martes, 18 de mayo de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Hacer viable lo inédito en un mundo de sensaciones, de amor (y pasión por el vínculo pedagógico), que pone en diálogo lo virtual y lo presencial, como praxis pedagógica en constante sintonía con otres”. Por Luisina Ferrante *

 

Mis aprendizajes más significativos fueron que sin amor no hay nada que pueda hacerse en un contexto de crisis y con tanta incertidumbre por delante. Y cuando me refiero al amor, quiero no sonar naif con la palabra en sí, sino transmitir la necesidad de sentir pasión y querer mucho la profesión docente que une ejerce todos los días y que la elige aún más después de este 2020. Amor al vínculo pedagógico que implica el aula y el proceso de enseñanza y aprendizaje, amor, respeto y compromiso por tus pares. En ese 2020 aprendí más el sentido de la contención, del trabajo colaborativo con otres, la importancia de la escucha y de parar la pelota para contextualizar e identificar qué es necesario y qué podemos hacer junto a quiénes. Si bien fue un año raro y difícil, fue también muy desafiante, porque no podíamos como educadores quedarnos sentados esperando que el tiempo pase, la demanda, la planificación, la necesidad del encuentro fue constante e inmediato. Mi sentipensamiento fue "lo inédito viable", tomado de Freire y de una compañera educadora de toda la vida. Hicimos viable lo inédito, y fuimos parte de un mundo de sensaciones pedagógicas, de subir y bajar, de emocionarnos y extrañar, y a la vez darnos cuenta que estábamos en el camino correcto, porque las retribuciones y los mensajes de fuerza entre colegas, en espacios de formación fueron muchos y me (nos) motivaron a seguir y ponerle el cuerpo a una situación muy compleja, que por momentos se puso muy cuesta arriba. Valoro mucho no haberme (nos) detenido en lo que sentíamos podíamos sumar y encontrar las herramientas para hacerlo en la práctica misma, en el prueba y error. No buscar el resultado perfecto, sino encontrar o generar los espacios desde la virtualidad que sean funcionales a un contexto donde no solo la educación estaba en crisis. En mi profesión como docente y en mi trabajo dentro de Wikimedia Argentina, fue aprender de un día para el otro, y seguir aprendiendo en el proceso, cómo organizar zooms con más de 500 personas, poder comunicar y acompañar en un proceso de muchas preguntas y casi ninguna solución salvadora. Fue una praxis pedagógica en constante sintonía con otres. No existió la herramienta o propuesta didáctica perfecta que nos haya salvado, sino que existieron los espacios de encuentros y formación urgentes y necesarios que nos permitieron a nosotres como docentes encontrar algunas respuestas para sostener la escolaridad en contexto de virtualidad total, y tener a mano voces y recursos que nos permitan ajustarlo de forma situada. También considero que muches nos animamos a ir más allá de lo establecido y poder encarar proyectos de trabajo y experiencias, que si no hubiesen surgido en este contexto, quizás todavía estaríamos esperando el momento ideal para hacerlo.

Creo que tener más conciencia sobre nuestro rol como productores y creadores de contenido en internet llegó para quedarse. El manejo abrupto de millones de aplicaciones para comunicarnos y generar recursos, si bien fue abrumador, también implicó un proceso necesario para todes de alfabetización digital, que no solo implicó el uso de la herramienta en sí, sino el uso crítico de las mismas, adentrarnos a debatir sobre protección de datos, leyes de copyright y seguridad en internet. Todas estas cuestiones estuvieron muy presentes en los espacios docentes que al menos yo habito, y permitieron profundizar debates y abrir otras experiencias de uso de materiales y recursos digitales, y desde mi perspectiva nos permitieron estar más activos en el espacio público que hoy en día implica internet: habitarlo más críticamente y pensarlo también desde una perspectiva pedagógica en nuestra práctica docente y con les estudiantes.

Si tengo que pensar en un contexto híbrido, reservaría los momentos presenciales para profundizar con mis estudiantes en el contenido que requiere mayor trabajo de análisis crítico, de debate y puesta en común de enfoques y perspectivas. También aprovecharía esos espacios para generar instancias colectivas y participativas de trabajo que permitan interactuar con les otres, que luego puedan sostenerse en las instancias virtuales. Establecería un diálogo entre lo presencial y lo virtual, para aprovechar en lo presencial actividades de expresión y contención entre pares. Más teniendo en cuenta si esta bimodalidad sería porque aún atravesamos una situación de pandemia o crisis sanitaria, que también demanda un acompañamiento emocional específico.

 

* Luisina Ferrante (@luli_ferrante) profesora de Historia (Facultad de Filosofía y Letras, UBA), Magister en Derechos Humanos y Políticas Sociales (CEDEHU, Universidad Nacional de San Martín). Tiene un Diploma en Educación y Nuevas Tecnologías (PENT-FLACSO) y es Doctoranda en Educación y Sociedad en la Universidad de Barcelona. Trabajó en Sitios de Memoria en las áreas específicas de educación y fue integrante del Equipo de Investigación y Relevamiento de la Dirección de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Ministerio de Defensa de la Nación, relevando especialmente documentación vinculada al desarrollo del conflicto bélico del Atlántico Sur. Es la Coordinadora del Programa de Educación y Derechos Humanos de Wikimedia Argentina y también es profesora de Historia en escuelas de jóvenes y adultos en la Ciudad de Buenos Aires. Ama jugar al fútbol, el rock nacional, los Beatles y River Plate!

martes, 4 de mayo de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Un puente de relatos, memoria colectiva y conversaciones (con lenguajes no infectados de poder) para levantarnos de las cenizas y reconstruir, en una experiencia de igualdad, el significado de la Educación”. Por Carlos Skliar *

 

Tengo la sensación que todo el lenguaje –y sus prácticas, y sus acciones, y sus efectos- se vieron conmovidos durante el 2020. Ciertas palabras recuperaron su sentido ético y ciertas otras se volvieron negligentes o meros escondites para explicar la incertidumbre y la excepcionalidad de un tiempo único. Palabras como “sostén”, “compañía”, “interdependencia”, entre otras, tuvieron un eco infinito y ciertas otras, como “trabajo”, “escuela”, “igualdad”, regresaron al mundo de lo superfluo. Noté que había que hacer una profunda distinción entre dar clases e ir a la escuela, entre la presencia y la presencialidad, entre la conectividad y la disponibilidad, entre la función y la forma de hacer escuelas. En medio de un océano de propuestas virtuales, volví a sentir la trascendencia de la conversación educativa, de dotar de sentido el presente doloroso y urgente. Valoré de un modo especial esa suerte de “fuerza docente” que consiste, siempre, en levantar las cenizas de las crisis sociales, económicas, culturales y reconstruir el significado de la educación.



Todo está tan precario que resulta complejo adivinar lo que ha pasado y lo que vendrá. La relación con la tecnología siempre debe ser de mutuo respeto y no de confianza ciega. Por un lado sentí que se abusó de algunos formatos audio-visuales, algo más que comprensible por la situación vivida, por otro lado creí firmemente en cierta “pobreza” de los recursos para dar paso a lo sustancial: acompañar a quienes naufragaron en la hipótesis de la conectividad, generar espacios de conversación, abrir los ojos a la filosofía, al arte, a los lenguajes no infectados de poder. No me preocupa tanto que ciertas tecnologías lleguen para quedarse, sino el discurso del “progreso” que aniquila lo anterior y hace estragos en la memoria colectiva.

Lo fundamental sería el preservar la presencialidad para construir un nuevo punto de partida de lo comunitario y público; esa experiencia de la igualdad y de lo múltiple que se ha visto deteriorada lógicamente por la pandemia. Encontrarse para construir un puente de relatos entre lo sucedido, lo extrañado, lo extraño, para recuperar esas sensaciones que se han perdido o no se han escuchado todavía.

 

* Carlos Skliar (@cskliar) es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de América Latina (IICSAL), FLACSO-CONICET y vice-presidente del PEN (Poetas, ensayistas, narradores), Argentina. Coordina los posgrados de Pedagogías de las diferencias, Entre cuerpos y miradas, y Escrituras: creatividad humana y comunicación.