martes, 28 de marzo de 2023

¿Cómo “estudia” Johanna? ¿Estudiar para rendir un examen o el placer de estudiar?

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso, la reflexión es a partir del relato que, gentilmente, escribió Johanna Pollach *.

Cuando Johanna reflexiona sobre cómo estudia plantea una diferencia entre un estudio “para rendir un examen” y un estudio “más placentero”. Respecto a la primera situación (“estudiar” para “rendir”), situación que dista mucho de la concepción de “estudio” de este Blog, Johanna nos cuenta que “estudiar significa incorporar conocimiento, asimilarlo, y aprenderlo pero significa también presión y estrés, ya que la mayoría de las veces cuando estudio es para rendir un examen parcial o final, por lo que no me lo tomo de una manera relajada”. En la segunda situación (ésa en la que el estudio no está asociado a los exámenes y a la certificación) aparecen la concentración, el interés, la relectura, el disfrute y cierta “relajación”: “varias veces leí libros de psicología o de animales. Al ser de mi particular interés, estaba muy concentrada y algunos textos los releí varias veces. Pero al no sentir la presión de la evaluación por parte de un profesor, lo disfrutaba mucho más, era mucho más desorganizado (sin cronograma, sin horarios) y relajado.

En las palabras anteriores se advierte, como sostiene Jorge Larrosa, que hay una cierta idea de estudio que “permite apartarse de la obsesión evaluativa” y que es la única desde la que puede sostenerse la concepción arendtiana de la educación como transmisión, comunización y renovación del mundo común (sobre la que ya escribimos varias veces en este Blog), así como la concepción rancieriana (otro clásico de este Blog) de la Escuela (de las instituciones educativas o de la propia Universidad) como separación de tiempos, espacios y actividades sociales.

Volviendo a la situación en la que el estudio parece ser eso que se hace antes de un examen (con un propósito puntual y discutible como tal), Johanna empieza por aclarar que “a la hora de estudiar lo primero que hago es hacerme un cronograma, en el cual me organizo y me pongo objetivos día a día según los temas a abordar” y nos cuenta cómo lo hace: “me gusta estudiar desde la mañana temprano, tomando un café porque me pone de buen humor, y más si es en una confitería, ya que en mi casa me cuesta mucho no distraerme. Una vez que estudio un tema yo sola, es decir, que leo el libro o escucho el seminario del campus, lo resumo, lo leo, y lo entiendo, me gusta juntarme con compañeros en la biblioteca de la facultad porque al hablarlo y repetirlo se me fija más el conocimiento, y si hay algún tema que no me quedo claro o me cuesta, es más fácil resolverlo entre varios”.


            Siguiendo en esa concepción de un “estudio para”, de un estudio que “sirva para”, de un estudio “con resultados”,
Johanna sostiene que no hay una sola manera de hacerlo y lo ejemplifica así: “creo que cada uno tiene su manera de estudiar, sus métodos, y lo que le sirve a uno capaz al otro no. Yo por ejemplo, no puedo estudiar sin resúmenes, me gusta mucho escribir y esto me ayuda a incorporar conocimiento, Me gusta usar colores y ser prolija. Pero tengo muchos compañeros que directamente estudian desde el celular, sin siquiera imprimen los textos, y a ellos les sirve”. ¿Será “estudiar” eso que hacen les compañeres de Johanna “directamente del celular, sin siquiera imprimir los textos”? ¿Será “estudiar” eso que hace Johanna cuando “hace resúmenes, escribe, usa colores”? Cuando Johanna dice que a sus compañeres “les sirve”, ¿para qué “les sirve”? ¿Para aprobar un examen?

Al reflexionar sobre estas cuestiones y advertir que hay algo de ese “estudiar para” que se aleja de la práctica de un estudio que en lugar de tomar algo del mundo, prioriza el deseo de cuidarlo, de prestarle atención, incluso de amarlo, Johanna vuelve sobre la idea del disfrute y cierra: “para mí, el estudiar debería ser más placentero”.

 

* Johanna Pollach (Ig/ Johanna Pollach) tiene 28 años y estudia Veterinaria en la UBA. Trabaja en una veterinaria como enfermera haciendo guardias nocturnas dos veces a la semana y tiene un perro. Es vegetariana y además come comida kosher. Le apasiona mucho la acrobacia, por lo que le dedica muchas horas de entrenamiento semanal. También, le gustaría ser mamá en los próximos años.