martes, 12 de diciembre de 2023

Hasta el 2024!!! Felicidades!!!

 

En esta última entrada de este 2023, queremos saludar a todes les que nos leyeron durante este año, agradecerles por haberse enganchado con la propuesta y desearles que pasen unas felices fiestas y que empiecen el año nuevo de la mejor manera.

El año próximo, les volveremos a invitar a seguir (re)pensando nuestras prácticas con nuevas propuestas y nuevas ideas en este Blog que espera seguir siendo un espacio de encuentro e intercambio entre docentes y estudiantes.

Que el 2024 nos vuelva a encontrar reflexionando sobre los aprendizajes, sobre el estudio y sobre las prácticas educativas para seguir (trans)formándonos como docentes y estudiantes.

Felicidades les desea asifuimosapendiendo!!!


martes, 28 de noviembre de 2023

¿Cómo “estudia” Candela Corvalan? Concentración (y atención), contra las distracciones, para (poder) estudiar.

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo.

En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Candela Corvalan *.

Cuando Cande reflexiona sobre cómo (y dónde) estudia, nos cuenta que “mi espacio de estudio es mi habitación, sentada frente a mi escritorio hasta que mi espalda empieza a doler y me transporto a la cama. Para prepararme para la actividad me hago un té (en el que dejo el saquito dentro de la taza y cuando termino de tomarlo lo reutilizo y me hago un segundo té), cierro la ventana y la puerta para aislar ruidos y desactivo la red WiFi del celular de forma que las notificaciones no llegan. Los momentos de mayor concentración y facilidad para retener datos son durante la madrugada, cuando todos en la casa están durmiendo y dejan la casa sin movimiento alguno capaz de perturbarme”.

En las palabras anteriores se advierte la importancia que tiene la concentración (y la atención) en el “estudio” y la conciencia del efecto que tienen las “notificaciones” que llegan al celular (todo el tiempo), generando distracciones e impidiendo el estudio.


Insistiendo con la relevancia de la concentración (y la atención) en el “estudio” y de los efectos de las distracciones sobre el mismo, Cande agrega que: “soy propensa a distraerme con facilidad, la mayoría de las veces son por agentes externos, aunque también reconozco que mi mente es capaz de volar muy alto en momentos en los que no debería. La concentración es mi un punto débil junto con intentar dividir mi atención. Solamente puedo concentrarme en una cosa a la vez”.

Por los mismos motivos, Cande nos cuenta que no suele juntarse a estudiar con amigues ni estudia “en un Meet” (si es que una reunión “por Meet” puede considerarse un “espacio de estudio”) porque: “mis amigos son sinónimo de adrenalina, diversión y tiempo libre, por eso siempre que me invitan a estudiar con ellos termino rechazando la oferta. No puedo estudiar con tanta efectividad en un Meet de Google con ellos, que cuando estoy yo sola (excepto por la gata que duerme en mi cama a espaldas del escritorio)”.

Finalmente, Cande nos deja su propia concepción del “estudio” y nos cuenta que: “estudiar podría definirlo de varias maneras porque mi concepción de ella varía dependiendo de la materia, del momento en que la practique, del motivo por el cual estoy estudiando, la forma en que lo hago, con qué elementos y con quiénes. Cualquiera de estas variantes que sean, todas coinciden en que estudiar es la adquisición de conocimiento”.

 

* Candela Corvalan es la más grande de su grupo de amigos y a la vez la más petisa. Tiene 18 años y va a la Escuela Agropecuaria de la UBA. Cuando tenía 8 años dijo que quería ser “doctora de animales”, pero desde hace un par de años se visualiza siendo ingeniera agrónoma, estando casada, teniendo una bibliotequita llena de libros en el living de su casa y criando 2 gatos. Sus amigos le dicen que llegaría a la fama si se hiciera un canal de YouTube, sostienen firmemente que con su gracia y sentido del humor entretendría con facilidad a los visualizadores. Posiblemente algún día les cumpla el deseo si es que encuentra el tiempo y las herramientas adecuadas para hacerlo. En cuanto a crecimiento personal está tratando de mejorar sus habilidades sociales. Es por esto que a continuación les deja su Instagram por si le quieren escribir, seguir o al menos conocer su cara: @cande.corva.

martes, 31 de octubre de 2023

¿Cómo “estudia” More Jaramillo? Evitar las distracciones y poner atención para estudiar (sea eso lo que sea) y aprender, a través del estudio.

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Morena Jaramillo *.

Cuando More reflexiona sobre cómo estudia, empieza por traer las ideas de “orden” y “tranquilidad” como requisitos para el estudio y nos cuenta que “para concentrarme, necesito que mi espacio (principalmente mi habitación) esté ordenado. Esto es esencial para mí cuando estudio; no puedo concentrarme en un entorno que no me transmita tranquilidad. Por lo tanto, siempre comienzo con la tarea de organizar mi habitación. Curiosamente, esta actividad inicial a veces hace que me cueste más ponerme a estudiar. Después de organizar mi espacio (y, por ende, mi mente), suelo recurrir a las notas en mi teléfono, donde tengo registradas las tareas que debo realizar durante la semana o el mes para la escuela. Comienzo por aquellas que me resultan más interesantes, que suelen ser las actividades más cortas y que sé que puedo completar rápidamente”. More diferencia, rápidamente, el estudio “para” (para un examen, para una “prueba”, para una evaluación, para “la Escuela”, etc…) de otros “estudios” que no tienen un “para” tan claro, tal reglado, tan cronometrado, tan “funcional” y, en este sentido, continúa y trae la idea de “resumen”: “cuando tengo que estudiar para un examen, generalmente tomo mi computadora y abro mi documento con las notas que tomé en clase y el material proporcionado por el profesor en la plataforma. Luego, completo mis notas con la información del documento o presentación del profesor. Una vez que he revisado toda la información, estas notas se convierten en mi resumen de estudio. Creo que aprendo y retengo mejor la información cuando la organizo y la elaboro en lugar de simplemente memorizarla. Por eso, dedico tiempo y esfuerzo a crear mi resumen. Me gusta saber que tengo toda la información esencial registrada en mi propio documento, incluso si no lo utilizo exclusivamente para estudiar. También suelo crear un resumen más conciso a partir de mi resumen principal, y de ahí elaboro tarjetas de memoria para retener la información crucial”. Sin embargo, a medida que avanza en su reflexión, la memorización cobra una importancia mayor (tal vez por ese “para” un examen) y parece ganarle terreno al aprendizaje, a la comprensión y, por supuesto a lo que algunes llamamos “el estudio”. Tan así es que, “luego” de la lectura, el “estudio”, la escritura, la confección de sus “resúmenes”, “llega” una “etapa” de “memorización” a la que More ubica “después” (¿separada?) y llama “el momento de estudiar”: “una vez que llega el momento de estudiar, ya tengo muchas cosas en mi mente gracias a la elaboración de mi resumen. También utilizo una aplicación para crear tarjetas de memoria, donde una cara contiene una pregunta y la otra la respuesta. Esto me ayuda a repasar y retener la información clave. Además, utilizo un cuaderno donde, después de estudiar un tema, escribo todo lo que recuerdo y luego añado con otro color las cosas que olvidé. Aunque me gusta crear cuadros comparativos, rara vez logro memorizarlos completamente”.

Independientemente del “para qué” del estudio, More reflexiona sobre algo que ya surgió en otras entradas de este año y que tiene que ver con la atención y con la distracción. Simone Weil sostiene que “lo central de la educación es cultivar la atención” y en estos tiempos de hiperconectividad y de dispositivos que ya no sólo “captan” (eficientemente) nuestra atención sino que lo hacen todo el tiempo, More nos cuenta sus “técnicas” para resistir a estas “tentaciones”: “sentarme a estudiar suele ser difícil debido a las distracciones, especialmente el celular. Por eso, a veces me entretiene grabarme estudiando en un video en cámara rápida. De esta manera, evito usar el celular durante la sesión de estudio. También establezco límites de tiempo: estudio durante 45 minutos seguidos y luego descanso durante 15 minutos, repitiendo este ciclo según lo que pueda aguantar. Esta técnica no es perfecta y a veces me aburro de seguirla, pero me ayuda en cierta medida. Además, dejo el celular lejos de mí cuando estudio, aunque a veces lo necesito para la lectura, lo cual es complicado ya que es fácil distraerse con Instagram o mensajes”. Siguiendo con su reflexión, More vuelve sobre la necesidad de cierta “tranquilidad” para el estudio y piensa en los momentos del día y los lugares en los que suele estudiar: “para aprender completamente un tema, necesito silencio y tranquilidad, y puedo estudiar en cualquier momento del día. Por la mañana, me siento productiva y disfruto de la calma. La tarde, con su luz suave, me relaja para el estudio, contribuyendo a mi ‘paz mental’. Por la noche, me siento mucho más rápida y efectiva. A veces estudio justo antes de dormir y, al despertar, verifico si aún recuerdo la información. También me gusta hacer una lista de temas del examen en papel y tacharlos a medida que los aprendo. Me encanta variar mi ubicación de estudio, ya sea en una cafetería o en una biblioteca, para evitar que el estudio se vuelva monótono. Estudiar en diferentes lugares me inspira y me permite mantener la concentración, incluso cuando ya no tengo muchas ganas de seguir estudiando. Los cafés son atractivos porque puedo disfrutar de algo para comer mientras repaso. Las bibliotecas son muy silenciosas y siento una mayor responsabilidad para concentrarme, lo que reduce las distracciones”.

Más allá de la relevancia del “para qué” del estudio (si es que tiene un “para qué”) o, justamente, cuando sale del “para” un examen, More trae otras cuestiones que hacen al “estudio” y aparecen la comprensión, la dedicación (y el tiempo dedicado), la lectura, la práctica, la continuidad (del proceso contra la inmediatez), la rutina (o los rituales), los métodos, las demandas, las obligaciones y, otra vez (contra las distracciones), la atención! En este sentido, nos cuenta que: “cuando comencé a estudiar de verdad, entendí que estudiar no se trata simplemente de memorizar información, sino de comprender, dedicar tiempo a la lectura, la práctica y muchas otras actividades relacionadas con el proceso de estudio. Siento que la palabra ‘estudiar’ lleva implícita una connotación de duración. No es una acción inmediata (o al menos no lo es para mí). Suena más como un proceso continuo o un estado. Puede parecer una acción sencilla: tomar material de estudio y ‘estudiarlo’, pero para mí implica dedicación y tiempo, una rutina, y el uso de los mejores métodos para hacerlo eficazmente. Para mí, estudiar implica ciertas demandas y obligaciones. No importa si estamos estudiando por interés propio, porque el tema nos intriga o simplemente para adquirir más conocimiento; estudiar nos obliga a sentarnos y dedicar tiempo, a evitar distracciones y a encontrar un espacio en nuestro día para hacerlo”. ¿Qué quiere decir More cuando dice “estudiar de verdad”? ¿Será ese ejercicio de lectura, escritura, pensamiento, (conversación), re-lectura, re-escritura, re-pensamiento, que requiere tiempo, dedicación, atención y esfuerzo, sin un “para qué”? ¿Qué sería “estudiar de mentira”? ¿Será memorizar ideas, rápido y eficientemente, “para” un examen?

A la hora de pensar en esto de “estudiar”, More reflexiona sobre los términos “estudiar”, “aprender” y “aprobar” y “ubica” entre ellos y, de algún modo relacionándolos, a la “comprensión”: “es evidente que la forma de estudiar varía según la persona. Para mí, ‘estudiar’ implica hacer todo lo necesario para comprender el tema que estamos abordando. Esto incluye resumir, leer el material, buscar información y prepararse para un examen, un trabajo o cualquier motivo por el cual estemos estudiando. Mi enfoque al ‘estudiar’ se centra en aprobar y aprender, y me resulta difícil separar la idea de que estudiar y aprender no son lo mismo, al igual que estudiar y aprobar, ya que ninguno garantiza el otro. Estudiar es el proceso estructurado mediante el cual adquirimos conocimientos; implica leer, resumir, repetir y realizar actividades similares. Aprender sería más la asimilación de ese conocimiento adquirido a través del estudio. Aprobar, en términos académicos, se refiere a superar un examen y demostrar al profesor, maestro o evaluador que comprendemos el tema (ya sea que hayamos estudiado o aprendido, la línea entre ambos es tenue). En mi opinión, ‘estudiar’ abarca ambos aspectos. Estudio para aprender, pero también en gran medida para aprobar. Sin embargo, creo que mi objetivo principal al estudiar es comprender, de cualquier manera posible. Cuanto mejor comprendo un tema, más lo aprendo, y cuanto más sé, más posibilidades tengo de aprobarlo; y todo eso, para mí, es estudiar”. Es interesante que, en medio de esta interesante reflexión, More piense en un “aprender” (que ella define como “asimilación de conocimientos adquiridos”) pero lo piense (a diferencia de otros muchos aprendizajes no escolares) como un aprender conocimientos adquiridos “a través del estudio”. En esta misma línea, Fernando Bárcena escribió que “quizás el objetivo de la Escuela no es que los chicos aprendan, sino que los chicos estudien y aprendan a través del estudio, que es un modo de relación con el mundo, que se coloca a distancia para tratar de estudiarlo con atención”.

Finalmente, More nos resume su propia “forma” de estudiar: “mi enfoque de estudio involucra una combinación de organización meticulosa, resúmenes detallados, tarjetas de memoria, explicación a otros, límites de tiempo y cambios de ubicación. Cada técnica tiene su propósito y contribuye a mi proceso de aprendizaje único, permitiéndome comprender y retener la información de manera efectiva. A pesar de los desafíos y las distracciones, estas estrategias me ayudan a sentirme satisfecha con mi proceso de estudio”.

 

* Morena Aluhe Jaramillo es estudiante de quinto año en la Escuela Agropecuaria de la UBA. Aunque tiene una cuenta de Instagram, no comparte detalles de su vida en ella. Disfruta de la lectura, a pesar de que a veces le resulta difícil encontrar tiempo para ello. Ama volver del colegio escuchando música, aunque tiende a escuchar las mismas canciones con regularidad. A pesar de la rutina monótona de la escuela, siempre reserva tiempo para su clase semanal de cerámica, una actividad que le encanta. Aunque aún no ha decidido definitivamente su carrera universitaria, jura que está en eso.

martes, 26 de septiembre de 2023

¿Cómo “estudia” Cande? Noches de estudio, “haciendo” de profesor, con pizarrones de corcho y espejos, en busca de un sueño.

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso, la reflexión que traemos es a partir del relato que, gentilmente, escribió Candela Vassilion *.

Cuando Cande reflexiona sobre cómo estudia le asigna un valor importante al espacio donde estudiar y a la tranquilidad que se necesita para ello y nos cuenta que “como vivo con mi familia, y comparto cuarto, la mayoría de las veces estudio por la noche, ya que es el momento en donde más tranquilidad hay en mi casa. Esto casi siempre sabiendo que al otro día curso por la tarde o que directamente no curso. Aquellos días que voy al turno mañana, trato de aprovechar la tarde, pero casi siempre no pasa”. En esta misma línea agrega que “suelo siempre tener a mano algo para tomar, comer no tanto porque me distrae y cuando mi hermana está más callada, me gusta pedirle que mientras estoy tomando apuntes o resumiendo, me cebe mate o tereré”. Como en las reflexiones de otres estudiantes, aparecen aquí la necesidad de evitar la distracción y la posibilidad de una compañía “silenciosa” que comparte el espacio (y el mate o el tereré) pero no el estudio.

A la hora de pensar en el lugar de estudio y las “materialidades” que lo habitan, Cande nos deja una reflexión que, a pesar de pensar un estudio “para” (el examen), muestra la relevancia de esos artefactos, como la “plancha de corcho”, y nos recuerda la importancia de reflexionar sobre lo que permiten, lo que dificultan, lo que habilitan o lo que promueven los diferentes objetos que nos rodean al estudiar: “Delante de mi escritorio, tengo una plancha de corcho, no muy grande, pero que es esencial para mí, ya que cuando veo que hay un tema que me cuesta más que otros o veo que son importantes para el parcial/final, hago esquemas o carteles de gran tamaño y los coloco ahí. Entonces siempre que miro hacia la plancha, estoy constantemente viendo y recordando”. Esa “plancha de corcho” (y los sentidos que parece tener para Cande), se asemeja al pizarrón (sobre el cual Cande volverá después) que, como reflexiona Inés Dussel, “se convirtió, en poco tiempo, en una tecnología central de las aulas escolares” ya que era “una superficie de trabajo colectivo, un organizador de la atención y un objeto que permitía poner en movimiento a los cuerpos (pasar al frente, volver al pupitre) y combinaba las funciones de trabajo y estudio”.

Más allá de que algunas prácticas de estudio parecen más “orientadas” a recordar datos para exámenes (a un “me sirve”/”no me sirve”) que a, efectiva o simplemente, estudiar, Cande nos cuenta de otra de sus “maneras” de estudiar que también nos da pistas para pensar sobre el estudio (y, tal vez, sobre el oficio de profesor): “Algo que vi que me sirve un montón, que seguro muchos lo hacen, es hacer de profesor, pararme en medio de la pieza y empezar a hablar en voz alta. También me encanta usar mi espejo como pizarrón, esto lo vi en una compañera y ahora lo hago siempre”. ¿Por qué será que muches estudiantes, cuando “estudian” juegan a “hacer de profesores”? ¿Por qué cuando juegan a “hacer de profesores” les “imitan” en su tarea más expositiva? ¿No será, tal vez, que “hacer de profesores” podría ser, también, “imitarles” en eso de leer, escribir y “estudiar” antes de ir a la clase?

Finalmente, Cande nos deja su propia concepción sobre esto de “estudiar”, en la que, como muches otres que nos ayudaron a reflexionar sobre esto, insiste en que hay algo de particular en el modo en cada une estudia y de la dificultad de pensar en el estudio o en los modos de estudiar como algo homogéneo: “para mi estudiar es la capacidad de ir adquiriendo conocimiento, y éste a su vez nos brinda poder, necesario para ir abriendo puertas hacia diferentes oportunidades. Estudiar es poder, pero no siempre se tiene la posibilidad de hacerlo crecer, ya sea por el contexto social, económico y cultural de cada uno de nosotros. Por eso el cómo estudiamos es una pregunta que abarca millones de respuestas posibles, y ninguna es incorrecta. Todos vamos a diferentes ritmos, uno da pequeños pasos, cuando capaz el otro dio miles de pasos. Siempre hay que tener en cuenta que no todos somos iguales. Por eso el hecho de compararse no nos lleva a nada. Lo único que tenemos que pensar es que todos, no importa que tan rápido o lento vayamos, estamos siguiendo nuestros sueños”.

 

* Candela Vassilion (Facebook.com/candu vassilion) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, tiene dos perros, uno diabetico y otro petizo. Ama escuchar música de Harry Styles, ama la comida dulce y es de Hufflepuff. En un futuro espera convertirse en veterinaria y tener un hospital como el del Dr. Jeff Young.

 

martes, 29 de agosto de 2023

¿Cómo “estudia” Julieta? La computadora y un escritorio con el estudio desparramándo(se).

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Julieta Lara *.

Cuando reflexiona sobre cómo estudia, Julieta nos cuenta que “actualmente estudio en el escritorio de mi hermano, me gusta mucho porque es bastante amplio y me permite tener todos los apuntes, libros y lapiceras desparramadas, facilitándome encontrar lo que necesito usar en el momento.”. Julieta rescata la importancia de tener un espacio amplio donde disponer lo necesario para estudiar. Fernando Bárcena se ha interesado en el “estudio” como espacio en su absoluta materialidad (esa materialidad que requiere un “lugar” donde desparramar-se), porque considera que solamente en un espacio así es posible mantener la quietud, la soledad, el silencio, y la repetición de gestos que toda buena lectura y escritura parecen demandar.

 


Si bien el estudio es una experiencia que (nos) acontece y en la que es difícil predecir “lo que va a pasar”, los “momentos de estudio” se planifican, se organizan y (a veces) se disfrutan y, en ese sentido, Julieta dice que: “para mí el estudio conforma gran parte de mi vida, es una actividad que disfruto muchísimo de hacer y considero que implica mucha investigación, ver de dónde me gusta leer sobre el tema, con quien intercambiar conocimientos, cuántas horas le dedico, y todo eso implica un cierto grado de prueba y error”. Sin embargo, el estudio también implica dificultad, tropiezos y, a veces, frustración: “al principio frustran mucho los errores, hasta que encuentro una forma en la que disfruto estudiar cada tema”.

En las palabras anteriores se advierte que, más allá de los “tropiezos” o de la dificultad que la actividad de estudiar puede implicar, hay (o debería haber) cierto disfrute en la misma. Si como escribió José Luis Pardo, “la intimidad sólo es necesaria para disfrutar la vida”, ¿será que el estudio (o el disfrutar del estudio) también implica cierta intimidad?

Al relatar una “experiencia de estudio” que le resultó significativa, Julieta recuerda que: “el último final que prepare, lo hice en conjunto con una amiga, empezamos leyendo el libro recomendado por la cátedra desde cero y los apuntes o papers que proporcionaban, nos llevó bastante tiempo teniendo en cuenta que veníamos de las vacaciones y no estábamos muy motivadas que digamos, pero lo hicimos a nuestros tiempos sin apurarnos, empezamos de a poquito y fuimos aumentando las horas diarias que le dedicábamos al estudio. Después de haber terminado de leer todo lo teórico, me instalé en su casa unas semanas y empezamos a repasar todo el contenido de la materia. Nos despertábamos tipo siete de la mañana y hablábamos de los diferentes temas hasta aproximadamente las doce del mediodía, y luego retomábamos a las cuatro de la tarde hasta la noche. Me gustó mucho porque intercambiábamos conocimientos, ella me explicaba los temas que se sabía mejor, y viceversa. En su momento ambas sentíamos que no sabíamos nada, yo asumo que porque fue una forma muy diferente de estudio a la que veníamos utilizando anteriormente, pero en retrospectiva, me encantó la experiencia y me sirvió mucho como método de estudio”.

Volviendo a la escena de estudio y a los objetos que se encuentran en ella, Julieta “trae” dos cuestiones que seguramente puedan suscitar cierta discusión o controversia, como son la presencia de la computadora (y su uso, a veces, “omnipresente”) y el “multitasking” o la (casi) necesidad, en su caso, de hacer “otra cosa” mientras estudia: “los objetos que me acompañan en el estudio son siempre mi compu, y mis fibrones.  La compu, la verdad que la uso para todo, casi siempre tengo los libros en digital y los leo y subrayo de ahí, también la uso para poner música o algún stream de fondo, ya que me cuesta mucho concentrarme en una única actividad, por lo que siempre tengo que estar haciendo simultáneamente otra cosa, ya sea cantar, bailar, ver algún video o mimar a mi perro”.

¿Se puede estar estudiando y estar “haciendo otra cosa” al mismo tiempo? ¿Se puede estudiar “de la computadora”? Algo es seguro: muches estudiantes pasan horas frente a la computadora, leen en ella, buscan información en ella, utilizan materiales digitales en ella, etc… Inés Dussel plantea, sobre la relación entre les estudiantes y los objetos de estudio, que “el uso continuado de medios digitales está transformando esa relación, tanto porque se rompe una idea de canon centralizado, como porque los espacios, tiempos y acciones que implica el estudio entre pantallas organiza un vínculo diferente con los textos” y agrega que “la materialidad del libro impone una lógica de trabajo a través de las acciones de hojear, relacionar sus elementos, tomar conciencia de la presencia de un hilo conductor mediante el índice (aunque no se lea todo), cotejar los vínculos con otros aspectos no incluidos en la consigna inicial que se haya dado en clase para la elaboración de la tarea, y en su comprensión y traducción por parte del alumno”. ¿Será que “estudiar”, lo que se dice “estudiar”, se estudia sólo “de” los libros? ¿Será que se estudia “con” la computadora (haciendo otras cosas) pero “de” los libros?

 

* Julieta Lara (Instagram @juli_.lara) es estudiante en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, le dedica la mayoría de las horas diarias a la facultad y a su hija perruna, en su poco tiempo libre juega jueguitos y mira anime. Si fuera posible viviría a base de chocolate.

 

martes, 27 de junio de 2023

¿Cómo “estudia” Agus? Un estudio como crecimiento personal que asombra.

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Agustina Di Sario *.

Cuando reflexiona sobre cómo estudia, Agus diferencia dos “momentos”: uno de lectura (¿y estudio?), más en soledad, y otro de “repaso” (“para” responder preguntas de exámenes), conversando y discutiendo (¿lo estudiado?) con otres: “mi manera de estudiar varía con el tiempo y conmigo, sin embargo hoy en día prefiero estudiar en las mañanas, ya que encuentro el entorno más tranquilo y mi concentración al máximo, con un café, que no me puede faltar. Aunque suelo estudiar sola en mi escritorio o en la biblioteca de la facultad, a la hora de repasar, especialmente para los finales (en cuya mayoría son orales) prefiero encontrar un compañero de estudio con quien charlar y discutir”.

Siguiendo con la reflexión sobre sus “maneras” de estudiar, Agus se da cuenta que el estudio (la) sorprende, (la) asombra y (le) da ganas de compartir con otres eso que (se) está estudiando: “lo que hago al estudiar es leer e intentar entender, pero no en el sentido de entender las palabras en sí, sino formar conceptos que pueda utilizar e informarme acerca de aquellos temas que más me interesaron y hasta a veces compartirlos con el resto. Me suelo asombrar de lo que aprendo y me da ganas de compartirlo”.

Como otres de les estudiantes que nos compartieron sus ideas en esta “sección”, Agus considera que estudiar “es un concepto versátil que cambia con uno mismo, con el tiempo, y con la materia a estudiar; ya que uno no solo estudia para la escuela o para la universidad sino también para aquellas cosas que uno desea realizar”. Más allá de esto, Agus nos deja su propia sensación sobre “esto de estudiar” cuando nos cuenta que “estudiar no es (solamente) sentarse a aprender un resumen de memoria, sino que es parte de crecer como persona. Además no solo incluye leer los libros del tema a estudiar sino también, entenderlos, ampliar sobre éstos, buscar más información acerca del tema, charlar sobre el tema con otros, incluye discutir y también repensar”. En las palabras anteriores se advierte que, para Agus, “estudiar” tiene que ver (también) con algo más relacionado con la “formación” y con el “crecimiento” como personas. Como refiere Jorge Larrosa al reflexionar sobre este tema, Robert Mc Clintok afirmaba que el concepto educativo fundamental es el estudio (y no la enseñanza ni el aprendizaje) y añadía que “el estudio no tiene que ver con adquirir conocimientos o competencias, o, en general, con el logro de aprendizajes, sino con la formación del sujeto y con las transformación de su relación con el mundo, es decir, con hacerla más atenta, cuidadosa, densa y profunda. ¿Será que cuando Agus habla de crecer como personas y de repensar sobre lo que se está estudiando se está refiriendo, justamente, a esa nueva (más atenta, más cuidadosa, más densa y más profunda) relación con el mundo?

Volviendo a la escena de estudio, Agus la detalla: “a la hora de estudiar solía utilizar un cuaderno y lapiceras o fibrones, pero hoy en día utilizo una computadora, en la cual abro archivos a leer, el temario, googleo términos que no entiendo, escribo archivos o realizó tareas y a su vez una tablet, donde escribo y leo. Esta herramienta me permitió tener varios libros a la vez para una sola la materia (además de poder verlos al mismo tiempo y comparar), lo que encuentro muy útil a la hora de estudiar”. Si bien el párrafo anterior ubica a la computadora (y a los libros en formato digital) en un lugar central de esa escena (algo que ya discutimos en otras entradas y que seguiremos poniendo en tensión), antes de terminar y en línea con Fernando Bárcena, que dijo que “la operación de escribir en cuadernos como la de leer en papel, y no en formato electrónico, es una operación de resistencia en un mundo hipertecnologizado”, Agus cierra así: “para mí es esencial tener un cuaderno (chico para llevar conmigo) para anotar preguntas que se me van ocurriendo para releerlas luego”. Esta idea del “cuaderno de notas” es una idea muy trabajada por Jorge Larrosa que dice que “si el libro es el material de lectura, el cuaderno es el material de escritura” y que “estudiar es leer anotando o, de otra manera, la nota de lectura, la notatio, es una de las modalidades de escritura propias del estudiante” y valora particularmente que los cuadernos, como dice Agus, “se llevan encima”, van y vienen en las mochila de les estudiantes. De ese modo, sugiere Jorge, “los cuadernos trascienden el tiempo y el espacio del aula” y tienen algo de instantáneo (en un tiempo y un lugar) pero, también, algo del orden de la rememoración, de la repetición y de la reflexión. Esa misma reflexión a la que refiere Agus cuando dice que “luego” re-lee lo que anotó en su cuaderno “de estudio”.

  

* Agustina Di Sario es estudiante de veterinaria en la UBA, le apasionan los animales, su carrera y la ciencia. Es vegetariana y le encanta aprender cómo funciona "todo". Le gusta ayudar en todo lo que pueda y tiene un perro llamado Baloo, al cual ama con todo su corazón. A veces no sabe cuando callarse y le encanta conocer gente nueva.

 

martes, 30 de mayo de 2023

¿Cómo “estudia” Giuliana? Tomar(se) el tiempo de (aprender a) estudiar.

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este entrada la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Giuliana D'Apice *.

Cuando Giuliana reflexiona sobre cómo estudia nos cuenta que “antes de estudiar acomodo el escritorio y saco todos los materiales que necesito: computadora, carpeta, cuadernos y hojas sueltas con apuntes de la materia. Me siento en el escritorio, pongo algo en la tele y empiezo a completar los apuntes o directamente empiezo un resumen en una hoja aparte. Cuándo me aburro de estar sentada me acuesto en el piso a terminarlos o voy a una mesa ratona que esta frente al sillón para que mi vieja me convide unos mates mientras escribo”. En las palabras anteriores se advierte que estudiar requiere de cierta materialidad, sobre la que ya hablamos en otras entradas. Al respecto, Fernando Bárcena escribió que “se necesitan condiciones materiales: un lugar para estudiar, unos libros para leer, ciertos cuadernos donde escribir; pero también condiciones temporales: disponer de un tiempo liberado de las exigencias del trabajo y la labor para poder emplear la vida en el estudio”.

Al reflexionar sobre su forma de estudiar, Giuliana aclara que, si bien considera que se puede estudiar de varias maneras, en el caso de ella no es una manera muy organizada y, si hubiera compañía, tal vez no esté haciendo lo mismo: “para mi estudiar es tomarte el tiempo para aprender algunos temas que ya conoces por lo menos de nombre. Se puede estudiar de manera organizada o no, yo suelo ir más por la segunda. A veces sirve distraerse con temas relacionados mientras estudias, por ejemplo ver videos, documentales o escuchar canciones de "Los Mitocondrios". También puede servir tener compañía sin la necesidad de que la persona esté haciendo lo mismo que vos”. Más allá de cuán organizada sea la tarea de estudiar para cada une, es evidente que repite ciertos rituales pero las distracciones amenazan con desviar la atención y con convertir esos rituales en rutinas, como sugiere Maximiliano Valerio López cuando dice que “es precisamente la atención la que hace la diferencia entre el ritual y la rutina. No existe estudio sin ritualidad pero la distracción y la impaciencia hacen de cualquier ritual una simple rutina, un gesto mecánico y vacío, destruyendo toda posibilidad de desarrollar una habilidad”.

Finalmente, y al reflexionar sobre sus modos de estudiar, Giuliana agrega que: “repensar el estudio me trajo muchos recuerdos de lo que fue estudiar para entrar a mi actual escuela. También me llevó a reflexionar sobre mis técnicas de estudio de los últimos años. Podemos estudiar de manera correcta e incorrecta, pero vamos aprendiendo de cada una de ellas”. ¿Qué sería estudiar “de manera correcta”? ¿Qué sería estudiar “de manera incorrecta”? ¿Qué aprendemos al estudiar? ¿Aprendemos “lo que” estamos estudiando y/o aprendemos “a” estudiar?

 

* Giuliana D'Apice (@Tanargenta) es estudiante preuniversitaria de la Escuela Agropecuaria de la UBA, la cual tiene un nombre innecesariamente largo. Es una persona proactiva que aprendió el significado de esta palabra hace un mes y la usa cada vez que puede. A pesar de ello, si el clima lo amerita, puede pasar horas acostada al sol partiendo de manera vertical hojas paralelinervadas. Próximamente: Técnica Agropecuaria.

  

martes, 25 de abril de 2023

¿Cómo “estudia” Juan Ignacio? Leer, escribir y hablar… “en la suya”.

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Juan Ignacio Rodriguez *.

Cuando Juan Ignacio reflexiona sobre cómo estudia, nos cuenta que “cuando me pongo a estudiar, en general me pongo a escribir, redactando los textos de la bibliografía adaptados a como yo los entiendo, una especie de resumen, pero sin resumir tanto realmente, sino de ordenar la información, habiéndola procesado”. Juan Ignacio rescata la importancia de la escritura asociada indisolublemente a la lectura y agrega la oralidad: “los verbos que mejor podrían definir mi forma de estudiar serían leer, escribir, hablar solo y pararme cada tanto cuando me aburro”. Las palabras anteriores (y la relación entre la lectura, la escritura y la conversación) recuerdan esa frase de Francis Bacon que dijo que “la lectura hace al hombre completo, la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso”.

Al pensar en la “escena” de estudio (y la posible compañía), Juan Ignacio plantea la posibilidad de que haya “alguien más” en esa escena pero con quien “no interactúa” (más allá de algún mate) en el momento del estudio: “Mayormente estudio en mi mesa del comedor, principalmente durante el mediodía o la tarde, a veces a la mañana cuando el trabajo me deja. Este proceso de estudio, lo hago solo, o a veces con alguna amiga/compañera, pero no interactuamos, sino que cada uno está en la suya, salvo para un mate”. Ese “cada uno está en la suya” habla de cierta “intimidad” de quien estudia con el libro, una soledad necesaria a la que se refirió Comenio cuando dijo que “el estudioso, separado de los demás, se sienta en soledad entregado a su afición mientras lee los libros, que abre sobre un atril cerca de él, y de ellos va tomando en su libreta lo mejor o en ellos hace anotaciones o señala al margen con un asterisco.

Más allá de esto, Juan Ignacio recuerda algunas experiencias en las que “estudió” acompañado (o “en grupo”) y advierte el valor que eso tuvo en la construcción de vínculos con otres, como esa vez que “me junté a estudiar por meet, con dos compañeras para un final y fue la primera vez que estudié en grupo. Básicamente, la dinámica consistía en hacernos preguntas acerca de los temas que iban surgiendo. Fue significativo por eso, y porque lo disfrute muchísimo, y fue un antes y un después en mi forma de estudiar. Fue significativo por el hecho de estudiar en sí, como también por los vínculos que forjé en esas jornadas de estudio”. En las palabras anteriores aparece un “para qué” de ese “estudio” que, en esa experiencia, fue “compartido” y ese “para qué” (para aprobar un examen final) tal vez desvíe la atención y haga que Juan Ignacio piense en otras de las muchas acepciones de la palabra “estudio”, una más ligada con la memorización de datos o, incluso, con la comprensión de conceptos “para” responder a preguntas, preguntas de sus compañeres de estudio o preguntas de les docentes que les evalúen después.

A la hora de reflexionar sobre “esto de estudiar”, Juan Ignacio nos deja su propia concepción: “para mí, estudiar es incorporar conocimiento, herramientas, técnicas y metodologías de un determinado tema” y, si bien considera que “en cierta forma siento que choca lo que muchas veces se espera que sea el hecho de estudiar, con lo que realmente es”, agrega que “nunca me sentí identificado con que estudiar sea solo leer y subrayar… no me sirve, me duermo”. ¿Qué sería lo que “se espera que sea” el estudio? ¿sería lo que “espera” quién “que sea” el estudio? y ¿qué es lo que el estudio “realmente es”?

En una carta que Petrarca le escribe a Giovanni Colonna (y que Fernando Bárcena cita cuando reflexiona sobre el estudio), el poeta italiano le dice al eclesiástico: “sólo en la soledad soy dueño de mí mismo y no en otra parte: en ella mi pluma es verdaderamente mía y no en otra parte”. ¿Será que el “estudio” (o cierto tipo de estudio) sólo puede hacerse en esa soledad en la que se ejercita la lectura, la escritura y el pensamiento?

 

* Juan Ignacio Rodriguez (@juanirrodirguez) es paseador y educador canino,  estudiante de veterinaria (UBA) y licenciatura en psicología (UBA), docente de la Diplomatura en Entrenamiento Canino (UMET) y ayudante de la cátedra de Fisica Biologica (FCV-UBA). Es un apasionado de los perros, del vínculo humano-animal, de la comida y de Messi.

martes, 28 de marzo de 2023

¿Cómo “estudia” Johanna? ¿Estudiar para rendir un examen o el placer de estudiar?

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso, la reflexión es a partir del relato que, gentilmente, escribió Johanna Pollach *.

Cuando Johanna reflexiona sobre cómo estudia plantea una diferencia entre un estudio “para rendir un examen” y un estudio “más placentero”. Respecto a la primera situación (“estudiar” para “rendir”), situación que dista mucho de la concepción de “estudio” de este Blog, Johanna nos cuenta que “estudiar significa incorporar conocimiento, asimilarlo, y aprenderlo pero significa también presión y estrés, ya que la mayoría de las veces cuando estudio es para rendir un examen parcial o final, por lo que no me lo tomo de una manera relajada”. En la segunda situación (ésa en la que el estudio no está asociado a los exámenes y a la certificación) aparecen la concentración, el interés, la relectura, el disfrute y cierta “relajación”: “varias veces leí libros de psicología o de animales. Al ser de mi particular interés, estaba muy concentrada y algunos textos los releí varias veces. Pero al no sentir la presión de la evaluación por parte de un profesor, lo disfrutaba mucho más, era mucho más desorganizado (sin cronograma, sin horarios) y relajado.

En las palabras anteriores se advierte, como sostiene Jorge Larrosa, que hay una cierta idea de estudio que “permite apartarse de la obsesión evaluativa” y que es la única desde la que puede sostenerse la concepción arendtiana de la educación como transmisión, comunización y renovación del mundo común (sobre la que ya escribimos varias veces en este Blog), así como la concepción rancieriana (otro clásico de este Blog) de la Escuela (de las instituciones educativas o de la propia Universidad) como separación de tiempos, espacios y actividades sociales.

Volviendo a la situación en la que el estudio parece ser eso que se hace antes de un examen (con un propósito puntual y discutible como tal), Johanna empieza por aclarar que “a la hora de estudiar lo primero que hago es hacerme un cronograma, en el cual me organizo y me pongo objetivos día a día según los temas a abordar” y nos cuenta cómo lo hace: “me gusta estudiar desde la mañana temprano, tomando un café porque me pone de buen humor, y más si es en una confitería, ya que en mi casa me cuesta mucho no distraerme. Una vez que estudio un tema yo sola, es decir, que leo el libro o escucho el seminario del campus, lo resumo, lo leo, y lo entiendo, me gusta juntarme con compañeros en la biblioteca de la facultad porque al hablarlo y repetirlo se me fija más el conocimiento, y si hay algún tema que no me quedo claro o me cuesta, es más fácil resolverlo entre varios”.


            Siguiendo en esa concepción de un “estudio para”, de un estudio que “sirva para”, de un estudio “con resultados”,
Johanna sostiene que no hay una sola manera de hacerlo y lo ejemplifica así: “creo que cada uno tiene su manera de estudiar, sus métodos, y lo que le sirve a uno capaz al otro no. Yo por ejemplo, no puedo estudiar sin resúmenes, me gusta mucho escribir y esto me ayuda a incorporar conocimiento, Me gusta usar colores y ser prolija. Pero tengo muchos compañeros que directamente estudian desde el celular, sin siquiera imprimen los textos, y a ellos les sirve”. ¿Será “estudiar” eso que hacen les compañeres de Johanna “directamente del celular, sin siquiera imprimir los textos”? ¿Será “estudiar” eso que hace Johanna cuando “hace resúmenes, escribe, usa colores”? Cuando Johanna dice que a sus compañeres “les sirve”, ¿para qué “les sirve”? ¿Para aprobar un examen?

Al reflexionar sobre estas cuestiones y advertir que hay algo de ese “estudiar para” que se aleja de la práctica de un estudio que en lugar de tomar algo del mundo, prioriza el deseo de cuidarlo, de prestarle atención, incluso de amarlo, Johanna vuelve sobre la idea del disfrute y cierra: “para mí, el estudiar debería ser más placentero”.

 

* Johanna Pollach (Ig/ Johanna Pollach) tiene 28 años y estudia Veterinaria en la UBA. Trabaja en una veterinaria como enfermera haciendo guardias nocturnas dos veces a la semana y tiene un perro. Es vegetariana y además come comida kosher. Le apasiona mucho la acrobacia, por lo que le dedica muchas horas de entrenamiento semanal. También, le gustaría ser mamá en los próximos años.