modos de evaluar del sistema educativo universitario: “tanto para aprender contenidos académicos como para aprender  aprendizajes extraescolares se necesita práctica, tranquilidad, tiempo y sobretodo motivación. Cuando estoy aprendiendo algo extraescolar la motivación es lo que me impulsa a aprenderlo, por lo que se hace más fácil. En cambio, a veces, cundo estoy aprendiendo determinados contenidos académicos puedo cruzarme con algún tema que no despierte mi interés y por ende que me desmotive, pero si está claro el objetivo que tengo puedo buscar la forma de recuperar esta motivación. Por otro lado a los contenidos académicos hay que aprenderlos dentro de un determinado tiempo, lo que puede ser otra dificultad. Esto a su vez nos pone un límite de cuánto debemos aprender, que sumado a las instancias evaluativas de las que van acompañados reducen mucho las libertades. Pero por otro lado nos obligan a aprender cosas que quizás voluntariamente no lo hubiéramos hecho que pueden resultar muy útiles e interesantes”.

Finalmente, Rena nos cuenta que reflexionar sobre estas cuestiones la hizo replantearse las maneras en que aprende y volver a dudar sobre la “libertad” con la que aprendemos y sobre la importancia de aprender para vivir mejor: “tener que pensar sobre estas cuestiones me genero dudas  acerca de los métodos que utilizamos para aprender, por un lado nos dan libertades y por otro, no las quitan, nos restringen. Aprender es incorporar conocimientos, herramientas y capitales que nos permiten mirar las cosas con nuevas perspectivas, salir de nuestra zona de confort, defendernos en distintos aspectos de la vida. Creo que aprender es ampliar nuestros intereses, es hacer la vida más entretenida”.

* Renata Mina (@renatamina_) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y feminista. Se desempeña como hija, hermana, amiga y alumna. Es del interior (al que todavía no puede soltar), le gusta hacer pilates, teatro, tocar la guitarra y los animales.

martes, 24 de diciembre de 2019

¿Cómo aprende Valen? Aprender a aprender porque aprender es crecer.


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 4 de Diciembre de 2018:


Cuando Valen reflexiona sobre la manera en que aprende en la Escuela relata las estrategias que utiliza para estudiar (y recordar), como la lectura, el resaltado de lo más importante, la escritura de un resumen, el uso de la memoria, la ejercitación (y la repetición) y la atención en clase: “creo que tengo una forma bastante ‘normal’ de aprender. Con lo teórico, unos días antes de la evaluación junto todo el material, ya sea fotocopias o apuntes, lo leo y resalto, y de ahí escribo un resumen aparte una vez entendido el tema, porque así logro sintetizar más e identificar lo más importante. Igualmente acá tengo un poco de ventaja ya que tengo buena memoria. Cuando es más matemático o de ‘ejercicios’ repito una y otra vez cada uno de los ejercicios dados, aunque también suelo escribir un resumen con las fórmulas o definiciones necesarias para entender el tema. En las clases soy de prestar atención porque los apuntes son de las cosas que más uso después. Hago resúmenes porque al escribirlo me queda en la cabeza, y al tenerlo leído de antes y entendido de la clase me resulta muy fácil estudiarlo ya que llego con una buena base para empezar a preparar los exámenes. He escrito un esquema de la glucosa con las características pedidas más de cinco veces hasta recordarlo, así también con idiomas (como Inglés), que son las materias que más me cuestan”. Valen agrega, también, la relevancia del interés por aquello que está aprendiendo y del rol del docente como mediador o, de alguna manera, “presentador” de los contenidos a aprender: “para lograr aprender algo bien, también me tiene que interesar, sino me cuesta cien veces más. Igualmente, no depende sólo de los contenidos sino de cómo los aborde y explique el profesor.  Materias como Inglés no me son fáciles ya que la forma de enseñarlo que tienen la mayoría de los profesores es muy ‘gramatical’ y por ejemplo, aprendo mas mirando una serie al escuchar”.

A la hora de pensar en otros tipos de aprendizajes, Valen prioriza la perseverancia, destaca el valor de la repetición y cuenta algunas anécdotas de situaciones en las que las cosas no le salieron “de una” sino que requirieron tiempo y esfuerzo: “siempre fui de decir ‘persevera y triunfaras’ pero hay varias cosas que necesitan mucha paciencia de más. No sólo porque sea complicado, sino por las consecuencias que trae. Por ejemplo, actualmente hago hockey, deporte muy conocido por sus grandes jugadores siempre lesionados, imagínense que escribo esto con un dedo esguinzado. Pero cuando algo te gusta y querés aprenderlo ya no hay vuelta atrás. Hace seis años que hago hockey y hoy puedo decir que soy ‘bastante buena’, al menos en comparación a cinco años atrás. También, me acuerdo cuando empecé a andar en bici, primero rueditas, después una sola, cuando supuse que había aprendido me sacaron la última que me protegía de no caer. Cosa obvia que pasó, fui derecho para unos arbustos, me caí y me lastimé. Y me frustre, no quería andar si me caía, pero tampoco, quería volver a las rueditas. Esto de frustrarme pasa todo el tiempo porque, como a todos, no siempre sale todo como uno espera, pero a pesar de que sé que no está bien tirarse abajo siempre que algo te sale mal, suelo (después de un largo rato) decirme algo como ‘dale vos podés, seguí, sino ¿para qué intentaste en un principio?'. Y ahí no paro hasta conseguirlo y si no pasa, por algo será, pero si en serio lo quería no paraba. Por ejemplo cocinar, todo me sale mal, soy muy ansiosa entonces siempre saco las cosas antes, me falta mezclar, ensucio todo y hago desastres, pero esa es una meta que todavía tiene mucho camino por recorrer”.

A la hora de pensar, de manera comparativa, los aprendizajes “escolares” y “no escolares”, Valen los diferencia en cuanto al interés que generan los contenidos a aprender (y de algún modo en lo que Carlos Cullen llama “el deseo de aprender”) pero los iguala en la necesidad de insistir y perseverar para aprender y en la importancia de la presencia de Otros que nos acompañen en el camino del aprendizaje: “creo que en los dos ámbitos de aprendizaje hay una diferencia bastante grande, al menos de la secundaria para atrás, en lo escolar uno aprende porque es lo que debe hacer, a lo que es, de alguna forma ‘obligado’ a hacer. Aprende cosas que a uno no le interesan y por lo tanto terminan en el olvido. Pero en esa época de la vida lo extraescolar que uno aprende lo hace porque quiere. Si querés cantar, vas a canto, si es un deporte vas y lo hacés, también de más chico aprendés valores y respeto. Ahí son intereses propios y los decide uno y por eso son más fáciles de recordar y poner en práctica en todo momento. Aunque también hay una gran similitud, porque en el estudio de lo académico, uno no para hasta que lo aprende y entiende (sea por obligación o por interés) y lo mismo pasa en lo extraescolar, intentar hasta que salga, al menos, lo mejor posible aunque siempre se puede ser un poco mejor. Además en los dos ámbitos siempre hay gente ayudándote y apoyándote, tu familia, amigues, profesorxs, etc, que hacen más llevaderos los ‘fracasos y más felices las ’victorias’, aprobar un examen, cocinar bien unas salchichas, desaprobar un oral o quizá se te quemaron los brownies, pero siempre hay alguien dispuesto a enseñar y uno está dispuesto a aprender, porque si esto segundo no ocurre también hay un problema ya que si no quiere, no lo va a hacer”.

Finalmente, Valen nos deja una reflexión sobre sus propias reflexiones y nos recuerda que aprendemos todo el tiempo, de manera natural y que muchas veces (aprendamos o no “eso” que se supone que tenemos que aprender o que queremos aprender) aprendemos a aprender: “escribir sobre estos temas (y más en relación a mí) siempre me cuesta mucho, así que, fue muy divertido además analizar cosas que hago todo el tiempo que no tomaba en cuenta. Me pasó que a medida que iba respondiendo se me iban ocurriendo más cosas que agregar en otras preguntas y se me descontrolaba todo. Pienso que cada persona se arma sus herramientas a medida que va indagando y probando distintas formas. Creo que el ‘cómo’ aprendemos depende de lo que estás aprendiendo, ya que aprender una formula de Física para aplicarla en un problema no es igual a aprender la historia de un país o a hacer una torta, por decir ejemplos. Igual pienso que todo el mundo puede aprender cualquier cosa si se intenta, y tiene ganas de hacerlo, siempre hay nuevas formas de aprender, alternativas para las complicaciones y si que quiere generalmente se logra. Diría que aprender es adquirir conocimientos nuevos, pero en realidad siempre estás aprendiendo, porque en un principio ‘aprendés a aprender, dicho de una forma redundante. Aprendés a entender, a facilitar ese aprendizaje, aprendés valores y aprendés una forma de manejarte en la vida, aprendés a pensar y sacar conclusiones, por ende aprender no es solo ‘agregar conocimientos’, es un crecimiento personal, una forma de conocerse a uno, de definirse. Lo que aprendiste en serio, lo recordás. Y lo que no recordás entonces, ¿no lo aprendiste? Creo que aprender es crecer, porque desde que nacés, aprendés, por ejemplo a mirar, a pestañear, a analizar, a prestar atención, a divertirte, a llorar, a hacer amigos, a amar. El que diga que aprender solo es incorporar conocimientos del estilo escolar, se equivoca”.

* Valentna Pedro (instagram.com/valen.pedro) es estudiante de cuarto año de la Escuela de Educación Técnico Profesional de nivel medio en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria (UBA), tiene 16 años, futura (cirujana) veterinaria, jugadora de hockey en el Club Comunicaciones, está enamorada de sus dos perros, es fanática de las series (mas los dramas médicos), tiene la habilidad de mirar más de 3 series al mismo tiempo, mantener buenas notas y vida social. Es muy fiel a sus ideales y le gusta debatir sobre estos.

lunes, 23 de diciembre de 2019

¿Cómo aprende Sofi? Mirar y escuchar para aprender (de y) con Otros.


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 27 de Noviembre de 2018:


Para empezar, Sofi nos cuenta la metodología que sigue a la hora de estudiar contenidos escolares, que incluye la confección de un prolijo resumen que relee hasta “aprenderlo”: “el método que uso creo yo que es el más usual, y el que me facilita el estudio a mí. Primero lo que hago es leer la bibliografía, en caso de que sean textos lo que tengo que estudiar; una vez que los leo, resalto las ideas más importantes, para luego pasarlas a una hoja, donde hago el resumen. Este resumen, lo hago lo más prolijo y ordenado posible, para facilitarme el estudio del mismo; por ejemplo en el caso de los resúmenes de anatomía que tuve que hacer para el cuatrimestre anterior, hice dibujos de las diferentes parte del cuerpo, como para hacerlo más llamativo también. Este resumen después lo leo varias veces, hasta que logro aprendérmelo”. En línea con la idea de que no se aprenden igual contenidos diferentes y pensando en los aprendizajes de las materias más “prácticas”, Sofi agrega “hago los ejercicios que dan lxs profesorxs y/o busco en internet”.

Cuando reflexiona sobre la manera en que aprende fuera de la Escuela, Sofi destaca la importancia de (mirar, escuchar y) “copiar” a otras personas y se le vienen a la memoria las “caídas” y los tropiezos lógicos de cualquier aprendizaje: “aprender las cosas cotidianas, las cosas que no hay un libro que te diga lo tenés que hacer, o no haya una serie de pasos estrictos que seguir, las he aprendido y sigo aprendiendo mirando a las demás personas y escuchándolas. A andar en bicicleta, me ensañaron mis papás, un día me subieron a una bicicleta con dos rueditas, y era practicar y practicar, después me sacaron una de las rueditas de apoyo y así hasta que me sacaron ambas rueditas de ayuda, y era caerse y levantarse y mirar a como lo hacían los demás. Después a atarme los cordones, si mal no recuerdo aprendí con un cuento, de un conejo. Y a patinar, que es el deporte que actualmente hago, aprendí cuando tenía más o menos cinco años, al principio también me caía todo el tiempo, estaba llena de moretones en las piernas, hasta que logré tener el equilibrio para deslizar sin caerme, y a saltar y hacer trompos, aprendí mirando a mis compañeras, con ayuda de mis entrenadoras, sin tener miedo a caerme (que es lo más importante) y como todo aprendiendo de cada caída. También para aprender a bailar, mire a otrxs personas, vi videos y aprendí de muy chica, lo cual hace que tenga mayor facilidad, si se podría decir, para bailar”.

Al relacionar o comparar aprendizajes académicos y no académicos, Sofi vuelve sobre la importancia de “otras personas”, de los ensayos (“prueba y error”) y de la necesidad de explorar, investigar y aventurarse en esos nuevos aprendizajes: “yo creo que ambos aprendizajes tienen algo similar: para hacer la mayoría de las cosas uno se basa en lo que anteriormente hizo otra persona o ha visto que haya hecho otra persona. Es natural del ser humano y también de los animales copiar lo del otro. También se pueden realizar acciones por instinto, como por ejemplo todos los seres vivos saben cómo cuidar a sus hijos o como reproducirse, entre otros.  Después de haber visto lo que hizo el otro, uno puede sacar sus propias conclusiones y ver cuáles son las actitudes que le conviene tomar de acuerdo con lo que quiera conseguir o a lo que quiera llegar. Y también todo se trata de prueba y error, si intentaste algo y te salió mal, ver por qué te salió mal, intentar cambiar eso y seguir con lo mismo o ver si podes llegar a lo mismo de otra forma, por ejemplo en el caso de estudiar, si no te sirve una manera de estudiar tenés miles de opciones para estudiar y no te tenés que cerrar en una sola opción, porque alguien te dijo o porque viste a alguien estudiar así, también se trata de aventurar, investigar por tus propios medios, y así ver de qué manera te resulta más fácil, que método y qué forma”.
Finalmente, Sofi nos recuerda que podemos olvidarnos las cosas que “aprendimos” de memoria (o que aprendimos “sólo para una prueba”) pero que aquellas cosas que “aprendimos” de manera significativa quedan para siempre y que “aprender” (sea lo que sea) requiere de tiempo, práctica y esfuerzo: “algunas cosas que uno aprende para una prueba, las más irrelevantes, la mayoría de las personas se lo olvidan, las cosas que son más de leer una bibliografía. Pero las cosas que unos aprende con práctica, ya sea desde aprender a andar en bicicleta, atarse los cordones o aprender a bailar una coreo, como hacer algo con animales o plantas, uno a medida que lo hace y práctica, se acuerda y no te lo olvidas. La mayoría de las cosas igualmente nunca van a salir de un instante al otro, siempre requieren su práctica, la cual va a llevar mayor o menor tiempo, dependiendo de la facilidad de cada unx para hacer determinada cosa”.


* Sofía Mangini (@sofi_mangini) es estudiante en la Escuela Agropecuaria de la UBA, va a cuarto año. Va todos los días al colegio y cuando no, está en patín. Ama ir al campo, estar con animales, familia y amigos. Piensa estudiar Veterinaria y tener su propia clínica veterinaria para animales grandes en  provincia de Bs. As.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Vocación y compromiso social para lograr la (trans)formación del Otro. (Entrevista a Mateo Labanchi Alurralde)


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 20 de Noviembre de 2018:


En sus primeras reflexiones, Mateo trae la idea de “vocación” y la propuesta del docente guía y nos invita a “ponernos la vara bien alta” en ese intento transformador.

  • Mateo, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Pregunta difícil, no creo que haya una respuesta única. Hoy en día tanta gente se dedica a la docencia, incluso sin una formación pedagógica, sólo académica (que no implica ser mal docente); pero es poca la que tiene vocación de docente. Esa palabra me parece muy importante: “vocación”. Tener vocación por la docencia es lo que te define como docente. ¿Vocación de qué? Yo lo asocio a la vocación de enseñar, lógicamente, pero también de transmitir, de buscar generar una transformación en el otro. Un docente es alguien que, tomando el papel de guía, te marca de algún modo. Los docentes que te marcan son los que lograron ayudarte a mostrar una mejor versión de vos mismo y es por eso que quedan en nuestra memoria.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Varios. Siempre comienzo con altas expectativas. Creo que uno tiene que ponerse la vara bien alta. El fracaso no pasa por no cumplir el objetivo al final de la cursada sino por no haberlo intentado, habiendo hecho todo lo posible para alcanzarlo. Obviamente uno siempre aspira a que los estudiantes aprueben la materia, ya que es el objetivo de la mayoría de ellos y uno quiere que lo cumplan. En lo personal mi objetivo es generar algo positivo en ellos, que se lleven algo más que el “aprobado”. Que recuerden la cursada como una buena etapa de su vida, de la cual sientan que se fueron mejor de lo que llegaron, y haber sido partícipe activo de esa transformación.

A la hora de pensar en las características que deberíamos tener les docentes, Mateo prioriza el compromiso social y la habilidad para construir vínculos con les estudiantes y para escucharles adecuando las propuestas didácticas a sus intereses y motivaciones.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de les estudiantes?
  • Cada docente tiene sus propias marcas, tanto personales como de trayectoria. Pero sí creo que lo que no debería faltarle a ningún docente es un fuerte compromiso social y para con la educación; no dejar de lado la realidad que se vive en torno al ámbito educativo y dentro de éste, llevarla al aula, trabajarla, aplicarla. Si el docente pretende que el estudiante viva un proceso de transformación en la cual se vuelva un sujeto más pensante y más crítico es indispensable que lo haga en pos de la realidad en la cual se desenvolverá en un futuro, para comprometerse con la misma, querer cambiarla, mejorarla. Darle ese contexto motiva mucho al estudiante y facilita el aprendizaje. Otra característica importante que he visto que facilita mucho el aprendizaje es el compromiso del docente con la generación de un vínculo, generalmente ocurre como característica personal más que como profesional. Preocuparse por la situación personal y académica del estudiante, de su trayectoria durante la cursada, tener en cuenta su opinión sobre los métodos de enseñanza.

Cerrando la entrevista, Mateo nos recomienda los capítulos de “Escuela de maestros” y un texto del siempre provocador y movilizante Pablo Gentili, retoma la cuestión del compromiso social y la necesidad de “contextualizar” la tarea docente y cita a Darío Sztajnszrajber para volver sobre la idea de una Educación que busca la transformación de las personas.

  • Si tuvieras que recomendarle a otr@s docentes la lectura de un libro, una canción, una película o algún video, ¿qué nos recomendarías y por qué?
  • Los capítulos de “Escuela de maestros” de Educ.ar y el texto “Un Zapato perdido o cuando las miradas saben mirar” de Pablo Gentili. Ambos conocidos gracias a mi madre María Belén Alurralde, docente de nivel primario a quien admiro profundamente. Los elegí porque ambos remarcan la importancia de la educación como estandarte en la lucha contra la desigualdad social y lo vital que es en las zonas más marginadas de nuestro país. Una persona muy cercana me dijo una vez “siempre sostuve una teoría. Que los mejores maestros y maestras son los de las escuelas pobres”. Al principio me chocó un poco, me pareció que la frase dejaba afuera a muy buenos docentes. Pero después pensé “sí, muy buenos docentes pero con objetivos distintos”. Ahí entendí que aquella persona tenía muy en claro cuáles deberían ser los objetivos de la educación y de los docentes, y entonces su teoría pasó a tener mucho más sentido.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Espero que esos objetivos se hayan dejado ver a lo largo de esta entrevista, pero está bueno pasar en limpio el borrador y cerrar con eso. Por mi edad y por mi corta trayectoria docente me gustaría centrarme más en cuáles “deberían ser” los objetivos, entendiéndose como parte de un proyecto a futuro, que espero me encuentre como docente y partícipe. Sin dudas, en mi opinión, los objetivos de la educación deberían ser la equidad, la igualdad y la formación de personas con una mente más crítica y pensante. Citando a Darío Sztajnszrajber: “creo que la función docente cada vez menos tiene que ver con los contenidos y cada vez más con provocar un acontecimiento educativo que es otra cosa, que es inspirar a que los estudiantes busquen su propia transformación”. La educación debe ser el camino por el cual las personas puedan adquirir conocimientos que les permitan tener las mismas posibilidades, teniendo muy en claro que no todos comienzan ese camino de la misma manera. Vuelvo a insistir, el docente y la educación no pueden ser ajenos a las realidades sociales de la población que pretende educar. Deben contagiar en la población la idea de que la educación es la mejor herramienta que tiene la sociedad para vencer las barreras socioeconómicas que hoy en día se han marcado tanto. Siempre recuerdo la frase de un docente que estimo y admiro muchísimo y que sin dudas marcó mucho mi carrera docente: “no tenemos que formar profesionales veterinarios que produzcan más, sino que aprendan a distribuir mejor”.

* Mateo Labanchi Alurralde es estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, ayudante de segunda de la cátedra de Química Biológica, concurrente de la cátedra de Clínica de Rumiantes y pasante del Tambo de Pequeños Rumiantes de dicha facultad.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Un compromiso a una promesa eterna y hermosa de amor, de oportunidad y de justicia. Microentrevista a Fabián Chazarreta *


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 13 de Noviembre de 2018:


Primera Parte:




Segunda Parte:






* Fabián Chazarreta (@faby_aleph) es una promesa de docente, lector de la fragilidad, de Borges y de momentos. Eterno estudiante. Hace cinco resurrecciones atrás era amigo de San Martín. Estudia Ciencias de la Educación. Es amante de los libros y los mares.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Innovación y pasión para generar un pensamiento crítico que ponga los conocimientos aprendidos al servicio de la construcción de una sociedad más igualitaria. (Entrevista a Camila Murray)


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 6 de Noviembre de 2018:


En sus primeras respuestas, Cami caracteriza al docente como un guía que, con su pasión y simpatía, contagia las ganas de aprender y se convierte en una puerta de entrada que invita al deseo por el conocimiento, respetando las características individuales y los intereses de cada estudiante.

  • Cami, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mi ser docente, es ser esa persona que va a guiar en el estudio y el que ayuda a comprender ciertos temas de las diferentes materias teniendo en cuenta todas las dificultades e individualidades de los estudiantes.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de les estudiantes?
  • En mi experiencia, los docentes que lograron que yo pueda, mediante ellos, entender una materia y aprender de ella fueron los que me transmitieron pasión por lo que estaban haciendo y por lo que me estaban contando. Cuando escucho a una persona que cuando habla de un tema se le iluminan los ojos y transmite su pasión en las clases, se logra que a mí me agarre curiosidad y piense “¿qué es de todo esto lo que los hace sentir así? ¿qué es lo que ellos vieron en esta materia que les fue tan emocionante?”. Esa fue la característica principal, común, de todos los profesores que me facilitaron materias y, coincidentemente, fueron las materias que a mí también más me apasionaron, porque la mayoría de las veces, al terminar sus cursadas, podía encontrar la respuesta a las preguntas que me hacía y terminaban teniendo sentido, porque mediante ellos, yo pude encontrar los puntos que me podían apasionar e interesar a mí y eso me fue suficiente para incentivarme al estudio, a la lectura o a la investigación. También normalmente estos profesores, transmitían cierta simpatía, y la simpatía con la pasión, son dos características que llevan a mostrar a esa persona más accesible, para poder preguntar y para poder relacionarse.

A la hora de relatar los objetivos que se pone cuando comienza una cursada, Cami no arranca con el clásico “aprobarla” sino que prefiere que no sea aburrida y le confiere a les docentes una importancia central en este sentido. En la siguiente respuesta, Cami nos invita a innovar, a dejar de repetir fórmulas obsoletas que no dan ningún resultado y que desconocen el contexto en el que nuestres estudiantes aprenden.

  • ¿Cuáles son tus objetivos cuando comenzás una cursada?
  • Lo primero que espero hoy en día cuando empiezo a cursar una nueva materia es que no se me haga pesada o un bodrio. Varias veces que no la sienta así depende del docente que tenga enfrente porque si el docente no me la transmite como una carga, yo le puedo encontrar el gusto y le puedo encontrar el punto en el que me interese, para que me pueda servir y en qué la voy a poder usar a lo largo de la carrera o después de haberla terminado.

  • Si tuvieras que hacer una propuesta de cambio concreto que pudiera aumentar      el compromiso, la motivación y la participación tuya y de tus compañeres, ¿qué propondrías y por qué?
  • Creo que lo principal sería innovar un poco, dejar de regirnos por los mismos métodos e ideas de hace doscientos años, donde no había el nivel tecnológico de hoy en día, donde los estudiantes no estaban bombardeados constantemente con información de todo tipo. Dejar de plantear al docente como la persona con la sabiduría superior con el acceso a información que sólo nos puede llegar a través de él/ella. Eso se pudo haber creído hasta hace 20 años, pero hoy en día es insostenible. Somos una generación que nos aburrimos rápido, que en el bolsillo tenemos acceso a mucha más información de la que puede tener cualquier docente y que no nos gusta que nos estén aleccionando constantemente como método de enseñanza. Yo propondría contenidos más dinámicos, actividades fuera de las dos, tres o cuatro horas con alguien diciéndote algo exactamente igual a cómo lo vas a leer después. Actividades que te ayuden a analizar los textos, que te ayuden a memorizar si es necesario, a relacionar los contenidos, etc.

Cerrando la entrevista, Cami nos recomienda una película y pone a la Educación en un lugar tranformador de la sociedad y, al mismo tiempo, como un moemento depreparación para un mundo que, respetando las individualidades y las diferencias, sea al mismo tiempo, un mundo para todes.

  • Si tuvieras que recomendarle a l@s docentes un libro, una canción, una película o algún video que considerás “relevante” para mejorar la práctica docente, ¿qué libro, canción o película nos recomendarías y por qué?
  • Recomendaría la película “Freedom Writers”, porque fue una de las primera películas que vi que me volaron la cabeza, toca muchas cosas que me llaman muchísimo la atención como: la segunda guerra mundial, el holocausto, Ana Frank, conciencia de clase y “raza”, mujeres protagonistas con ideales claros, el análisis y crítica a la educación actual y la desigualdad que atraviesa la misma, y cómo se logra plantear un modelo educativo más empático e igualitario.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Los objetivos de la educación deberían ser prepararnos para las diferentes formas que podemos contribuir a la sociedad de la que formamos parte, ya sea desde un punto de vista laboral o intelectual. Debería darnos herramientas para generar un verdadero pensamiento crítico, que nos dé más preguntas que respuestas y que nos genere la curiosidad necesaria para que nos interese averiguar esas respuestas. Porque al fin y al cabo, a todos nos gusta educarnos, a todos nos gusta saber más de algo que nos interese, pero para eso nos lo tienen que presentar de una forma atractiva y con un fin, claramente también creo que tiene que haber todo un sostén socio-político que nos haga creer que algo de todo ese conocimiento tiene un fin y vamos a poder beneficiarnos a partir de él. Como también se tiene que reconocer que no todos los estudiantes tienen los mismos intereses, las mismas facilidades, por lo que debería haber una educación con planes e instituciones con distintas posibilidades de estudio, para que el fin no sea alimentar una sola de todas nuestras inteligencias. Y finalmente, que nuestra finalidad no sea responder a un sistema, si no contribuir al crecimiento colectivo y con la suficiente diversidad para generar una sociedad más rica y menos ignorante.

* Camila Murray (@camilamurray) es estudiante de Veterinaria en la Universidad de Buenos Aires y todavía no sabe bien en que se va a especializar. Aunque nació en Buenos Aires, pasó su adolescencia en Bariloche para luego volver a la capital a estudiar, por lo que siente necesario por lo menos dos veces al año volver a la tranquilidad y familiaridad del sur. Le gusta mucho viajar, leer, dibujar, escuchar música e irse de campamento con les amigues. Como también salir a tomar cerveza y/o bailar.