martes, 7 de septiembre de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “La escuela y la universidad como casa del estudio, donde profesores y estudiantes, dispuestos a conversar, se miran cara a cara en una experiencia de cuidado de un mundo que merece el arte de la atención”. Por Fernando Bárcena *

La primera expresión que se me viene a la mente es la de un retiro voluntario. Puede resultar paradójica la expresión, pues el confinamiento al que todos nos vimos sometidos, y también expuestos, no tuvo nada de “voluntario”: las condiciones de la pandemia nos “obligó” a dicho exilio. Y, sin embargo, tuvimos la oportunidad de “elegirlo” -otra cosa es que lo hiciésemos efectivo-, esto es, de relacionarnos con él, con ese confinamiento, y con nosotros mismos, en los términos de un tipo de soledad a la que no estamos acostumbrados (especialmente los más jóvenes) en el mundo actual: una clase de soledad estudiosa, una soledad meditativa y letrada. El aprendizaje, aquí, muy lejos de la condición que esta noción adquiere en el seno de nuestras sociedades contemporáneas, no tiene nada de “depredador”. Es un aprendizaje que es una experiencia de cuidado, de atención al mundo, más bien una entrega a lo que teníamos delante y que la pandemia obligó a mirar, para que lo contempláramos como una especie de abeja estudiosa, libando de flor en flor -de libro en libro-, para crear una miel que alimentase nuestro espíritu. Hubo, en relación con ese “cuidado”, también otra palabra, que es la que ahora habito: duelo.

Es evidente que son muchos los que, aprovechando la pandemia, no paran de decir que, por fin, el paradigma educativo ha cambiado, que el modelo de la universidad presencial es el de la universidad a distancia, que basta ya de clases magistrales “adoctrinadoras” y que nuestro mundo es felizmente tecnológico y digital. Esas mismas personas, reformadores profesionales del mundo, creen que esos recursos tecnológicos han llegado para quedarse, lo que significa que el milenario oficio de ser profesor debe asumir otras funciones y modos, y que el aula debe mudar en una especie de hiperaula que no incluye ya espacio alguno para depositar libros dispuestos a ser leídos con atención y estudiosidad (una biblioteca), cuadernos para depositar en ellos nuestras notas de lecturas, e individuos, profesores y estudiantes, dispuestos a conversar, mirándose cara a cara, sobre lo que realmente importa y es intemporal. Todo eso no muestra sino un profundo deprecio hacia la figura del profesor y hacia la consideración de la escuela y la universidad como la casa del estudio, es decir, lugares a los que se va a aprender a través del estudio, y no de cualquier manera.

Para leer (los mejores libros), para mostrar las notas de nuestras lecturas plasmadas en nuestros cuadernos, para conversar inteligentemente sobre todo ello y mostrar las otras posibilidades que el mundo contiene, cuando el mundo no es ya la prolongación de nuestros egos, la ocasión de nuestros experimentos y de nuestras vanidades y narcisismos, sino lo que merece el arte de la atención, el único objetivo educativo, decía Simone Weil, digno de nuestros mejores esfuerzos pedagógicos.


* Fernando Bárcena (https://www.facebook.com/arendtiana/about) es ensayista, catedrático de filosofía de la educación en la Universidad Complutense de Madrid y músico, bajo la modalidad de la canción de autor con dos discos editados: “Entre las cuerdas”, 2014 y “Corazón de gato”, 2019. Su último libro es: Maestros y discípulos. Anatomía de una influencia. Madrid, Ápeiron Ediciones, 2020.


martes, 24 de agosto de 2021

#AsíFuimosAprendiendo cumple 1000 publicaciones!!!

 

Parece increíble pero pasaron más de nueve años desde la primera publicación (que fue parte de una “tarea” en un curso del CITEP) y hoy este Blog cumple 1000 publicaciones!

Es una linda ocasión para agradecer. Mucho. Y para hacer cierto repaso.

Por empezar, esta publicación (la número 1000!) es un agradecimiento a todes les lecteres de este Blog por estar ahí, a veces de manera silenciosa y otras veces participando con comentarios virtuales u opiniones “cara a cara”. Agradecerles no sólo por interesarse en leer el Blog (y aceptar la constante invitación a reflexionar sobre los aprendizajes y la Educación) sino también por difundirlo y compartirlo, pegando los links de las entradas en sus muros de Facebook, publicándolas en Instagram, recomendando el Blog por mail a sus contactos o haciendo RT de los (a veces insistentes) tweets (desde @pablocrodriguez) que invitan a leer cada nueva entrada.

Esta publicación (sí, la número 1000!) es, también, un agradecimiento a todes y cada une de les docentes y estudiantes que participaron del Blog en alguna de las diversas “secciones”. Estas (muchas, sí, 1000!) publicaciones incluyen más de sesenta escritos originales; más de veinticinco textos escritos por (generoses) colaboradores; más de sesenta entrevistas (entre entrevistas a docentes y entrevistas a estudiantes); casi veinte reseñas de congresos, jornadas o eventos sobre Educación; casi treinta estudiantes contando #CómoAprenden, seis microentrevistas en video y veinte entradas de las últimas dos propuestas: “Los #5Libros para tu (trans)formación” y “Lo que el 2020 nos dejó”.

Sería imposible nombrar a cada une porque estamos hablando de más de ciento cincuenta personas que sumaron su granito de arena para ayudarnos a construir este espacio de reflexión y para ayudarnos a (re)pensar(nos) y a (re)pensar nuestras prácticas. A todes elles, muchísimas gracias!

Desde el convencimiento del valor que tiene la pluralidad de voces para la reflexión compartida, para la construcción colectiva de sentido y para nuestra propia (trans)formación como docentes crítiques, que se preocupan por (y se ocupan de) la reflexión sobre nuestras propias prácticas, es que redoblamos la invitación y nos proponemos (después de estas 1000 publicaciones) seguir intentando construir en este mismo sentido y seguir reflexionando a partir de las voces de quienes están en las aulas, con la firme intención de que este Blog siga siendo un espacio que invite a la reflexión y que crezca no sólo en el número de lecteres (para lo cual pueden compartir ahora mismo este link: www.asifuimosaprendiendo.blogspot.com.ar) sino, también, en el número de voces que en él se manifiesten.

Hace nueve años, era impensado llegar a las 1000 publicaciones con un Blog sobre Educación pero ahora, vamos por más! Por más entradas, por más colaboraciones y por más (y mejor) reflexión colectiva y como dijo Lisa Simpson, en esa frase que motivó una de las primeras entradas de este Blog: “Ah, pensamos hacerlo!”.

Muchas gracias a todes!!! 

martes, 13 de julio de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Explorar, indagar y resignificar el tiempo: la compleja ecuación entre lo ideal, lo real y lo posible, como una oportunidad para crear y un pasaje de pruebas permanentes, para garantizar el derecho social de la educación en pandemia”. Por Mercedes Lavalletto *

 

Fueron muchos aprendizajes, desde tolerar la propia frustración hasta aprender a manejar el Zoom. Pero lo que mejor aprendí es a explorar diversos y diferentes modos de encarar la práctica de enseñanza resolviendo la compleja ecuación entre lo ideal, lo real y lo posible. Esto último también pertenece a la presencialidad pero en el trabajo remoto adquirió otro sentido ligado a la oportunidad para pensarme como docente. Porque para mí la docencia es eso, un pasaje de pruebas permanentes. Otra cuestión que también aprendí es a resignificar el tiempo. En la presencialidad tenía un manejo del tiempo de manera programática que en el 2020 se modificó radicalmente porque yo misma tuve que aprender a vivir el tiempo en este contexto inédito. Si una palabra representara esos aprendizajes, es la exploración como modo de pensar y encarar las prácticas, de ensayar distintas alternativas de acción. Esto me permitió establecer un juego dialéctico entre la propia experiencia y las nuevas necesidades que las situaciones exigían sin perder de vista la importancia que tiene la teoría como caja de herramientas para ayudar a comprender las situaciones de manera contextualizada, crítica y creativa. Porque en ese pasaje de pruebas permanentes al que hice referencia más arriba también hay creación por más modesta que sea. En una palabra, oportunidad para crear. Otra palabra que complementa con la exploración de la práctica es la indagación de la misma como parte de este ensayo a explorar en contraposición con la idea de acción sobredeterminada.  Del mismo modo, identifico la búsqueda en la necesidad de optar por modos de acción diferentes, de probar estrategias que sostengan las trayectorias educativas de los/as alumnos/as.

Es un riesgo suponer que la experiencia transitada en el 2020, y parte del presente año, llegó para quedarse. Ese enunciado puede ser interpretado como un lema pedagógico, que tiene un rasgo predominantemente prescriptivo.  Puede correrse el riesgo de que la experiencia transitada sea tomada como punta de lanza para instalar una modalidad de trabajo que fue posible en este contexto gracias a los comprometidos esfuerzos de los/as trabajadores/as de la educación, entre los cuales me incluyo, que a través de nuestras decisiones materializadas en propuestas, metodologías, evaluaciones, procuramos garantizar la continuidad pedagógica; otro término que se cristalizó pero sobre el cual hay que problematizar el sentido que tiene para nosotros/as garantizar el derecho social de la educación en pandemia. Pero sí hay cuestiones que llegaron para quedarse y las pienso como elementos que hoy  me sostienen como docente, y que espero que otros elementos se sumen y enriquezcan este trayecto de formación:

  • La importancia de fundamentar las concepciones sobre la enseñanza que orientan la toma de decisiones sobre nuestras prácticas sin escindir de los procesos de aprendizajes de los/as alumnos/as, sus dificultades, sus dudas, sus logros, sus progresos.
  • Asumir la autoría de nuestras intervenciones didácticas. Me recuerda a una idea de Litwin, quien lo denominó como didáctica de autor y la autora subrayaba la importancia que tiene el conocimiento especializado que requiere de prácticas apropiadas para lograr aprendizajes relevantes. Esto para mi tiene que ver con acompañar, guiar y proteger el proceso de aprendizaje de los/as alumnos/as.
  • Identificar el potencial creador de escenarios y significados educativos.
  • Mantener prácticas que se consideran valiosas, como la "puesta en común" recreando los espacios colectivos de trabajo.

 Este año me ofrece el desafío de desarrollar en uno de los institutos de educación superior en los que trabajo la posibilidad de realizar una cursada de dos asignaturas cuatrimestrales, cuya modalidad la institución denominó semipresencial. Si bien la mayoría del desarrollo de la propuesta será remota combinará la realización de encuentros presenciales cuya cantidad máxima serán cuatro en total. Mi expectativa en relación con los encuentros presenciales será intercambiar ideas, dudas y producciones en tiempo real. Otra expectativa es recuperar el trabajo que se realizó de manera remota y otorgarle un nuevo sentido y ensayar situaciones de experimentación. No pienso la presencialidad como un momento para dar nuevas clases sino como espacio para retomar procesos previos para avanzar en las condiciones que la situación lo permita.

 

* Mercedes Lavalletto (@mlavalletto) es Profesora y Licenciada en Ciencias de la Educación por la UBA.  Ejerce la docencia en el nivel secundario, superior y universitario. Su área de interés académica es la Didáctica y la práctica docente. Es una orgullosa caída de la educación pública, desde el jardín hasta el posgrado. Le gusta el teatro, el cine, las artes plásticas, escribir historias y leer ficción y mirar partidos de fútbol del ascenso.

martes, 29 de junio de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “El desafío de navegar en un océano de incertidumbre, preguntándonos por el sentido de nuestras prácticas y buscando formas flexibles y creativas de fortalecer las debilidades de cada escenario, en un remix entre lo que fuimos y lo que queremos ser”. Por Ornella Sordelli *


El 2020 nos desafió a realizar constantemente un análisis de lo que era más conveniente para el momento. En un contexto tan cambiante e incierto, en el que tenemos el desafío de presentar propuestas educativas de mucho valor, la pregunta por el sentido de nuestras prácticas tiene, más que nunca, mucha relevancia. Entonces ya no podemos escapar a la necesidad de ser más flexibles: si algo que decidimos no funciona, tenemos que tener la fortaleza de poder dejarlo y rediseñarlo para que cobre sentido. Como diría Morin, “aprender a navegar en un océano de incertidumbre a través de archipiélagos de certeza” (Enseñar a vivir. Manifiesto para cambiar la educación, 2014). Y (me) redoblo la apuesta, si nosotrxs podemos hacerlo, también le podemos transmitir a lxs estudiantes que no es grave no saber y tener que tomar decisiones sobre la marcha, desarrollando la habilidad de analizar todas las variables y buscar la mejor solución posible. No es sorpresa entonces si digo que la palabra que viene a mi mente cuando pienso en el año pasado es: desafío. En lo personal, también fue un año de mucho aprendizaje “para adentro”, los desafíos del 2020 hicieron que me replantee varias cuestiones personales y que utilice muchas de ellas en ámbitos que no me había imaginado. Mi versión de hoy es un #remix de todo lo que fui y todo lo que quiero ser. (Siempre tuve la fantasía de ser DJ, ¿será por eso?). 


El análisis “minuto a minuto” y la flexibilidad que ya mencioné nos desafiaron a priorizar: contenidos, actividades, procesos, comunicaciones, encuentros; esto hizo que valoremos nuestras disciplinas desde otro lugar. Con mucha suerte esa priorización también nos llevó a buscar formas más creativas de educar (si cambiamos “educar” por “vivir” también aplica). Y acá vuelve a aparecer la palabra desafío: no es fácil entregarse a la creatividad. Es una práctica que nos invita a arriesgar, a tener que prescindir unas cosas por sobre otras, nos enfrenta a aquello que todavía no dominamos bien y nos hace descentrarnos y trabajar en equipo. Lo importante es siempre tener claros los objetivos que se desean alcanzar y el sentido pedagógico de nuestra propuesta. Espero que estas iniciativas persistan incluso si el escenario coyuntural vuelve a ser parecido al que conocíamos.

Tanto en mi experiencia personal como en conversación con docentes, coincidimos en que las instancias presenciales físicas son vitales para el intercambio, los debates, el prototipado de objetos y el fortalecimiento de vínculos, ya que nos permiten dar y recibir feedback inmediato. La corporalidad, los gestos y la lectura de emociones son factores muy valorados en esta modalidad. En cuanto al trabajo virtual, nos permite dedicarle tiempo al trabajo de lectura, investigación, escritura y desarrollo de producciones colaborativas. También a recorrer y habitar entornos inmersivos y proyectos multi y transmedia. Las propuestas de trabajo de este tipo nos ayudan a desarrollar la autonomía y el autoconocimiento: cada sujeto decide en qué orden, en qué espacio y de qué manera quiere llevarlas a cabo. Creo que este ejercicio de pensar cuáles son los fuertes de cada instancia (presencial/virtual y sus vertientes) no sólo tiene que implicar ponerlo en práctica in situ, sino que nos invite a hacer el ejercicio de cruzar las variables y pensar ¿cómo fortalecemos las debilidades de cada escenario?


* Ornella Sordelli (@ornisordelli en Twitter y en Instagram) es Licenciada en Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es Adscripta de la cátedra de Educación y Tecnologías desde el 2017 y recientemente fue admitida en la Maestría en Tecnología Educativa, ambas de la misma Facultad. Trabaja como tecnóloga educativa en la Escuela de Innovación del ITBA y en el Colegio Tarbut y desarrolla proyectos de Ciudadanía Digital. Forma parte activa de la escena de baile de Swing y Blues y escribe un Newsletter sobre eso: The Lindy Blog. Vive en la Ciudad de Buenos Aires y sus pronombres son ella/la. Le gusta mucho sentarse en lugares hermosos a tomar café y, desde que habita el aislamiento y distanciamiento social, la colección de cafeteras de su casa creció.

martes, 15 de junio de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Un territorio nuevo, el rediseño de mapas para no perdernos en el espacio virtual y la asombrosa construcción colectiva de prácticas mestizas (que cruzan fronteras de saberes, modalidades de trabajo y lenguajes) para incluir a todos, atendiendo a sus contextos sin naturalizar la desigualdad”. Por Mariana Ferrarelli *

 

El 2020 confirmó muchas sospechas y aprendizajes que intuíamos y que se aceleraron con la pandemia, y se visibilizaron. Si, coincido en que fue un año complejo y difícil, pero a la vez lleno de descubrimientos y factores que permitieron enriquecer nuestras prácticas: aprendimos a confiar aún más en nuestros estudiantes, a trabajar de manera colaborativa con colegas, y lanzarnos al encuentro del otro para involucrarnos y comprometernos, todas cuestiones que ya hacíamos pero que ahora son la única alternativa. Pienso que todos descubrimos, por ejemplo, que podíamos hacer mucho más de lo que creíamos. Hablo de los estudiantes pero también de los docentes y las docentes. Y pudimos hacerlo porque la enseñanza es un proceso profundamente humano: en 2020 el desafío fue ir a buscar a nuestros alumnos y alumnas, sostenerlos, estar disponibles para ellos, apoyarlos para que puedan avanzar y no perder continuidad en sus aprendizajes. Y creo que de algún modo se logró. Faltaron muchas cosas, pero se hizo mucho también y yo elijo ver todo lo que pudimos hacer. Por eso creo que si tuviera que elegir una palabra para resumir el 2020 sería la de asombro, no porque me sorprenda lo que hicimos pero sí porque es asombroso lo que construimos en condiciones que no siempre son las más óptimas: hablo de la desigualdad en el acceso a la conectividad, de falta de dispositivos, de docentes que usaron sus equipos y sus datos del celular para poder llegar a sus estudiantes, en fin, de contextos desfavorables que navegamos a pesar de todo. 


De un día para el otro fuimos eyectados a un territorio desconocido que implicó aprender a manejar la incertidumbre, enfrentar nuestras inseguridades, y entender que el único camino es construir aprendizajes de manera colectiva y solidaria. Pensar en la idea de un territorio desconocido hace un tiempo me trae a la mente la distinción de Bateson entre mapa y territorio. Cuando uno es turista en una ciudad que no conoce el mapa resulta fundamental para orientar el recorrido y avanzar con pasos seguros hacia donde queremos llegar, por eso hay diferentes tipos de mapas. Estos mapas siempre son construcciones parciales y culturales, y representan una porción de lo que percibimos en el espacio. En 2020 como docentes nos quedamos sin mapas porque cambió el territorio completamente... entonces tuvimos que rediseñar el mapa que teníamos para no perdernos en el espacio virtual. Pensando ahora en los estudiantes, me pregunto qué mapas les ofrecemos para que naveguen en nuestras clases, para que representen su aprendizaje y estructuren sus experiencias: ¿mapas de un solo tipo, hechos de palabra escrita u oral? ¿O habilitamos mapas divergentes que incluyen imágenes, producciones sonoras, experiencias con redes sociales? Me pregunto qué muestran los mapas de nuestras clases pero también qué ocultan, cuáles son sus 'silencios cartográficos', como diría el historiador británico Harley. La pandemia nos interpeló para cambiar de mapas, rediseñarlos, diversificarlos. Así podremos ofrecer a nuestros estudiantes diseños más flexibles y abiertos para navegar el conocimiento e invitarlos a generar sus propias producciones como resultado del aprendizaje. Esto es lo que llegó para quedarse: la reflexión crítica sobre nuestro rol y sobre las propuestas que diseñamos para transformarlas y adaptarlas al nuevo contexto que siempre es contingente y transitorio. Los mapas cambian porque se transforma el territorio pero también porque con la pandemia nos volvimos nómades, vivimos en movimiento, cruzando fronteras entre saberes, modalidades de trabajo y lenguajes: a veces estamos en fase sincrónica y virtual… y probablemente dentro de poco pasemos gradualmente a la presencialidad física que se combinará con otras instancias.

Para pensar la bimodalidad me gusta hablar de prácticas mestizas por esta idea que apela a la mezcla étnica y multicultural. Prácticas mestizas que implican recombinación de saberes y roles, y el cruce de fronteras entre lo analógico y lo digital, lo sincrónico y lo asincrónico. Prácticas mestizas que ocurren en espacios carentes de territorio pero que aún así necesitan de mapas móviles para resultarnos inteligibles y amigables. Que ocurren en zonas de frontera donde se da la circulación hacia un lado y hacia el otro, e intercambios de sentido sobre qué es enseñar y aprender. Prácticas mestizas que ponen bajo sospecha la idea de pureza, los esencialismos, las verdades fundacionales, y apelan a la reconstrucción, la revisión del propio rol y la solidaridad con colegas y estudiantes. Se trata de maneras de ver la enseñanza como un lugar de intersección de identidades, culturas y lenguajes. No supone solamente hacer circular propuestas por entornos diversos, también planteamos una temporalidad alternativa que rompe con la simultaneidad y se adapta a las necesidades y contextos de cada estudiante. Prácticas mestizas que son profundamente políticas porque buscan incluir a todos atendiendo a sus contextos sin naturalizar la desigualdad. Muchas universidades en el mundo se están planteando el sentido de los edificios y las aulas físicas. Si hay procedimientos para demostrar o experiencias para realizar en el laboratorio por supuesto que la presencialidad está ciento por ciento justificada. Pienso materias como Química Biológica,  por ejemplo, en donde el trabajo en laboratorio no siempre se puede reemplazar con un tutorial; también en algunas cátedras de Ingeniería, Odontología, Medicina y Enfermería en las que se enseña a los estudiantes el correcto lavado de manos o manejo de instrumental. Todo eso es preciso hacerlo en encuentros cara a cara. Las prácticas de los estudiantes de profesorado tal vez pueden combinar el diseño de clases presenciales y virtuales a la vez. Pero definitivamente hay muchos espacios que podrían tener un encuentro de debate presencial por mes y el resto continuar desarrollándose de manera virtual. Enseñar y aprender en la virtualidad es una actividad más solitaria comparada con compartir la clase física con colegas y estudiantes, ir por un café, volver juntos en colectivo. Pienso más en lo vincular que en lo académico; en la virtualidad hay un compartir pero no es lo mismo. Sin embargo, es más práctico y tiene la ventaja de que pueden sumarse estudiantes de otras provincias o países sin la necesidad de trasladarse hasta la universidad. El desafío cuando volvamos gradualmente a la bimodalidad será distinguir didácticamente las diferentes instancias de trabajo: pensar materiales y videos pregrabados en el campus para realizar de manera asincrónica, y darle a los encuentros sincrónicos presenciales o por videoconferencia un formato más interactivo y dialógico que justifique la presencia en vivo y en directo. Las prácticas mestizas aquí funcionan como inspiración, como fuente de ideas y movimientos para generar nuevos mapas; imaginar cruces, diálogos y fronteras permite pensar caminos divergentes para construir conocimiento con otros.


* Mariana Ferrarelli (@FerrarelliM) Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y docente de grado y posgrado. Diseña y coordina proyectos transmedia en distintas instituciones donde se desempeña como asesora tecnopedagógica. Dicta cursos de formación docente en diversas universidades nacionales. Es profesora de Estrategias de enseñanza en el Profesorado Universitario de la Universidad Isalud, y docente del Seminario de diseño de EVEA en la Licenciatura en Ciencias de la Educación y en los cursos del Área de Extensión de la Universidad de San Andrés. Trabaja en el equipo de multiplicadores del enfoque de enseñanza en Aulas Heterogéneas junto a Rebeca Anijovich. Desarrolla materiales, artículos académicos y capacitaciones sobre los siguientes temas: narrativas transmedia en educación, trabajo con diversidad en el aula, y tecnologías en la enseñanza.

martes, 1 de junio de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “(Im)Posibilidades de la enseñanza mediada por tecnologías y una campana de emociones: miedo, impotencia, frustración, inquietud, aprendizaje, incorporación, herramientas, sorpresa, orgullo, tristeza, alivio y, otra vez, inquietud”. Por Marcela Moguilevsky *

Si tengo que condensar lo que sentí profesionalmente durante 2020 creo que platearía un recorrido más o menos cronológico por las siguientes palabras: miedo, impotencia, frustración, inquietud, aprendizaje, incorporación, herramientas, sorpresa, orgullo, tristeza, alivio, inquietud. Si bien yo ya tenía experiencia usando Moodle (incluso habiendo dictado cursos a distancia), gran parte de mi quehacer profesional en los cursos que di durante 2020 estaba basado en cuerpos presentes en un espacio de aula. Siempre usé muchas dinámicas de trabajo grupales en las que el cuerpo presente tenía un rol preponderante (juegos teatrales, interacciones en grupos, canto, etc). Creo que lo que me llevo del difícil 2020 es una idea más precisa de las posibilidades de la enseñanza mediada por tecnología en forma remota pero también de las imposibilidades. Aprendí que se puede mucho más de lo que yo pensaba pero al mismo tiempo tengo más claro qué estrategias, dinámicas o actividades no puedo implementar y necesito estar presente con las y los estudiantes. Una parte de esto tiene que ver con los contextos desde donde mis estudiantes se conectaban. No es lo mismo alguien que está en su casa con su computadora o celular y cierto acceso razonable a internet, que una persona estudiando en una cárcel, con pésima señal y sin posibilidades de participar de instancias sincrónicas. Es por esto que el recorrido de las palabras que elegí arman una suerte de “campana” de emociones que terminan con “inquietud” ya que más allá de saber todas las posibilidades didácticas que tenemos a nuestro alcance para este 2021, mis estudiantes privados de libertad van a tener al menos un cuatrimestre más de una situación muy compleja a la hora de estudiar y participar. 

Yo creo que muchas y muchos docentes descubrimos herramientas durante nuestra experiencia desde el inicio de la pandemia que podemos/deseamos mantener. El pasaje de un campus virtual que solo funcionaba como repositorio de materiales a uno con mayor interactividad me parece que es algo que enriquece la experiencia de aprender y que puede potenciar lo que pase en el aula física. Yo ya había implementado usos del campus en este sentido durante 2019, pero obviamente el año pasado esto fue mucho más profundo y central en el dictado de las materias. El uso de las plataformas digitales (Moodle u otras) para trabajar espacios de escritura me parece que es algo que podría quedarse y también la posibilidad de que las y los estudiantes produzcan contenidos para compartir. Al menos estas fueron las herramientas que considero más exitosas de mi experiencia durante 2020.

En el caso de que tuviéramos un período de educación híbrida o mixta, yo potenciaría lo que comenté en el párrafo anterior. En mi situación trabajaría procesos de escritura, con revisiones y espacios donde publicar trabajos terminados para compartirlos con una audiencia real. Haciendo esto se cumplen dos objetivos que me parecen importantísimos: que las y los estudiantes transiten por procesos de escritura, edición y reescritura; y que eso lleve a la producción de contenidos que puedan ser utilizados en la clase para reciclar o profundizar conocimientos. Si a esto se le puede sumar la posibilidad de que sean las y los estudiantes quienes elijan los temas a investigar y compartir, creo que puede convertirse en algo que genere mucha motivación. Y todo el tiempo que se usa para estas producciones de forma remota, libera horas de clase en las que se puede discutir, trabajar en grupos e interactuar con la espontaneidad que la virtualidad interrumpe.


* Marecla Moguilevsky (@marce_mog en Twitter) es docente en el Profesorado de Inglés de la Universidad Nacional de Hurlingham y en el CUSAM (centro universitario de la Universidad Nacional de San Martín en contexto de encierro). Su lugar preferido del mundo es un aula (siendo docente o estudiante). Trabajó como docente en nivel secundario en CABA. Antes de dedicarse a la docencia e investigación en el área de inglés como lengua extranjera, enseño fotografía y mantiene este interés como hobby en la actualidad (pueden ver sus imágenes en @marcemoguilevsky en Instagram). Por fuera de estos temas, disfruta muchísimo ver películas, comer aceitunas y escuchar llover.


martes, 18 de mayo de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Hacer viable lo inédito en un mundo de sensaciones, de amor (y pasión por el vínculo pedagógico), que pone en diálogo lo virtual y lo presencial, como praxis pedagógica en constante sintonía con otres”. Por Luisina Ferrante *

 

Mis aprendizajes más significativos fueron que sin amor no hay nada que pueda hacerse en un contexto de crisis y con tanta incertidumbre por delante. Y cuando me refiero al amor, quiero no sonar naif con la palabra en sí, sino transmitir la necesidad de sentir pasión y querer mucho la profesión docente que une ejerce todos los días y que la elige aún más después de este 2020. Amor al vínculo pedagógico que implica el aula y el proceso de enseñanza y aprendizaje, amor, respeto y compromiso por tus pares. En ese 2020 aprendí más el sentido de la contención, del trabajo colaborativo con otres, la importancia de la escucha y de parar la pelota para contextualizar e identificar qué es necesario y qué podemos hacer junto a quiénes. Si bien fue un año raro y difícil, fue también muy desafiante, porque no podíamos como educadores quedarnos sentados esperando que el tiempo pase, la demanda, la planificación, la necesidad del encuentro fue constante e inmediato. Mi sentipensamiento fue "lo inédito viable", tomado de Freire y de una compañera educadora de toda la vida. Hicimos viable lo inédito, y fuimos parte de un mundo de sensaciones pedagógicas, de subir y bajar, de emocionarnos y extrañar, y a la vez darnos cuenta que estábamos en el camino correcto, porque las retribuciones y los mensajes de fuerza entre colegas, en espacios de formación fueron muchos y me (nos) motivaron a seguir y ponerle el cuerpo a una situación muy compleja, que por momentos se puso muy cuesta arriba. Valoro mucho no haberme (nos) detenido en lo que sentíamos podíamos sumar y encontrar las herramientas para hacerlo en la práctica misma, en el prueba y error. No buscar el resultado perfecto, sino encontrar o generar los espacios desde la virtualidad que sean funcionales a un contexto donde no solo la educación estaba en crisis. En mi profesión como docente y en mi trabajo dentro de Wikimedia Argentina, fue aprender de un día para el otro, y seguir aprendiendo en el proceso, cómo organizar zooms con más de 500 personas, poder comunicar y acompañar en un proceso de muchas preguntas y casi ninguna solución salvadora. Fue una praxis pedagógica en constante sintonía con otres. No existió la herramienta o propuesta didáctica perfecta que nos haya salvado, sino que existieron los espacios de encuentros y formación urgentes y necesarios que nos permitieron a nosotres como docentes encontrar algunas respuestas para sostener la escolaridad en contexto de virtualidad total, y tener a mano voces y recursos que nos permitan ajustarlo de forma situada. También considero que muches nos animamos a ir más allá de lo establecido y poder encarar proyectos de trabajo y experiencias, que si no hubiesen surgido en este contexto, quizás todavía estaríamos esperando el momento ideal para hacerlo.

Creo que tener más conciencia sobre nuestro rol como productores y creadores de contenido en internet llegó para quedarse. El manejo abrupto de millones de aplicaciones para comunicarnos y generar recursos, si bien fue abrumador, también implicó un proceso necesario para todes de alfabetización digital, que no solo implicó el uso de la herramienta en sí, sino el uso crítico de las mismas, adentrarnos a debatir sobre protección de datos, leyes de copyright y seguridad en internet. Todas estas cuestiones estuvieron muy presentes en los espacios docentes que al menos yo habito, y permitieron profundizar debates y abrir otras experiencias de uso de materiales y recursos digitales, y desde mi perspectiva nos permitieron estar más activos en el espacio público que hoy en día implica internet: habitarlo más críticamente y pensarlo también desde una perspectiva pedagógica en nuestra práctica docente y con les estudiantes.

Si tengo que pensar en un contexto híbrido, reservaría los momentos presenciales para profundizar con mis estudiantes en el contenido que requiere mayor trabajo de análisis crítico, de debate y puesta en común de enfoques y perspectivas. También aprovecharía esos espacios para generar instancias colectivas y participativas de trabajo que permitan interactuar con les otres, que luego puedan sostenerse en las instancias virtuales. Establecería un diálogo entre lo presencial y lo virtual, para aprovechar en lo presencial actividades de expresión y contención entre pares. Más teniendo en cuenta si esta bimodalidad sería porque aún atravesamos una situación de pandemia o crisis sanitaria, que también demanda un acompañamiento emocional específico.

 

* Luisina Ferrante (@luli_ferrante) profesora de Historia (Facultad de Filosofía y Letras, UBA), Magister en Derechos Humanos y Políticas Sociales (CEDEHU, Universidad Nacional de San Martín). Tiene un Diploma en Educación y Nuevas Tecnologías (PENT-FLACSO) y es Doctoranda en Educación y Sociedad en la Universidad de Barcelona. Trabajó en Sitios de Memoria en las áreas específicas de educación y fue integrante del Equipo de Investigación y Relevamiento de la Dirección de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Ministerio de Defensa de la Nación, relevando especialmente documentación vinculada al desarrollo del conflicto bélico del Atlántico Sur. Es la Coordinadora del Programa de Educación y Derechos Humanos de Wikimedia Argentina y también es profesora de Historia en escuelas de jóvenes y adultos en la Ciudad de Buenos Aires. Ama jugar al fútbol, el rock nacional, los Beatles y River Plate!

martes, 4 de mayo de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Un puente de relatos, memoria colectiva y conversaciones (con lenguajes no infectados de poder) para levantarnos de las cenizas y reconstruir, en una experiencia de igualdad, el significado de la Educación”. Por Carlos Skliar *

 

Tengo la sensación que todo el lenguaje –y sus prácticas, y sus acciones, y sus efectos- se vieron conmovidos durante el 2020. Ciertas palabras recuperaron su sentido ético y ciertas otras se volvieron negligentes o meros escondites para explicar la incertidumbre y la excepcionalidad de un tiempo único. Palabras como “sostén”, “compañía”, “interdependencia”, entre otras, tuvieron un eco infinito y ciertas otras, como “trabajo”, “escuela”, “igualdad”, regresaron al mundo de lo superfluo. Noté que había que hacer una profunda distinción entre dar clases e ir a la escuela, entre la presencia y la presencialidad, entre la conectividad y la disponibilidad, entre la función y la forma de hacer escuelas. En medio de un océano de propuestas virtuales, volví a sentir la trascendencia de la conversación educativa, de dotar de sentido el presente doloroso y urgente. Valoré de un modo especial esa suerte de “fuerza docente” que consiste, siempre, en levantar las cenizas de las crisis sociales, económicas, culturales y reconstruir el significado de la educación.



Todo está tan precario que resulta complejo adivinar lo que ha pasado y lo que vendrá. La relación con la tecnología siempre debe ser de mutuo respeto y no de confianza ciega. Por un lado sentí que se abusó de algunos formatos audio-visuales, algo más que comprensible por la situación vivida, por otro lado creí firmemente en cierta “pobreza” de los recursos para dar paso a lo sustancial: acompañar a quienes naufragaron en la hipótesis de la conectividad, generar espacios de conversación, abrir los ojos a la filosofía, al arte, a los lenguajes no infectados de poder. No me preocupa tanto que ciertas tecnologías lleguen para quedarse, sino el discurso del “progreso” que aniquila lo anterior y hace estragos en la memoria colectiva.

Lo fundamental sería el preservar la presencialidad para construir un nuevo punto de partida de lo comunitario y público; esa experiencia de la igualdad y de lo múltiple que se ha visto deteriorada lógicamente por la pandemia. Encontrarse para construir un puente de relatos entre lo sucedido, lo extrañado, lo extraño, para recuperar esas sensaciones que se han perdido o no se han escuchado todavía.

 

* Carlos Skliar (@cskliar) es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de América Latina (IICSAL), FLACSO-CONICET y vice-presidente del PEN (Poetas, ensayistas, narradores), Argentina. Coordina los posgrados de Pedagogías de las diferencias, Entre cuerpos y miradas, y Escrituras: creatividad humana y comunicación.

martes, 20 de abril de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Una nostálgica reivindicación del aula como un refugio y como el lugar de los iguales, que habilita el acontecimiento del encuentro con la Otredad, para (intentar) estar juntos”. Por Estela Aguilar *

 

El aprendizaje más significativo, para mí, durante este 2020 ha sido la reivindicación del espacio áulico. El aula es una construcción “única” en la que los intervinientes (las y los estudiantes y la profesora) construyen un refugio, donde se suspende la competitividad y se reconoce la igualdad. Es el lugar de los “iguales”. Como dice Jorge Larrosa: “Hay algo ahí [en el aula] que podríamos llamar del orden de lo sagrado, pero de lo sagrado humilde y cotidiano, eso cuyos signos se reducen a un leve estremecimiento, a esa mezcla de atracción y de mirada que no puedo dejar de sentir en esa primera visita, hecha solo para saludar y como para presentarles mis respetos, a la que será mi aula dos días por semana, durante un semestre”. Es el lugar de un encuentro “cara-a-cara” con la total extrañeza y extranjería a la que alude Levinas y es inaugural.


La palabra que, para mí, resume este año es “nostalgia”. Nostalgia por lo que fue y no pudo volver a ser. En este 2020, tres de mis cursos fueron, desde el inicio, virtuales, sin ese acercamiento que supone no sólo el encuentro de rostros, sino de palabras, olores, rumores, paredes, osadías, curiosidades: un acontecimiento.

Hace ya años que se respira un intento de uso masivo y abusivo de las tecnologías, las cuales no son “tierra de nadie”, sino que tienen dueños con nombre y apellido. Y potencian la desigualdad en todos sus ámbitos, priorizando a los “herederos” (Bourdieu) en la obtención del capital simbólico. Desdeño de estas prácticas que conllevan a la reproducción de la injusticia pero, sin embargo, soy consciente que cualquiera de ellas en uso en el 2020 puede quedar instalada en el imaginario pedagógico de la sociedad occidental.

Personalmente, reservaría las clases presenciales para el “estar juntos”. Sospechando, “rascándonos donde no nos pica”, disparando lluvias de ideas, rescatando historias de nuestras biografías, leyendo fragmentos de Foucault, de Rocker, de Ranciere… y dejarnos invadir, haciendo lugar al ser. Y escribiría en la pizarra una frase de la escritora Audre Lorde: “Las herramientas del amo no destruirán la casa del amo”.


* Estela Aguilar es Profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación, realizó posgrados en Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y en FLACSO. Actualmente está al frente de las cátedras de Sociología y Filosofía del Colegio Crear y Ser. Es Profesora Titular en el Instituto Superior del Profesorado Sagrado Corazón de Jesús, en las carreras de Nivel Inicial, Primaria y Educación Física, donde es Formadora Pedagógica en los Tramos Pedagógicos para profesionales. Se reconoce conflictuadamente sartreana, madre de cuatro hijos y abuela de ocho nietos y amante de la lectura, la música, el buen vino y los juegos de mesa.

martes, 6 de abril de 2021

Lo que el 2020 nos dejó: “Un colectivo inteligente y solidario, que construya un maridaje indispensable de innovación tecnológica e innovación didáctica, para habilitar la experiencia de los sentidos”. Por Roxana Szteinberg *

 

En este 2020, fue significativa la constatación de que ningún entorno, ninguna aplicación ni dispositivo por sí solos, tienen la capacidad de producir milagrosamente innovaciones en la enseñanza. Carecen de todo poder transformador si su empleo no se traduce en innovación didáctica. No se puede esperar ni de las aulas virtuales ni de las plataformas de video conferencias, así como de ninguna “app” o programa que, espontáneamente, renueven prácticas agotadas. Con la convicción de que la innovación tecnológica es válida solo si se emparenta con innovación didáctica, la frase que resume lo que “sentipensé este año es: “maridaje indispensable”.

La necesidad hizo surgir comunidades de aprendizaje entre docentes (y estudiantes) que  despertaron la cultura de compartir conocimiento y que probablemente perduren. La concepción de Pierre Lévy sobre “inteligencia colectiva” cobró carnadura en este contexto, cuando los docentes aceptaron que la capacidad individual arrastra límites que pueden expandirse hacia un territorio intelectual mucho más vasto, cuando se conforma un colectivo inteligente, solidario, dispuesto al intercambio y la colaboración. Creo que estas comunidades llegaron para quedarse porque demostraron el beneficio de abordar las contingencias junto a otros y permitieron el logro de lo impensable: convertir en tiempo récord un sistema presencial en otro totalmente virtual.

Hasta tanto Internet permita tener experiencias inmersivas de un modo accesible y generalizado, reservaría los momentos presenciales para el aprendizaje experiencial, aquel que únicamente se adquiere a través de experiencias directas, trabajos de campo, salidas didácticas, viajes de estudio, prácticas de laboratorio. Aquellas que requieren de todos los sentidos y un “meter las manos en la masa” para aprender.

Para terminar, comparto un párrafo de la “Didáctica Magna del siglo XVII” (de Amos Comenio) que, una vez más, ayuda a pensar la enseñanza también en este sentido: “Debe ser regla de oro para los que enseñan que todo se presente a cuantos sentidos sea posible. Es decir, lo visible a la vista, lo sonoro al oído, lo oloroso al olfato, al gusto lo sabroso y al tacto lo tangible. Y si alguna cosa pudiera ser percibida por diversos sentidos, ofrézcase a todos ellos, puesto que los sentidos son los fidelísimos proveedores de la memoria”.

 

* Roxana Szteinberg es Licenciada y Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras (UBA), Especialista en Lectura, Escritura y Educación (FLACSO), Especialista en Educación y TIC (INFOD), Maestranda en Tecnología Educativa (UAI). Es Asesora tecnopedagógica en la Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA) y en la Escuela de Economía y Negocios (UNSAM). Es Docente de Posgrado en la Carrera de Especialización en Docencia Universitaria (FCV-UBA), Docente de la Diplomatura en Conducción de Instituciones Educativas (ISPJVG), Docente y Coordinadora de Comunicación e Idiomas en la Escuela Agropecuaria (FCV-UBA).