martes, 14 de noviembre de 2017

“Entre el arraigo y el éxodo, la filosofía de la Educación en nuestra América”, Carlos Cullen en el Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación.



Los días 10 al 13 de Octubre se llevó a cabo en Buenos Aires el Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación “Desafíos de la filosofía de la Educación en América Latina: memoria y prospectiva”, con los auspicios de la Facultad de Ciencias de la Educación (Universidad Nacional de Entre Ríos), la Facultad de Humanidades (Universidad Nacional de Salta), la Facultad de Ciencias Humanas (Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires) y Noveduc (Editorial Novedades Educativas).

A priori la idea del Congreso, las actividades propuestas y la presentación de conferencistas de la talla de Carlos Skliar, Fernando Bárcena o Carlos Cullen, nos permitían imaginar un escenario fértil para la (trans)formación individual y colectiva, sobre la que tanto insistimos desde este (intento de) espacio de comunicación.

El objetivo de esta entrada es, como adelantamos en la entrada anterior, contarles algunas de las muchas (y muy interesantes) reflexiones que dejó la conferencia de apertura (“Entre el arraigo y el éxodo, la filosofía de la Educación, en nuestra América”), a cargo del Dr. Carlos Cullen.

Ya en el inicio de la conferencia el Dr. Cullen nos adelanto que pretendía “poner en juego la tensión entre el arraigo y el éxodo como forma de resistir en una ética política de la Educación” pero, como advirtiéndonos de la posibilidad de alguna “repetición” o insistencia en sus ya conocidos posicionamientos, aclaró que más que “de ideas” iba a hablarnos “de obsesiones de hace muchos años” y que iba a utilizar el término “Nuestra América” (en lugar de “América Latina”) como una manera de incluir a l@s afrodescendientes.

Pensando el “arraigo” como el lugar “desde donde tenemos que partir” y el “éxodo” como el pasaje “de la esclavitud a la libertad, como ruptura de cadenas”, la tensión se resignifica entre un arraigo como “estar” (de pie, preparados para la marcha) y un éxodo como un “ser” (estar sentado, no moverse). En este sentido, según el filósofo, “el pensamiento hegemónico nos invita a ‘ser’ parte de una totalidad y a salir del ‘estar’ de la barbarie”. La conferencia fue una constante invitación a luchar contra el pensamiento único, como cuando el disertante recordó que le preguntaron a Noam Chomsky¿cuáles son las armas del imperio?” y el filósofo y politólogo estadounidense respondió “¿son las bélicas? Sí. ¿son las económicas? Sí. Pero sobre todo es el pensamiento único”. Según Cullen, “la resistencia a estos monopolios debe ser una de las banderas de la filosofía de la educación en nuestra América” y “la filosofía de la Educación hoy necesita pensar el camino de salida de la opresión y la esclavitud a la que nos somete el pensamiento único”. Entendiendo el arraigo como ese “estar”, que no es otra cosa que la condición humana, el desafío que plantea la tensión arraigo/éxodo, sería en vez de “ser sin estar”, “estar siendo”.

Avanzando en su presentación, Carlos Cullen retomo su resignificación de “Totalidad e Infinito” (de Emmanuel Lévinas) y nos invitó a pensar en “la opción entre la violencia y el reconocernos vulnerables (podemos ser tocados y heridos), el poder ser interpelado éticamente por el rostro del Otro en cuanto Otro”. A su conocida frase “Heme aquí, no me violentes”, le agregó “después conoceme, educame, reconoceme, enseñame, quereme pero, primero, no me violentes!

Retomando la idea de responsabilidad/respuesta, recordó que “para saber que puedo responder tengo que reconocer que alguien me llama, que alguien me toca, que el rostro del Otro nos interpela éticamente”. Poner en diálogo la lucha contra el pensamiento único con esta idea de responsabilidad/respuesta al llamado del Otro, implica “ser críticos a la totalidad que no admite ninguna exterioridad” y entender a la Educación como “exterioridad interpelante de la totalidad violenta que puede ser mi siempre mismidad de educación”.

Terminando su conferencia, Carlos Cullen nos instó a no dejar de hacer “un esfuerzo por conocer al Otro pero que no sea una excusa para violentar su alteridad”, recordándonos que “hay algo anterior a la diferencia, que es la alteridad, la Otredad”, que “una filosofía de la educación desde nuestra América debe evitar caer en los arraigos exagerados ni creer en los grandes discursos acuñados por la modernidad” y que, como educadores debemos sabernos “siempre interpelados, para una educación liberadora y emancipadora”.

martes, 7 de noviembre de 2017

Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación: una responsabilidad ético-política por el Otro.



Los días 10 al 13 de Octubre se llevó a cabo en Buenos Aires el Cuarto Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación “Desafíos de la filosofía de la Educación en América Latina: memoria y prospectiva”, con los auspicios de la Facultad de Ciencias de la Educación (Universidad Nacional de Entre Ríos), la Facultad de Humanidades (Universidad Nacional de Salta), la Facultad de Ciencias Humanas (Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires) y Noveduc (Editorial Novedades Educativas).

A priori la idea del Congreso, las actividades propuestas y la presentación de conferencistas de la talla de Carlos Skliar, Fernando Bárcena o Carlos Cullen, nos permitían imaginar un escenario fértil para la (trans)formación individual y colectiva, sobre la que tanto insistimos desde este (intento de) espacio de comunicación.

El objetivo de esta entrada es contarles algunas ideas (por supuesto sesgadas y recortadas según nuestros intereses, nuestra trayectoria y nuestros posicionamientos) sobre las que se reflexionó en (por razones obvias) sólo algunas de las muchas actividades (conferencias, mesas de trabajo, seminarios, talleres, actividades culturales) que ocurrían simultáneamente en varios espacios del Campus de la Universidad de San Martín (UNSAM) durante más de 10 horas cada día.

La presentación del Congreso estuvo a cargo de Renato Huarte Cuellar (presidente de ALFE) y Carlos Greco (Decano de la Escuela de Humanidades de UNSAM) quien dio la bienvenida en nombre de esta institución (del conurbano bonaerense) que está cumpliendo 25 años y tiene una matrícula de 22000 estudiantes, que incluye un 75% de “primea generación de universitari@s”.

Párrafo aparte merece el campus de la UNSAM: un hermoso lugar (limpio y cuidado) que presenta estructuras recicladas (que aún conserva en tornavías original de los talleres ferroviarios) combinadas con modernos edificios y laboratorios de investigación y hasta una carpa de circo. Cada vez que nos ha tocado ir, nos han tratado de maravilla y se respira un clima de alegría y respeto en toda la comunidad universitaria que se advierte no sólo en el cuidado del espacio sino también en los rostros de estudiantes y docentes que, sentados en el pasto, en los bancos, en las aulas, caminando por los pasillos o estudiando en la (moderna) biblioteca, llenan de Vida el lugar.

La conferencia de apertura (“Entre el arraigo y el éxodo, la filosofía de la Educación, en nuestra América”) estuvo a cargo del Dr. Carlos Cullen y dejó tantas reflexiones tan interesantes para (re)pensar(nos) y repensar nuestra práctica que serán presentadas en una próxima entrada.

Respecto a las presentaciones de las mesas de trabajo lo primero que aparece como reflexión es la alegría de saber que hay mucha gente haciendo (y pensando) muchas cosas. Por supuesto, algunas mejores y otras peores, algunas con mayor rigor científico y otras con menor rigor científico, algunas planteadas desde posicionamientos que un@ comparte más y otras planteadas desde posicionamientos que un@ comparte menos. Pero es grato saber que son much@s l@s docentes o los “actores” vinculad@s con el campo educativo que están reflexionando e investigando sobre su prácticas.

También es interesante romper un poco con esa lógica de docentes que nos juntamos en Congresos de Educación a reflexionar sobre “lo mal que está la Educación”. En la mayoría de los Congresos de las demás disciplinas se juntan para mostrar sus éxitos y sus logros y ni se les ocurriría presentar todas las experiencias que no resultaron como esperaban. Si bien no coincidimos con esa idea de pensar en la Educación como la causa y la solución (vaya paradoja) de todos los problemas de la sociedad y a pesar de ver con buenos ojos nuestra “clásica autocrítica docente”, celebramos que en estos encuentros también nos hagamos lugar para reflexionar sobre los supuestos que subyacen a nuestras prácticas.

Ahora sí, nos metemos con las reflexiones más interesantes o más “radiales”, en términos de haber sido abordadas en varios espacios desde diferentes lugares, indicando que son cuestiones centrales del debate actual en relación con la filosofía de la educación en nuestra América. La palabra más repetida a lo largo del Congreso no fue “Educación”, ni fue “aprendizajes”, ni fue “docente”, ni fue “filosofía”. La palabra más repetida fue: “Otro”. Desde este humilde espacio, que pretende semanalmente invitar a la reflexión, nos alegramos profundamente de este hecho para nada menor, ya que consideramos que todo lo que hace a nuestra práctica docente y, por ende, a los aprendizajes de nuestr@s estudiantes está determinado por una cierta manera de construir al Otro y de darle al Otro “un lugar”.

Dos ideas aparecieron, abordadas desde diferentes lugares, a lo largo de varias actividades, indicando que son cuestiones centrales del debate actual (al menos en el campo de la filosofía de la Educación): la dimensión ético-política de la tarea docente y la construcción del otro en tanto otro. Así fue como en una de las muchísimas “mesas de trabajo” Alex Cárdenas Guenel (de Chile) nos habló de “El diálogo como fundamento ético de la Educación” y Facundo Giuliano (de Argentina) nos presentó su trabajo “El totalitarismo de la razón evaluadora en Educación. Una introducción filosófico-educativa: por un desvío ético-político”. En el mismo, Facundo nos invitó, con claras referencias a Hanna Arendt, Carlos Cullen, Jacques Ranciere y Carlos Skliar, a pensar en un desvío que desnaturalice la “dualidad” educación/evaluación y a concebir la evaluación como “un acontecimiento que invite a la escucha y permita la aparición de otro original”. Algo parecido ocurrió en los talleres, como el taller “La pregunta: instrumento y posibilidad en la formación docente”, organizado por docentes y estudiantes del Instituto de Enseñanza Superior Alicia Moreau de Justo, en el que nos invitaron (con interesantes y muy preparadas actividades) a pensar las posibilidades del diálogo y los “usos” de las preguntas a partir de una hermenéutica ontológica Gadameriana. Así fue como pensamos en las “preguntas posibilitadoras y auténticas” (sin respuestas prefijadas que pueden dar lugar a conocimientos nuevos para los dialogantes) como “apertura de la Otredad” y en el diálogo “logrado” como un “espacio” en el que hay un conocimiento del Otro pero también un conocimiento de uno mismo.

El cierre del Congreso no podía haber sido mejor. El Viernes al mediodía arrancó con la conferencia de cierre “Preguntas y enseñanzas que vienen de antaño (elogio de una vida filosófica)”, a cargo de Fernando Bárcena y Carlos Skliar pero nos tenía preparada una sorpresa que nos conmovería a tod@s. Durante la conferencia Fernando y Carlos nos invitaron a pensar ¿qué preguntas antiguas aún podemos preguntar(nos)? y así fue como llegaron a tres líneas de preguntas que aún debieran orientar nuestras reflexiones en el campo de la filosofía de la Educación:

  • ¿Quién sostiene, de verdad, que sin Educación no hay sujeto? 
  • ¿Cómo y quién sostiene que educar significa salir al mundo (no al mercado) para allí, en esa travesía, aprender el difícil arte de vivir (no de ganarse la Vida)? 
  • ¿Qué figuras del profesor alimentan esta búsqueda?


Probablemente, como sugirió Carlos Skliar, somos “los que vamos al aula todos los días” los que sostenemos “esa” Educación  y la figura del “maestro” (del Educador) debería ser “una figura que recupera la alteridad (del maestro), la anterioridad (no de pasado ni de la herencia pero si de ese “hemos estado antes en el mundo”) y la conversación (como una conversación que se aleja del diálogo instrumental y se pregunta, de repente, ¿de qué estábamos hablando?)”. Pero como les adelantamos, nos aguardaba una hermosa sorpresa: Fernando y Carlos (nos) habían preparado un cierre de lujo que combinó música, literatura, poesía, lectura y canción y que provocó la emoción de tod@s l@s que allí estábamos confirmando ese la experiencia compartida y del acontecimiento que conmueve y del que nos salimos igual que como entramos porque nos afectó (desde los afectos) y nos transformó. Pero contarlo sería inútil y l@s invitamos a que lo vean (y lo disfruten) en este link.

Desde este Blog celebramos y celebraremos la reflexión sobre la práctica docente, sobre los aprendizajes y sobre la Educación y alentamos a docentes de todos los niveles educativos a que participen de todos los espacios de vínculo y comunicación posible. Estamos convencid@s del valor de este tipo de encuentros en los que podemos compartir experiencias, ideas y reflexiones, y enriquecer nuestros pensamientos (y nuestras acciones) con los aportes de colegas de diferentes lugares y variadas trayectorias. Sin embargo, y como reflexión última pero no final (de este texto), estamos igual de convencid@s del valor que también tiene la reflexión de cada docente en su práctica diaria, de cada equipo docente y de cada institución, puertas adentro, que sin necesidad de viajar cientos de kilómetros ni de participar de eventos de estas características será la base para fundamentar los cambios que nos conduzcan a una Educación más equitativa, a una práctica docente más innovadora que esté a la altura de los tiempos que nos tocan y a ser verdader@s facilitadores de aprendizajes cada vez más significativos en estudiantes cada vez más autónomos.

martes, 31 de octubre de 2017

La mediocracia educativa (Parte 3) La ficción de la Planificación Por Sergio Morado *



         Las secciones anteriores de esta trilogía (Primera Parte y Segunda Parte) estuvieron basadas principalmente en analizar críticamente lo que ocurre en gran parte de las aulas del sistema educativo del estilo más tradicional. Esta última parte intenta reflexionar sobre uno de los puntos de convergencia de las dos formas contrastantes de pensar y entender la docencia. Si bien difieren en los objetivos y en la mayoría de los recursos didácticos y pedagógicos que emplean, los docentes más tradicionalistas y los innovadores coinciden en la importancia de la planificación de sus clases.

         Es común observar en los docentes más conservadores, al menos en aquellos que encaran su rol con objetivos concretos, clases que consisten en un camino claramente demarcado y prácticamente inflexible. A lo largo de ese camino ellos guían y los estudiantes “siguen” sin alejarse, aparentemente, del recorrido propuesto. El espacio concedido a la libertad de reflexión sobre lo que se estudia en esa ruta es habitualmente limitado o reducido a un momento particular. En ese contexto, la planificación de la clase consiste en un tiempo prudencial ocupado por la voz del docente acompañada con los recursos didácticos elaborados por él mismo y un mínimo tiempo en el cual el estudiante puede resolver algunos problemas intentado aproximarse lo más posible a lo escuchado previamente, sin salirse en ningún momento del camino. Los problemas, a su vez, suelen estar planteados para que las conclusiones y reflexiones de los estudiantes no sean otras que las expresadas por el docente durante su desarrollo previo del tema del día.

         Los docentes más innovadores, por otro lado, procuran darle a sus estudiantes más libertad para que elaboren sus propios recursos didácticos, para que un mayor tiempo de la clase puedan discutir y reflexionar individualmente o en grupo y para que procuren integrar contenidos y luego exponerlos ellos mismos, escuchándose por ende un poco más su voz y menos la del docente. De cualquier forma, la clase no deja de tener una planificación y una estructura apenas más flexible que la del estilo tradicional. En algunos casos, incluso, el docente incurre en la práctica de desarrollar en el pizarrón lo que se hará durante la clase paso por paso con tiempos delimitados con precisión. El camino, entonces, si bien permite mayor posibilidad de discusión, no deja de ser propuesto y demarcado por el docente.

         De esta forma, con diferentes objetivos e intenciones, en ambos modelos el protagonista y líder es el docente. Es quien propone, quien marca el camino, quien guía y cede más o menos tiempo a los estudiantes para pensar o elaborar. Ninguno de los dos estilos plantea que sea el estudiante quien realmente decida qué camino seguir, escasamente le brinda la posibilidad de conocer la existencia de más de un camino y de escoger entre ellos. La planificación representa entonces una ficción en la cual lo que ocurre en el ámbito del aula es seguro, concreto y limitado en el tiempo. Esa ficción no permite que los estudiantes desarrollen las herramientas para enfrentar un mundo exterior cambiante e incierto en el cual gran parte de las decisiones que tomen y el o los caminos que construyan, así como los resultados que obtengan, serán su responsabilidad.

         La propuesta de este artículo, y de la trilogía en su totalidad, es intentar como docentes que la mayor parte de las decisiones sobre lo que sucede en el aula estén a cargo de los estudiantes. Sin duda es una tarea difícil ya que no estamos habituados a eso ni hemos tenido la preparación para llevarlo a cabo. La manera de aproximarnos a esa idea es dejar de elaborar planificaciones y estructuras tan rígidas y arriesgarnos a ir al aula dispuestos a que los estudiantes decidan qué y cómo se discutirá. Tenemos que dejar de lado la idea que la clase tiene contenidos y tiempos imprescindibles. Debemos animarnos a perder el control y enfrentar el temor a la incertidumbre. De esa forma el aula será más parecida al mundo real que a ese espacio ficticio en el cual todos, docentes y estudiantes, nos sentimos seguros.
        

* Sergio Morado (@SergioMorado1) es docente/investigador en la cátedra de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires. Es un ferviente apasionado de la música y la literatura, y un gran admirador del Emperador Napoleón.

martes, 24 de octubre de 2017

Un círculo sin fin hacia una sociedad de personas libres. (Entrevista a Inés Kasparas)



Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Inés Kasparas *.

En sus primeras reflexiones, Nechu nos invita a pensar el rol docente como el rol de alguien que se involucra, que acompaña, que transmite, que ayuda y que (fundamentalmente) inspira. En este sentido, espera que el docente sea simpático, accesible, paciente y tan apasionado que contagie su pasión.

  • Nechu, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mi “ser docente” es involucrarse con los estudiantes para hacerlos crecer de alguna manera, acompañándolos en el continuo descubrimiento de cosas nuevas. Es animarse a plantarse en una clase llena de individuos completamente distintos, y tomar el desafío de encontrar la manera de transmitir eficazmente el interés por algo. Es ayudar a cada alumno para que este logre conseguir las herramientas que quiere, necesita y merece. Es inspirar a los mismos para que se superen más allá de los contenidos de la materia.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de l@s estudiantes?
  • Me voy a enfocar en las características personales del docente, ya que estoy convencida de que todos los docentes tienen una excelente formación como para haber llegado a ocupar ese puesto (aún más en una universidad como la UBA). Antes que nada, me resulta importantísima la simpatía del docente, que no sea “malo”. Cuando yo como alumna veo al docente como alguien intimidante y poco accesible, lo más seguro es que no me acerque al mismo para evacuar mis dudas e inquietudes. Es así como termino sin entender ciertas cosas, o me limito tan solo a lo que está en la bibliografía. Además, a esto se le suma que muchas veces cuando leo la bibliografía no entiendo bien del todo la manera en que se explica cierto tema, dejando así “baches” en el contenido de la materia. También es importante la paciencia y la empatía del docente, las cuales para mi van de la mano. Empatía para comprender que no todos tenemos los mismo ritmos y tiempos disponibles para estudiar, y paciencia para saber explicarnos una y ooootra vez de distintas maneras cuando no logramos entender algo. Por último, para mí lo más importante es que el docente sea un apasionado de la enseñanza. No sirve de mucho cuando una persona se para en frente de la clase con una infinidad de conocimientos sobre la materia sin saber cómo transmitírnosla a nosotros. En cambio, es muy distinto cuando sentimos que el docente a cargo esta tan interesado en que aprendamos como lo estamos nosotros. Es por esto que disfruto plenamente del docente que sabe explicar de distintas maneras hasta el hartazgo un tema cuando no lo entendemos, el que genera debates entre nosotros, el que nos hace cuestionar los contenidos de la materia y lo que él dice y el que nos incita a ver el mundo de otra forma a través de la aplicación de los conocimientos vistos en clase.

A la hora de relatar los objetivos que se pone cuando comienza una cursada, Nechu cuenta cómo se modificó esto a lo largo de su carrera, qué espera hoy cada vez que inicia una cursada y cómo influyen l@s docentes que “le tocan” en la manera en que desarrolla, con sus compañer@s, las estrategias para cumplir sus objetivos.

  • ¿Cuáles son tus objetivos cuando comenzás una cursada?
  • Cuando empecé la carrera, mi primer objetivo era aprobar la cursada. Tal como el nombre “carrera” indica, nos queremos apurar para tratar de terminar lo antes posible, y más todavía cuando sabemos que nos quedan varios años por delante. Sin embargo, a medida que fui avanzando, empecé a tomar cada inicio de cursada como un desafío, como una oportunidad nueva para ponerme a prueba y superarme. Por momentos me siento como una nena de nuevo, que está jugando un juego muy difícil al que le querés ganar (aunque en realidad estoy como tratando de actualizarme a una versión de mí misma más nueva y piola). Y ni hablar de lo divertido que se vuelve cuando ese juego lo jugas en grupo, formando un equipo “en contra” de la materia a aprobar. Ahora, cuando empiezo una cursada, espero que al finalizar la misma yo haya crecido. Con crecer me refiero a renovar y ampliar mi percepción de la vida, descubriendo que ahora se nuevos conceptos que me hacen entender a su vez muchas otras cosas (básicamente, haber conseguido instalar la nueva actualización). A su vez, al rato de arrancar la cursada, nosotros los alumnos nos damos cuenta si el docente a cargo nos va a facilitar el aprendizaje o si nos lo va a complicar. Estos últimos son, en mi opinión, los que se nota que saben un montón, pero no logran encontrar una buena manera de transmitir todo ese conocimiento. Cuando nos toca este tipo de docente, no queda más opción que ponerle mucha más garra a la materia para aprobarla, y confiar en uno mismo y en la ayuda de los compañeros para lograr esto.

Cerrando la entrevista, Nechu vuelve sobre la importancia de la “actitud” del docente (y de la manera en que se vincula con sus estudiantes) y del trabajo en equipo, como una instancia de intercambio entre pares que no sólo mejora la relación entre l@s estudiantes sino que favorece enormemente los aprendizajes y sirve como una verdadera “red de contención”.

  • Si tuvieras que hacer una propuesta de cambio concreto que pudiera aumentar el compromiso y la participación tuya y de tus compañer@s, ¿ qué propondrías y por qué?
  • Primero, como dije antes, reconsiderar la postura formal que toman algunos docentes. La relación docente/alumno debería ir en ambos sentidos, donde el docente logre adoptar una actitud receptiva para escuchar a su clase, y no tan solo esperar que la clase lo escuche a él.  Además, también a veces esta bueno (dependiendo de la materia), impulsar el trabajo en equipo y el intercambio de ideas entre compañeros. De esta manera se logra mejorar la relación entre los alumnos, fortaleciendo vínculos que pueden brindar muchísima riqueza dentro y fuera de la clase. En mi caso particular, Veterinaria es una carrera muuuuuuy larga y (aunque arranque hace poco) por momentos nos podemos sentir ahogados y desanimados entre tanto contenido académico. Cuando se tiene un grupo de estudio con compañeros (los cuales son potenciales amigos) las materias se vuelven menos abrumadoras, y todos nos sentimos más acompañados ya que empujamos para el mismo lado. Se termina armando una “red de seguridad” donde nos ayudamos entre todos para poder seguir adelante..

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • La educación debería ser la impulsora y disparadora de nuestra conciencia. Una conciencia que esté en continuo crecimiento cada día y consiente del infinito tamaño que puede alcanzar. La educación debe ser la base para poder ver el mundo en el que vivimos con perspectiva, y debe llevarnos hacia las herramientas necesarias para  poder solucionar los problemas del día a día. Más importante aún, la educación no debe adoctrinarnos, sino nutrir nuestras individualidades para impulsarnos a crecer como seres pensantes. A su vez, nosotros como seres pensantes sentiremos la responsabilidad en carne propia de garantizar que todo aquel que nos rodea (o no) reciba la educación que se merece. Es así como debería formarse un círculo sin fin que dé como resultado una sociedad de personas libres. Libertad de poder elegir a conciencia entre un espectro amplio o hasta infinito de posibilidades. La educación debe ser la herramienta que nos permita mirar adentro de uno mismo, para así luego poder hallar nuestra vocación y la forma de contribuir para que todos puedan tener las mismas posibilidades que tuvimos nosotros y llevar a cabo su propia introspección.

* Inés Kasparas (@nechuka) es egresada de una secundaria más que chiquita, es estudiante de Veterinaria en la Universidad de Buenos Aires. Acostumbrada a ser Nechu en vez de Ine, disfruta de mirar el día a día con humor, leer libros que sabe que seguramente no va a terminar, dibujar por épocas y lograr concretar viajes que imaginó previamente mientras iba juntando peso a peso.