martes, 27 de junio de 2023

¿Cómo “estudia” Agus? Un estudio como crecimiento personal que asombra.

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Agustina Di Sario *.

Cuando reflexiona sobre cómo estudia, Agus diferencia dos “momentos”: uno de lectura (¿y estudio?), más en soledad, y otro de “repaso” (“para” responder preguntas de exámenes), conversando y discutiendo (¿lo estudiado?) con otres: “mi manera de estudiar varía con el tiempo y conmigo, sin embargo hoy en día prefiero estudiar en las mañanas, ya que encuentro el entorno más tranquilo y mi concentración al máximo, con un café, que no me puede faltar. Aunque suelo estudiar sola en mi escritorio o en la biblioteca de la facultad, a la hora de repasar, especialmente para los finales (en cuya mayoría son orales) prefiero encontrar un compañero de estudio con quien charlar y discutir”.

Siguiendo con la reflexión sobre sus “maneras” de estudiar, Agus se da cuenta que el estudio (la) sorprende, (la) asombra y (le) da ganas de compartir con otres eso que (se) está estudiando: “lo que hago al estudiar es leer e intentar entender, pero no en el sentido de entender las palabras en sí, sino formar conceptos que pueda utilizar e informarme acerca de aquellos temas que más me interesaron y hasta a veces compartirlos con el resto. Me suelo asombrar de lo que aprendo y me da ganas de compartirlo”.

Como otres de les estudiantes que nos compartieron sus ideas en esta “sección”, Agus considera que estudiar “es un concepto versátil que cambia con uno mismo, con el tiempo, y con la materia a estudiar; ya que uno no solo estudia para la escuela o para la universidad sino también para aquellas cosas que uno desea realizar”. Más allá de esto, Agus nos deja su propia sensación sobre “esto de estudiar” cuando nos cuenta que “estudiar no es (solamente) sentarse a aprender un resumen de memoria, sino que es parte de crecer como persona. Además no solo incluye leer los libros del tema a estudiar sino también, entenderlos, ampliar sobre éstos, buscar más información acerca del tema, charlar sobre el tema con otros, incluye discutir y también repensar”. En las palabras anteriores se advierte que, para Agus, “estudiar” tiene que ver (también) con algo más relacionado con la “formación” y con el “crecimiento” como personas. Como refiere Jorge Larrosa al reflexionar sobre este tema, Robert Mc Clintok afirmaba que el concepto educativo fundamental es el estudio (y no la enseñanza ni el aprendizaje) y añadía que “el estudio no tiene que ver con adquirir conocimientos o competencias, o, en general, con el logro de aprendizajes, sino con la formación del sujeto y con las transformación de su relación con el mundo, es decir, con hacerla más atenta, cuidadosa, densa y profunda. ¿Será que cuando Agus habla de crecer como personas y de repensar sobre lo que se está estudiando se está refiriendo, justamente, a esa nueva (más atenta, más cuidadosa, más densa y más profunda) relación con el mundo?

Volviendo a la escena de estudio, Agus la detalla: “a la hora de estudiar solía utilizar un cuaderno y lapiceras o fibrones, pero hoy en día utilizo una computadora, en la cual abro archivos a leer, el temario, googleo términos que no entiendo, escribo archivos o realizó tareas y a su vez una tablet, donde escribo y leo. Esta herramienta me permitió tener varios libros a la vez para una sola la materia (además de poder verlos al mismo tiempo y comparar), lo que encuentro muy útil a la hora de estudiar”. Si bien el párrafo anterior ubica a la computadora (y a los libros en formato digital) en un lugar central de esa escena (algo que ya discutimos en otras entradas y que seguiremos poniendo en tensión), antes de terminar y en línea con Fernando Bárcena, que dijo que “la operación de escribir en cuadernos como la de leer en papel, y no en formato electrónico, es una operación de resistencia en un mundo hipertecnologizado”, Agus cierra así: “para mí es esencial tener un cuaderno (chico para llevar conmigo) para anotar preguntas que se me van ocurriendo para releerlas luego”. Esta idea del “cuaderno de notas” es una idea muy trabajada por Jorge Larrosa que dice que “si el libro es el material de lectura, el cuaderno es el material de escritura” y que “estudiar es leer anotando o, de otra manera, la nota de lectura, la notatio, es una de las modalidades de escritura propias del estudiante” y valora particularmente que los cuadernos, como dice Agus, “se llevan encima”, van y vienen en las mochila de les estudiantes. De ese modo, sugiere Jorge, “los cuadernos trascienden el tiempo y el espacio del aula” y tienen algo de instantáneo (en un tiempo y un lugar) pero, también, algo del orden de la rememoración, de la repetición y de la reflexión. Esa misma reflexión a la que refiere Agus cuando dice que “luego” re-lee lo que anotó en su cuaderno “de estudio”.

  

* Agustina Di Sario es estudiante de veterinaria en la UBA, le apasionan los animales, su carrera y la ciencia. Es vegetariana y le encanta aprender cómo funciona "todo". Le gusta ayudar en todo lo que pueda y tiene un perro llamado Baloo, al cual ama con todo su corazón. A veces no sabe cuando callarse y le encanta conocer gente nueva.

 

martes, 30 de mayo de 2023

¿Cómo “estudia” Giuliana? Tomar(se) el tiempo de (aprender a) estudiar.

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este entrada la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Giuliana D'Apice *.

Cuando Giuliana reflexiona sobre cómo estudia nos cuenta que “antes de estudiar acomodo el escritorio y saco todos los materiales que necesito: computadora, carpeta, cuadernos y hojas sueltas con apuntes de la materia. Me siento en el escritorio, pongo algo en la tele y empiezo a completar los apuntes o directamente empiezo un resumen en una hoja aparte. Cuándo me aburro de estar sentada me acuesto en el piso a terminarlos o voy a una mesa ratona que esta frente al sillón para que mi vieja me convide unos mates mientras escribo”. En las palabras anteriores se advierte que estudiar requiere de cierta materialidad, sobre la que ya hablamos en otras entradas. Al respecto, Fernando Bárcena escribió que “se necesitan condiciones materiales: un lugar para estudiar, unos libros para leer, ciertos cuadernos donde escribir; pero también condiciones temporales: disponer de un tiempo liberado de las exigencias del trabajo y la labor para poder emplear la vida en el estudio”.

Al reflexionar sobre su forma de estudiar, Giuliana aclara que, si bien considera que se puede estudiar de varias maneras, en el caso de ella no es una manera muy organizada y, si hubiera compañía, tal vez no esté haciendo lo mismo: “para mi estudiar es tomarte el tiempo para aprender algunos temas que ya conoces por lo menos de nombre. Se puede estudiar de manera organizada o no, yo suelo ir más por la segunda. A veces sirve distraerse con temas relacionados mientras estudias, por ejemplo ver videos, documentales o escuchar canciones de "Los Mitocondrios". También puede servir tener compañía sin la necesidad de que la persona esté haciendo lo mismo que vos”. Más allá de cuán organizada sea la tarea de estudiar para cada une, es evidente que repite ciertos rituales pero las distracciones amenazan con desviar la atención y con convertir esos rituales en rutinas, como sugiere Maximiliano Valerio López cuando dice que “es precisamente la atención la que hace la diferencia entre el ritual y la rutina. No existe estudio sin ritualidad pero la distracción y la impaciencia hacen de cualquier ritual una simple rutina, un gesto mecánico y vacío, destruyendo toda posibilidad de desarrollar una habilidad”.

Finalmente, y al reflexionar sobre sus modos de estudiar, Giuliana agrega que: “repensar el estudio me trajo muchos recuerdos de lo que fue estudiar para entrar a mi actual escuela. También me llevó a reflexionar sobre mis técnicas de estudio de los últimos años. Podemos estudiar de manera correcta e incorrecta, pero vamos aprendiendo de cada una de ellas”. ¿Qué sería estudiar “de manera correcta”? ¿Qué sería estudiar “de manera incorrecta”? ¿Qué aprendemos al estudiar? ¿Aprendemos “lo que” estamos estudiando y/o aprendemos “a” estudiar?

 

* Giuliana D'Apice (@Tanargenta) es estudiante preuniversitaria de la Escuela Agropecuaria de la UBA, la cual tiene un nombre innecesariamente largo. Es una persona proactiva que aprendió el significado de esta palabra hace un mes y la usa cada vez que puede. A pesar de ello, si el clima lo amerita, puede pasar horas acostada al sol partiendo de manera vertical hojas paralelinervadas. Próximamente: Técnica Agropecuaria.

  

martes, 25 de abril de 2023

¿Cómo “estudia” Juan Ignacio? Leer, escribir y hablar… “en la suya”.

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Juan Ignacio Rodriguez *.

Cuando Juan Ignacio reflexiona sobre cómo estudia, nos cuenta que “cuando me pongo a estudiar, en general me pongo a escribir, redactando los textos de la bibliografía adaptados a como yo los entiendo, una especie de resumen, pero sin resumir tanto realmente, sino de ordenar la información, habiéndola procesado”. Juan Ignacio rescata la importancia de la escritura asociada indisolublemente a la lectura y agrega la oralidad: “los verbos que mejor podrían definir mi forma de estudiar serían leer, escribir, hablar solo y pararme cada tanto cuando me aburro”. Las palabras anteriores (y la relación entre la lectura, la escritura y la conversación) recuerdan esa frase de Francis Bacon que dijo que “la lectura hace al hombre completo, la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso”.

Al pensar en la “escena” de estudio (y la posible compañía), Juan Ignacio plantea la posibilidad de que haya “alguien más” en esa escena pero con quien “no interactúa” (más allá de algún mate) en el momento del estudio: “Mayormente estudio en mi mesa del comedor, principalmente durante el mediodía o la tarde, a veces a la mañana cuando el trabajo me deja. Este proceso de estudio, lo hago solo, o a veces con alguna amiga/compañera, pero no interactuamos, sino que cada uno está en la suya, salvo para un mate”. Ese “cada uno está en la suya” habla de cierta “intimidad” de quien estudia con el libro, una soledad necesaria a la que se refirió Comenio cuando dijo que “el estudioso, separado de los demás, se sienta en soledad entregado a su afición mientras lee los libros, que abre sobre un atril cerca de él, y de ellos va tomando en su libreta lo mejor o en ellos hace anotaciones o señala al margen con un asterisco.

Más allá de esto, Juan Ignacio recuerda algunas experiencias en las que “estudió” acompañado (o “en grupo”) y advierte el valor que eso tuvo en la construcción de vínculos con otres, como esa vez que “me junté a estudiar por meet, con dos compañeras para un final y fue la primera vez que estudié en grupo. Básicamente, la dinámica consistía en hacernos preguntas acerca de los temas que iban surgiendo. Fue significativo por eso, y porque lo disfrute muchísimo, y fue un antes y un después en mi forma de estudiar. Fue significativo por el hecho de estudiar en sí, como también por los vínculos que forjé en esas jornadas de estudio”. En las palabras anteriores aparece un “para qué” de ese “estudio” que, en esa experiencia, fue “compartido” y ese “para qué” (para aprobar un examen final) tal vez desvíe la atención y haga que Juan Ignacio piense en otras de las muchas acepciones de la palabra “estudio”, una más ligada con la memorización de datos o, incluso, con la comprensión de conceptos “para” responder a preguntas, preguntas de sus compañeres de estudio o preguntas de les docentes que les evalúen después.

A la hora de reflexionar sobre “esto de estudiar”, Juan Ignacio nos deja su propia concepción: “para mí, estudiar es incorporar conocimiento, herramientas, técnicas y metodologías de un determinado tema” y, si bien considera que “en cierta forma siento que choca lo que muchas veces se espera que sea el hecho de estudiar, con lo que realmente es”, agrega que “nunca me sentí identificado con que estudiar sea solo leer y subrayar… no me sirve, me duermo”. ¿Qué sería lo que “se espera que sea” el estudio? ¿sería lo que “espera” quién “que sea” el estudio? y ¿qué es lo que el estudio “realmente es”?

En una carta que Petrarca le escribe a Giovanni Colonna (y que Fernando Bárcena cita cuando reflexiona sobre el estudio), el poeta italiano le dice al eclesiástico: “sólo en la soledad soy dueño de mí mismo y no en otra parte: en ella mi pluma es verdaderamente mía y no en otra parte”. ¿Será que el “estudio” (o cierto tipo de estudio) sólo puede hacerse en esa soledad en la que se ejercita la lectura, la escritura y el pensamiento?

 

* Juan Ignacio Rodriguez (@juanirrodirguez) es paseador y educador canino,  estudiante de veterinaria (UBA) y licenciatura en psicología (UBA), docente de la Diplomatura en Entrenamiento Canino (UMET) y ayudante de la cátedra de Fisica Biologica (FCV-UBA). Es un apasionado de los perros, del vínculo humano-animal, de la comida y de Messi.

martes, 28 de marzo de 2023

¿Cómo “estudia” Johanna? ¿Estudiar para rendir un examen o el placer de estudiar?

 

En este 2023 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y el estudio. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, los #CómoAprende, las #MicroEntrevistas en video, #LoQueEl2020NosDejó, los #5Libros y los #Parafraseando, entre otras “secciones”, queremos incorporar textos que reflexionen sobre “cómo estudiamos”.

Es cierto que no todes entendemos lo mismo por “estudio” y que este Blog tiene una posición tomada al respecto, que no sólo no impedirá la expresión de voces en direcciones contrarias, sino que las tomará como insumos para la discusión y la reflexión y las pondrá en tensión con las teorías que sostienen nuestra posición.

Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo estudiamos o cómo estudian les estudiantes (que, efectivamente, estudian), sin ningún objetivo más que la propia reflexión, en una metáfora (y, tal vez, una reivindicación) del estudio por el estudio mismo. En este caso, la reflexión es a partir del relato que, gentilmente, escribió Johanna Pollach *.

Cuando Johanna reflexiona sobre cómo estudia plantea una diferencia entre un estudio “para rendir un examen” y un estudio “más placentero”. Respecto a la primera situación (“estudiar” para “rendir”), situación que dista mucho de la concepción de “estudio” de este Blog, Johanna nos cuenta que “estudiar significa incorporar conocimiento, asimilarlo, y aprenderlo pero significa también presión y estrés, ya que la mayoría de las veces cuando estudio es para rendir un examen parcial o final, por lo que no me lo tomo de una manera relajada”. En la segunda situación (ésa en la que el estudio no está asociado a los exámenes y a la certificación) aparecen la concentración, el interés, la relectura, el disfrute y cierta “relajación”: “varias veces leí libros de psicología o de animales. Al ser de mi particular interés, estaba muy concentrada y algunos textos los releí varias veces. Pero al no sentir la presión de la evaluación por parte de un profesor, lo disfrutaba mucho más, era mucho más desorganizado (sin cronograma, sin horarios) y relajado.

En las palabras anteriores se advierte, como sostiene Jorge Larrosa, que hay una cierta idea de estudio que “permite apartarse de la obsesión evaluativa” y que es la única desde la que puede sostenerse la concepción arendtiana de la educación como transmisión, comunización y renovación del mundo común (sobre la que ya escribimos varias veces en este Blog), así como la concepción rancieriana (otro clásico de este Blog) de la Escuela (de las instituciones educativas o de la propia Universidad) como separación de tiempos, espacios y actividades sociales.

Volviendo a la situación en la que el estudio parece ser eso que se hace antes de un examen (con un propósito puntual y discutible como tal), Johanna empieza por aclarar que “a la hora de estudiar lo primero que hago es hacerme un cronograma, en el cual me organizo y me pongo objetivos día a día según los temas a abordar” y nos cuenta cómo lo hace: “me gusta estudiar desde la mañana temprano, tomando un café porque me pone de buen humor, y más si es en una confitería, ya que en mi casa me cuesta mucho no distraerme. Una vez que estudio un tema yo sola, es decir, que leo el libro o escucho el seminario del campus, lo resumo, lo leo, y lo entiendo, me gusta juntarme con compañeros en la biblioteca de la facultad porque al hablarlo y repetirlo se me fija más el conocimiento, y si hay algún tema que no me quedo claro o me cuesta, es más fácil resolverlo entre varios”.


            Siguiendo en esa concepción de un “estudio para”, de un estudio que “sirva para”, de un estudio “con resultados”,
Johanna sostiene que no hay una sola manera de hacerlo y lo ejemplifica así: “creo que cada uno tiene su manera de estudiar, sus métodos, y lo que le sirve a uno capaz al otro no. Yo por ejemplo, no puedo estudiar sin resúmenes, me gusta mucho escribir y esto me ayuda a incorporar conocimiento, Me gusta usar colores y ser prolija. Pero tengo muchos compañeros que directamente estudian desde el celular, sin siquiera imprimen los textos, y a ellos les sirve”. ¿Será “estudiar” eso que hacen les compañeres de Johanna “directamente del celular, sin siquiera imprimir los textos”? ¿Será “estudiar” eso que hace Johanna cuando “hace resúmenes, escribe, usa colores”? Cuando Johanna dice que a sus compañeres “les sirve”, ¿para qué “les sirve”? ¿Para aprobar un examen?

Al reflexionar sobre estas cuestiones y advertir que hay algo de ese “estudiar para” que se aleja de la práctica de un estudio que en lugar de tomar algo del mundo, prioriza el deseo de cuidarlo, de prestarle atención, incluso de amarlo, Johanna vuelve sobre la idea del disfrute y cierra: “para mí, el estudiar debería ser más placentero”.

 

* Johanna Pollach (Ig/ Johanna Pollach) tiene 28 años y estudia Veterinaria en la UBA. Trabaja en una veterinaria como enfermera haciendo guardias nocturnas dos veces a la semana y tiene un perro. Es vegetariana y además come comida kosher. Le apasiona mucho la acrobacia, por lo que le dedica muchas horas de entrenamiento semanal. También, le gustaría ser mamá en los próximos años.

martes, 20 de diciembre de 2022

Hasta el 2023!!! Felicidades!!!

 

En esta última entrada de este 2022, queremos saludar a todes les que nos leyeron durante este año, agradecerles por haberse enganchado con la propuesta y desearles que pasen unas felices fiestas y que empiecen el año nuevo de la mejor manera.

El año próximo, les volveremos a invitar a seguir (re)pensando nuestras prácticas con nuevas propuestas y nuevas ideas en este Blog que espera seguir siendo un espacio de encuentro e intercambio entre docentes y estudiantes.

Que el 2023 nos vuelva a encontrar reflexionando sobre los aprendizajes, sobre el estudio y sobre las prácticas educativas para seguir (trans)formándonos como docentes y estudiantes.

Felicidades les desea asifuimosapendiendo!!!


martes, 6 de diciembre de 2022

Un lugar mejor. Por Dr. Sergio Morado *

 
Dedicado a mis queridos Highlanders
de la comisión 3B de Química Biológica
del segundo cuatrimestre 2022.
 
La cuestión sobre lo que debe hacerse en las aulas universitarias sigue en permanente cuestionamiento. Históricamente, la universidad estuvo asociada no sólo al estudio sino también a la generación e incluso al cuidado del conocimiento y su exposición en las aulas. Sin embargo, ya desde hace algunas décadas, la enseñanza o puesta en práctica de diversas competencias ha ido ganando terreno. Si bien al comienzo esas innovaciones tuvieron un significado valioso por la mayor consideración que parecía tenerse sobre la presencia de los estudiantes, lentamente las competencias pasaron a ser apenas un entrenamiento para lo que el mundo laboral requiere de los diversos profesionales. Tal es así, que hay quienes consideran, tanto docentes y estudiantes, que la universidad no debe ser más que una etapa de preparación para el trabajo.
 
Recientemente me vi nuevamente enfrentado a la pregunta sobre qué debo hacer como docente en un aula. La idea del entrenamiento de habilidades, que en algún momento consideré como algo interesante, hace tiempo comenzó a resultarme contrastante con lo que considero que debería ser el estudio. Sin embargo, la propuesta de estimular a los estudiantes a estudiar en todo el sentido de la palabra, con la cual venía insistiendo últimamente, parecía no ser aceptada. La respuesta, como siempre debería ser, surgió en cuanto empecé a compartir el tiempo con un nuevo grupo de estudiantes.
 
Con bastante incertidumbre me presenté en la primera clase, con una propuesta nueva para presentarnos y empezar a discutir sobre los verbos que definen al estudio y sobre lo que íbamos a hacer cada vez que nos viéramos en el aula. Así nos fuimos conociendo y nos comprometimos unos con otros a darnos y exigirnos recíprocamente lo mejor y a acompañarnos mutuamente durante unos meses. Cada clase la dedicación mutua fue creciendo y la planificación inicial fue cambiando ligeramente para darles diferentes instancias de protagonismo a las y los estudiantes. No sólo las metodologías y los tiempos de cada uno fueron experimentando variaciones, sino que además el compromiso fue transformándose en complicidad, identificación y cariño.


En el transcurso de las semanas me fui dando cuenta que lo que se estaba construyendo cada vez que nos juntábamos en el aula no era una preparación para el mundo sino un lugar distinto, un lugar mejor que el mundo exterior. Construimos entre docentes y estudiantes un espacio y un tiempo en el cual la validez de las afirmaciones o hipótesis no tenía relación con quién las dijera sino con la argumentación. Los libros empezaron a ser más respetados, discutidos y queridos. Algunas voces habitualmente silenciadas por diversos motivos fuera del aula, dentro de ella cobraron valor y empezaron a escucharse a menudo. Los pequeños grupos habituales fueron diluyéndose y el grupo se transformó en un todo. En definitiva, se creó un lugar en el cual todos teníamos ganas de estar y lamentamos perderlo al finalizar el curso, pese a la firme convicción de mantener el vínculo personal y, por qué no, el espíritu del aula, fuera de ella.
 
Hoy la pregunta sobre lo que debo hacer como docente en el aula está resuelta en su cuestión fundamental, basta con construir un lugar más equitativo, más justo, más respetuoso de los libros y las personas, un lugar donde todos queramos estar. En definitiva, se trata de, independientemente de las metodologías, proponer construir entre todos un lugar mejor.
 
* El Dr. Sergio Morado (@SergioMorado1) es Jefe de Trabajos Prácticos en la cátedra de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Asistente de CONICET. Es, a su vez, un ferviente apasionado de la música, de la literatura y de la ciencia como forma de entender y explicar el mundo.

martes, 4 de octubre de 2022

Parafraseando a Jacques Ranciere: emancipar a nuestres estudiantes invitándoles a estudiar pero sin preocuparnos por lo que aprenden.

 

En el libro “El maestro ignorante” (sobre el cual escribimos muchas veces en este Blog), Jacques Ranciere recupera la historia de Joseph Jacotot (pensador del siglo XIX) y su experiencia pedagógica (proclamar la emancipación intelectual, enseñando lo que él ignoraba y oponiéndose a la idea de un maestro explicador), utilizando esta “aventura intelectual” para resignificar términos como “igualdad”, “embrutecimiento” o “emancipación” y, así, invitándonos a (re)pensar el rol docente y las prácticas educativas.

El libro todo (recomendamos su lectura completa) es una invitación a la reflexión sobre la praxis pedagógica y siempre genera mucha discusión (entre docentes) por defender, tan clara y radicalmente, ideas como la igualdad de las inteligencias, el carácter embrutecedor de las “explicaciones”, la igualdad como punto de partida (y no de llegada) o la emancipación intelectual.

Es un libro maravilloso plagado de frases e ideas que serían más que interesantes para “parafrasear” en esta “sección” pero que ya hemos discutido y/o compartido en otras ocasiones, por lo que en este caso la invitación es a leer un párrafo del libro, un párrafo que se “mete” con una de las ideas (inicialmente) más resistidas, por asociársela rápida (y desontextualizadamente) con la “evaluación” y, en esa línea de pensamiento, con la “acreditación”.

Se trata de un párrafo que (nos) propone a les docentes emancipadores despreocuparnos por lo que les estudiantes (emancipándose) aprenderán y, en lugar de eso, poner el énfasis en ayudarles a reconocer su potencia y su capacidad de aprender cualquier cosa.

 

En el capítulo 1, “Una aventura intelectual”, en subtítulo “El círculo de la potencia”, en el que Jacques Ranciere ofrece un interesante análisis de la Jacototiana idea de que “se puede enseñar lo que se ignora, si se emancipa al alumno, es decir, si se lo obliga a usar su propia inteligencia”, pensada no como un método de “instrucción” sino como el anuncio de una buena nueva los pobres (“podrás todo aquello que puede un hombre”), el autor escribe:

“Quien emancipa no tiene que preocuparse por lo que el emancipado debe aprender. Aprenderá lo que quiera, tal vez nada. Él sabrá que puede aprender porque la misma inteligencia está obrando en todas las producciones del arte humano, porque un hombre siempre podrá comprender la palabra de otro hombre.” 

Tenemos que trabajar por la emancipación intelectual (nuestra y) de nuestres estudiantes, tenemos que “obligarles” a usar su propia inteligencia, participando del anuncio de esa “buena nueva”: “podrás todo aquello que puede un hombre”.

Y tenemos que hacerlo invitándoles a estudiar pero sin preocuparnos por lo que nuestres estudiantes aprenden. Sí, tenemos que dejar de preocuparnos por lo que nuestres estudiantes aprenden. Aprenderán lo que quieran… Tal vez nada!

 

martes, 6 de septiembre de 2022

Parafraseando a Jorge Larrosa: llamar la atención de nuestres estudiantes hacia nuestro mundo en un doble acto de amor.

 

En el libro, “Esperando no se sabe qué. Sobre el oficio de profesor” (segunda “entrega” de una “trilogía del oficio” que empieza con “P de profesor” y termina con ”El profesor artesano”), Jorge Larrosa homenajea a les profeseres que (como él mismo dice), “contra viento y marea, continúan haciendo bien su trabajo y levantando diques en escuelas, institutos y universidades públicas para que el mundo no se deshaga y el suelo en el que crecen los niños y los jóvenes no sea del todo hostil”.

El libro todo (recomendamos su lectura completa) es una defensa del “oficio de profesor” (y de su papel en la defensa de una “Escuela” que “haga escuela”) en oposición a una “reconversión de los profesores en gestores emocionales y animadores de aula” y a un “capitalismo cognitivo, ese que se fundamenta en el aprender a aprender, en las competencias y en las inteligencias múltiples”.

Pero en este caso la invitación es a leer un párrafo del libro, un párrafo que nos invita a reflexionar sobre la importancia de “capturar la atención” de les estudiantes y de trabajar sobre su “voluntad” al “disciplinar” esa atención y dirigirla (amorosamente) hacia un “algo” que merece esa atención.

Se trata de un párrafo que recupera esa “arendtiana” idea del “doble amor” (sobre la que escribimos en http://asifuimosaprendiendo.blogspot.com/2018/10/hannah-arendt-el-mundo-la-vida-los.html) al proponer que “atender” a ese “algo” hacia el cual les docentes “dirigimos” la atención de nuestres estudiantes, es un modo de hacerlo “real” y, al mismo tiempo, “amable”.

 

En el capítulo 3, “Inactualidad de un arte griego”, en el que Jorge nos invita a (re)pensar nuestros ocios, nuestros retiros, nuestros juegos, nuestros ejercicios, nuestras atenciones, nuestras lecturas y nuestros amores, a partir de interesantes (re)lecturas de textos de otros autores entrelazados con sus propias palabras, el autor “trae” algunas ideas de Simone Weil (a propósito de los ejercicios escolares como “gimnasias o disciplinas de la atención”) y escribe: 

“Toda educación es, primero, una captura de la atención a través de dirigirla hacia un objeto determinado: atiendan ustedes a esto y desatiendan esto otro; segundo, un trabajo sobre la voluntad encaminado a sostener, a orientar y a disciplinar esa atención previamente capturada: continúen ustedes atentos, no desconecten tan rápido, sigan ahí; tercero, un trabajo sobre el amor, sobre eso que tiene existencia y consistencia y, por eso, merece atención. Atender a algo es al mismo tiempo hacerlo ‘real’ y hacerlo ‘amable’.” 

Tenemos que capturar la atención de nuestres estudiantes. Tenemos que dirigir esa atención hacia objetos determinados, hacia ciertas porciones del mundo, hacia (nuestras) materias de estudio. Tenemos que realizar un trabajo sobre la voluntad de nuestres estudiantes, para disciplinar esa atención.

Como docentes y como estudiantes, tenemos que “hacer realidad” el mundo, cuidarlo y hacerlo amable. Es que la idea de cuidar ese mundo, que tiene existencia y consistencia, y que merece (nuestra) atención, se trata (justamente) de llamar la atención de nuestres estudiantes hacia (partes de) ese mundo “real” en un “doble acto” de amor: a las futuras generaciones y al propio mundo.


martes, 2 de agosto de 2022

Parafraseando a Carlos Cullen: una deconstrucción ética y emancipadora para liberar la Educación posible.

 

En el libro, “Perfiles ético políticos de la Educación”, Carlos Cullen se propone (y nos propone) reflexionar sobre varias cuestiones relacionadas con el fundamento de la Educación, como la cuestión de la justicia en las políticas públicas, la intrínseca relación de la Educación con los derechos humanos y la importancia de las categorías de ciudadanía y de sujeto moral como responsabilidades educativas.

El libro todo (recomendamos su lectura completa) es una invitación a la reflexión sobre la dimensión ético política de la Educación y sobre las maneras en que esa dimensión incide en las prácticas educativas y en la tarea docente.

Pero en este caso la invitación es a leer un párrafo del libro, un párrafo bien breve pero, a la vez, cargado de conceptos, de categorías de análisis y, sobre todo (y como es una costumbre en los textos de Cullen), de esperanza.

Se trata de un párrafo que al mismo tiempo que nos invita a liberar una “Educación posible”, nos recuerda el carácter eminentemente ético (y político) de la tarea docente y la importancia de habilitar el acontecimiento para emancipar las subjetividades.

En el capítulo “La educación como mediación normativa en la formación del sujeto moral”, en el título “Etica y educación: ¿un problema de psicoanálisis aplicado?”, en el que Carlos Cullen reflexiona sobre el malestar en las Escuelas (como parte de un cierto malestar en la cultura y como consecuencia de que “la educación es una de las tareas imposibles”) el autor nos invita a deconstruir críticamente la pretendida neutralidad de un discurso educativo instalado en un orden simbólico dominador y escribe:

“Se trata de deconstruir lo educativo posible, para liberar la Educación posible. Y ésta es una tarea estrictamente ética: hacernos dignos del acontecimiento y emancipar la subjetividad, para que pueda imaginar órdenes simbólicos alternativos.”

Tenemos que apostar a esa deconstrucción de “lo educativo”. Tenemos que “hacernos dignos del acontecimiento”, habilitándolo y recibiendo (hospitalariamente) a la Otredad, sin reducirla a la totalidad de nuestra mismidad. Tenemos que trabajar todos los días por la emancipación!

Y tenemos que imaginar esos posibles órdenes simbólicos alternativos, con memoria y con esperanza, porque como alguna vez dijo Carlos Cullen: “se trata de moverse con memoria (no nostalgia) y esperanza (no delirio), en una práctica docente que se mueva entre huellas socio-históricas y horizontes emancipadores”.

Como docentes y como estudiantes, tenemos que movernos entre esas huellas socio-históricas y esos horizontes emancipadores, deconstruyendo ese discurso educativo instalado en un orden simbólico dominador, porque sólo así seremos dignos del acontecimiento y porque sólo así podremos liberar la Educación posible.

martes, 5 de julio de 2022

Parafraseando a Pierre Bourdieu y Monique de Saint Martin: una reflexión desmitificadora para evitar ser víctimas de nuestras propias operaciones.

 

En el clásico estudio, “Las categorías del juicio profesoral”, Pierre Bourdieu y Monique de Saint Martin analizan, minuciosa y metódicamente, las clasificaciones que “los profesores” producen, cotidianamente, en sus juicios sobre sus alumnes (o sus colegas) y en sus prácticas docentes y reflexionan sobre el sistema de clasificación profundamente oculto, que está al principio de todas las clasificaciones escolares y de las clasificaciones sociales que legitiman.

El estudio todo (recomendamos su lectura completa) es una (breve pero interesante) invitación a la reflexión sobre los criterios implícitos del juicio profesoral: las “apreciaciones” (taxonomías que revelan las formas rituales de sus considerandos) se relacionan con las “notas” y con el origen social de les alumnes “evaluades”.

Pero en este caso la invitación es a leer un párrafo del estudio, un párrafo que nos interpela (o debería interpelarnos) como docentes universitaries.

Se trata de un párrafo que al mismo tiempo que nos invita a hacer un ejercicio de introspección, de autoevaluación, de reflexión sobre nuestras acciones y de vigilancia epistemológica, también, nos “alerta” sobre un posible “desvío” del sentido de nuestras prácticas operado por el sistema que les auteres analizan.

En el subtítulo “Segunda Lectura. La máquina ideológica”, en el que Pierre Bourdieu y Monique de Saint Martin consideran que el “diagrama” (que describen) no sólo opera como “el esquema de una máquina que, al recibir productos socialmente clasificados, proporciona productos escolarmente clasificados”, sino que (además) “asegura una correspondencia muy estrecha entre la clasificación de entrada y la clasificación de salida, sin nunca conocer ni reconocer (oficialmente) los principios y los criterios de la clasificación social”, les auteres reflexionan sobre “los profesores”, a quienes se refieren como “agentes encargados de las operaciones de clasificación” y escriben:

“Hacen bien lo que tienen que hacer (objetivamente), porque creen hacer otra cosa de lo que hacen; porque hacen algo distinto de lo que creen hacer; porque creen en lo que creen hacer. Mistificadores mistiticados, ellos son las primeras víctimas de las operaciones que efectúan. Porque creen operar una clasificación propiamente escolar o aún específicamente ‘filosófica’, porque creen conferir patentes de calificación carismática (‘espíritu filosófico’, etc.), el sistema puede operar un verdadero desvío del sentido de sus prácticas, obteniendo de ellos que hagan lo que ‘por todo el oro del mundo’ no harían.”

Como docentes universitaries que reflexionamos sobre nuestras prácticas, ¿estaremos haciendo bien lo que tenemos que hacer (objetivamente)? ¿estaremos creyendo que hacemos otra cosa de lo que estamos haciendo? ¿estaremos haciendo algo distinto de lo que creemos hacer? ¿estaremos creyendo en lo que creemos hacer? ¿estaremos siendo “mistificadores mistiticados”? ¿estaremos siendo las primeras víctimas de las operaciones que efectuamos?

Como docentes universitaries, tenemos que estar alerta para evitar que el sistema opere un desvío en el sentido de nuestras prácticas, tenemos que evitar hacer eso que “por todo el oro del mundo” no haríamos, tenemos que evitar conferir patentes de calificación carismática creyendo que estamos operando una clasificación propiamente escolar o académica, cuando hacemos lo que Bourdieu llama “el juicio profesoral”.