lunes, 22 de abril de 2019

Inventando el tiempo (de aprender).



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.


La siguiente entrada fue publicada el Martes 9 de Abril de 2013:

Es común escuchar a l@s docentes quejarse de lo insuficiente que resulta el “tiempo de clase”. La gran mayoría asegura que “el tiempo no alcanza”. Si por algún motivo, “se agrega” un tema en alguna Unidad, aparecen frases como “No, en esa clase ya no entra más nada” o “ya era una clase para desdoblar en dos y encima ahora hay más para dar”. Si bien alguien podría preguntarse “¿Por qué el tiempo no alcanza?”, para nosotr@s la primera pregunta que debemos hacernos es “¿Para qué el tiempo no alcanza?

Claro que para decir o “dictar” (vieron que feo que suena la frase “horas dictadas”) todo el contenido teórico de un determinado tema, tres horas puede ser poco pero esa no es (o no debería ser) la idea que tenemos de una clase. Si fuera así, y a la velocidad que avanza la (mal llamada) “sociedad del conocimiento” y aumenta el “cuerpo de conocimientos” de cada disciplina, las horas de clase de las materias serían, año tras año, cada vez más insuficientes.

Sin embargo, es probable que docentes innovadores, con genuinas preocupaciones por los aprendizajes de nuestr@s estudiantes, que planificamos nuestras clases e intentamos salirnos de la “lógica de la explicación”, también (a veces) encontremos insuficiente el tiempo del que disponemos para determinados temas.

Para estos casos es interesante pensar (o recordar) que “las clases” no son (ni deberían ser) el único espacio de aprendizaje de la materia, o dicho de una manera más clara y menos obvia, no son (ni deberían ser) el único espacio planificable de aprendizaje de una materia.

¿Qué nos impide “sacar la clase” (en tiempo y espacio) fuera del aula?

Casi tod@s l@s docentes contamos con un programa (más o menos real) de la materia que nos tocó en suerte. Ese programa define algo así como “horas de clase” (en algunos casos desglosadas en horas teóricas, prácticas, de seminarios, etc…), ¿Alguien cree que su materia se aprende en esas (60, 70 ó 100) horas “de clase”? ¿Dónde incluyen esas (no) cuentas las horas de lectura, de resolución de cuestionarios, de estudio, de repaso? ¿Qué nos impide planificar actividades para proponerles a nuestr@s estudiantes que se realicen fuera del (acotado) horario de cursada?

Seguramente, esperemos que l@s estudiantes dediquen a nuestra materia más horas que las “horas de clase”. Entonces, si (parte de) nuestra tarea consiste en guiar y orientar (a través de las actividades que proponemos) el estudio por parte de nuestr@s estudiantes, ¿Por qué restringir esta tarea al tiempo y el espacio del aula?

La propuesta sería más o menos así: cuando creemos que el tiempo de una clase no alcanza o cuando queremos agregar (y probar) determinadas actividades en una clase en la que “el tiempo no sobra”, preguntémonos ¿Qué actividades de las que ya hay en esa clase pueden transformarse en actividades para hacer fuera del aula, en otro momento? Probablemente la respuesta sea “la mayoría”. De esta forma vamos a “ampliar” los tiempos de estudio, guiados y orientados, de nuestr@s estudiantes y vamos a poder incorporar a la clase varias de esas actividades que (casi) sólo pueden realizarse en (y con) la dinámica que se genera en un aula llena de estudiantes interactuando entre sí y con sus docentes, esa dinámica que permite la (trans)formación disciplinar, actitudinal, personal y colectiva.

Resumiendo, si bien no vamos a profundizar ahora en cuáles serían esas estrategias o actividades que podrían dar cuenta de esta propuesta, la idea es tan simple como extraordinaria: si no alcanza el tiempoinventemos el tiempo.


miércoles, 17 de abril de 2019

Contadores de cuentos y un vínculo basado en la confianza. Entrevista a Rocío Quílici *



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.


La siguiente entrada fue publicada el Martes 26 de Marzo de 2013:

Rompiendo algunos códigos o reglas de “la entrevista”, me permito cometer una infidencia al iniciar esta nota contando la enorme emoción que me causó la lectura del material que terminó dando como resultado esta publicación. Aunque necesaria para que la entrada no fuera interminable, no fue para nada sencilla su edición, ya que cada una de las respuestas de Rocío, cada una de sus frases, cada una de sus reflexiones representa un “compendio de pedagogía moderna” y son, sin duda, de gran valor para el análisis de nuestras prácticas.

En su primera reflexión, Rocío parece haberse adelantado a entradas del Blog que fueron posteriores a la realización de esta entrevista (pero publicadas previamente) y diferencia la “tarea docente” del “trabajo docente”, así como nos adelanta su posicionamiento utilizando palabras como “vocación”, “generosidad”, “carisma”, “ingenio”, “inclusión”, “juego”, “energía”, “alegría”, o “confianza”.

  • Rocío, ¿Qué es, para vos, “ser docente”?
  • Ser docente es tener ganas de enseñar en cada diálogo, en cada explicación, es tener vocación, es ser generoso en las palabras, es tener carisma para transmitir los contenidos, es tener ingenio para aplicar la práctica y la lógica de la vida diaria hasta en los temas más abstractos. Ser docente, “DOCENTE” con cada una de sus letras en mayúsculas, no debe ser un trabajo de rutina, debe ser un trabajo que en cada nueva cursada, o en cada año escolar a comenzar debe renovarse, debe ser interactivo y participativo; y también inclusivo. Digo inclusivo luego de un punto y coma, ya que ser inclusivo me parece una de las partes más difíciles de la tarea del docente. Tuve la experiencia de participar de una cursada inclusiva donde treinta alumnos, todos, fueron estimulados a participar, incluso yo no soy de las que participan mucho, pero terminé participando como todos. El docente a cargo nos fue sumergiendo como en un juego y nos fue envolviendo en una seductora comodidad, una cálida confianza que nos empujó a participar, a dialogar con el docente, a tomar una tiza sin temor y escribir en el pizarrón. Y como frutilla de la torta de esa cursada, todo culminó con una clase a cargo de los alumnos divididos en grupos, que sin darnos cuenta jugamos a ser docentes. Entonces ser docente, es ser una persona capaz de enseñar y transmitir, pero no repitiendo o emitiendo una señal como una radio, sino con gestos, entusiasmo, energía, alegría… Ser docente no es tarea fácil, es decir ser un buen docente.

A la hora de compartir un episodio significativo, Rocío vuelve sobre tres cuestiones que parecen centrales: lo que ella misma denominó “inclusión”, la idea de “aprender a aprender” (y el aprender estrategias o herramientas) y lo que nosotr@s, en varias entradas anteriores, denominamos “motivación”.

  • ¿Podrías relatar un episodio significativo (por interesante, por triste, por alegre, por extraño, por formativo) de tu experiencia como estudiante?
  • Sí, puedo contar sobre la mejor cursada que tuve en mi carrera. Trata de un docente que no escatimó nada de nada, que nos dio la sensación que disfrutaba de estar con nosotros, una de esas personas que tiene carisma, que le pone entusiasmo a todo, que es alegre, contagioso (sí, contagioso). Fue hermoso ver cómo fuimos contagiándonos de él. Nunca jamás había concurrido a clase con tantas ganas, y no hablo por mí sola cuando cuento esta experiencia, fue un fenómeno grupal, todos estábamos cautivados con su forma de dar clase ¿Saben por qué todos? Porque este docente se esmeró por cada uno de nosotros, se tomó el trabajo de conocernos, se interesó, generó un ambiente de trabajo y de estudio excelente, sin darnos cuenta estábamos sumergidos en él y trabajando, y exponiendo, y participando, pasando al pizarrón, preguntando, él fue una invitación constante a aprender y a estudiar. Hoy veo que más que el contenido que estudiamos en esa clase, me llevo para mí: técnicas de estudio, formas de trabajar, aprendí a exponer lo que quiera, a estudiar de otra forma, y sobre todo aprendí que esas ganas son contagiosas, inspiradoras, y que cuando hay estímulo, se devuelve compromiso y dedicación.

A la hora de hablar de prácticas, herramientas y estrategias docentes, Rocío nos recuerda el valor de los ejemplos y las analogías como elementos facilitadores y estructurantes de los aprendizajes. También resalta el valor (trans)formativo de relacionar conceptos, de utilizar (el enorme poder de) la imaginación y cierra, en un acto de coherencia textual, con una analogía antológica: el docente como un contador de cuentos.

  • ¿Cuáles de las prácticas, herramientas, estrategias de tus docentes actuales o pasados, resultan o resultaron más exitosas como instrumentos facilitadores de tus aprendizajes?
  • Puedo recordar aprendizajes relacionados a herramientas de estudio sólo de mi tiempo universitario, más atrás no encuentro lamentablemente herramientas, sólo mecanismos de estudio. Pensando en las herramientas, una de las que pude aprender, tiene que ver con tratar de relacionar algo virtual o no tangible, con algo de la vida diaria, la voy a contar a continuación. Al estudiar anatomía animal, tratando de entender y memorizar las relaciones de cada pleura en la cavidad torácica, nos enredábamos tanto que no podíamos dar con una relación bien al estudiar. Nuestro docente a cargo, el Dr. Carlos Blanco, pudo observar que teníamos esta falta de entendimiento, no por falta de estudio sino por falta de imaginación. De todas formas no era cosa fácil entender lo que Sisson (autor del texto) traducido por un mexicano (según Blanco) nos quería decir desde caudal a craneal pasando por medial hacia lateral de una pleura visceral a una pleura parietal. Entonces recurrió a un ejemplo para que todos pudiéramos imaginar lo que no veíamos… Nos hizo pensar que teníamos un globo, uno de esos globos comunes de cumpleaños y que dentro de ese globo inflábamos otro… Entonces podíamos ahora simplemente ver lo que antes no podíamos imaginar. Cada lado del globo, el interior el visceral y el exterior el parietal, ahora estaba en relación a algo que podíamos ver. Y así, con algo tan simple como un globo de cumpleaños, nos llegó el entendimiento. El mismo docente, con un tema parecido, nos hizo imaginarnos que caminábamos dentro de una cavidad abdominal a los fines de poder transitar entre los órganos de ésta, para poder visualizar como estaban ubicados allí. Un docente con alma de enseñar a estudiar y a entender no conoce límites para contar cuentos que nos ayuden a aprender.

  • Si tuvieras que recomendarle a l@s docentes un libro, una canción o una película que considerás “relevante” para mejorar la práctica docente, ¿qué libro, canción o película nos recomendarías y por qué?
  • Yo les recomendaría “Ágilmente” de Estanislao Bachrach. Sin duda un ejemplo de la enseñanza aplicada a todo.

En su última respuesta Rocío destaca la importancia del ambiente en el que aprendemos y de los vínculos que se generan entre docentes y estudiantes, critica la figura del “maestro explicador” y vuelve a poner el acento en el valor central de la confianza y en el aprendizaje de contenidos no necesariamente conceptuales.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Cada vez que comienzo una cursada, mis expectativas son varias. Con respecto a los objetivos, pretendo tener una cursada cómoda, pero no hablo de confort, sino que hablo del ambiente de esa cursada. Me refiero a un ambiente de participación, de reflexión, donde el docente se esmera para que el alumno se lleve consigo de esa clase algún concepto esencial. Espero en cada cursada un vínculo con el docente, una complicidad que me haga sentir la confianza de preguntar, de no temer un reto luego de una pregunta. Espero aprender a trabajar la materia que esté cursando, porque no se trata de que el docente me explique todo, sino de que me enseñe las herramientas para estudiar y aprender esa materia.

* Rocío Quílici (Facebook.com/rocio.quilici) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, trabaja cuarenta horas semanales y no come azúcar porque es diabética. Tiene novio hace diez años, dos gatos y una perra. Además tiene una vida… chiquitita pero la tiene. Futuros títulos: Esposa, Mamá y Veterinaria.


martes, 16 de abril de 2019

Transformar la realidad, al mundo y a nosotros mismos. Entrevista a Hernán Bañez *



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.


La siguiente entrada fue publicada el Martes 19 de Marzo de 2013:


Ya al inicio de la entrevista, Hernán nos deja en claro el valor que le da a las palabras, cuestionando el término “docente” como una manera de empezar a resignificarlo y dotarlo de sentido pero no de cualquier sentido. También enfatiza en la idea de transformación y aprendizaje constante que incluye no sólo a l@s estudiantes sino también a l@s docentes.

  • Hernán, ¿Qué es, para vos, “ser docente”?
  • En realidad, no me gusta mucho la palabra "docente", tal vez porque solo significa "enseñar", prefiero el término "profesor", porque el profesor enseña, pero además guía, propone, profesa y también, aprende. La docencia (y aquí si la utilizo) debe ser un proceso de constante aprendizaje.



  • ¿Cuáles son tus objetivos cuando comienza una cursada?
  • Básicamente dos: aprender de ellos, y generar (o aumentar) en los alumnos un juicio crítico, independiente de cualquier postura, aún cuando sean contrarias a las mías. En comunicación se trabaja mucho con política, me siento satisfecho cuando en Marzo, un alumno discute de actualidad repitiendo los títulos de los diarios, y en Diciembre mantiene su postura pero argumentando mejor que hasta los propios contenidos de esa nota de la que sólo sabía el título. No me interesa cambiarle su forma de pensar, pero si su forma de analizar.

El posicionamiento de Hernán es claro, avanzamos en la entrevista y sigue poniendo el énfasis en aprendizajes procedimentales y actitudinales más que en aprendizajes de contenidos. En esta línea no sorprende que cuando hablamos de estrategias que faciliten los aprendizajes, proponga los debates y ponga el acento en los “mecanismos argumentativos y discursivos” de l@s estudiantes.

  • ¿Cuáles de tus propias prácticas, herramientas o estrategias resultan más exitosas como instrumentos facilitadores de los aprendizajes de tus estudiantes?
  • Sin dudas el debate. Jugar al abogado del diablo siempre da resultado: se tira un tema y se tantea la postura mayoritaria de la clase, ahí uno se tiene que poner a defender, con sarcasmos provocativos, la postura minoritaria. El debate que se enciende es siempre muy enriquecedor, porque aún los alumnos a los que no les interesa la participación en clase, paran la oreja y siguen las discusiones. Me ha pasado que he tenido que defender posturas que están en las antípodas de mi pensamiento. En esos debates, los chicos sacan, casi de sus entrañas diría yo, mecanismos argumentativos y discursivos de gran nivel. Me ha pasado con temas como la despenalización de las drogas para uso particular o el 8N y la actuación de Cintia García con los manifestantes.

Cuando le pedimos que nos cuente un episodio significativo de su trayectoria docente, Hernán comparte generosamente con nosotr@s una de esas historias que nos recuerdan que nuestr@s estudiantes (antes que estudiantes) son personas, que ponen énfasis en el rol (indispensable) de la escucha, en lo relevante que resulta el vínculo que entablemos con ell@s, en lo trascendente de la apasionante tarea que nos tocó en suerte y en la enorme responsabilidad que esto conlleva:

  • En la Media 24 de Ingeniero Budge, tuve un alumno que faltaba mucho, tenía buen comportamiento pero no participaba. Se lo veía interesado en hacer intentos por aprender y aprobar pero no daba resultado. Se lleva la materia a Diciembre. Yo había intentado averiguar si tenía conflictos, pero todos en el colegio me dijeron que no tenían ningún dato de que fuera parte de una familia conflictiva. Se presenta a la mesa de examen con poca preparación. En el momento que le explico que no podía aprobar se pone a llorar. Me explica que se llevaba muchas materias (creo que ocho) y que sólo había rendido una, que iba a repetir. Le pregunté por qué no estudiaba y me dijo "Por mis amigos, llego a casa y me vienen a buscar, andan en cosas raras pero yo nada que ver, son mis amigos de chiquito y los quiero, los banco. Lo que pasa es que mi mamá no me cree, cree que ando en el "delire" como ellos, y por eso no me quiere, soy el único de mis hermanos que mi mamá no quiere". Estos amigos lo presionaban mucho para que saliera con ellos. El conflicto era un supuesto desamor materno, no sus malas juntas. Y todo a causa de una profunda falta de diálogo. Le recomendé que hiciera el esfuerzo y dejara de ver a sus amigos durante todo Enero, que si la mamá lo veía en su casa, estudiando, le iba a creer. Y también le recomendé que le pidiera perdón (algo me dijo en ese momento que la madre había hecho sus esfuerzos, y que se sentía vencida) que le explicara que él quería a sus amigos aunque ya no fuera como ellos. También le dije que si este esfuerzo no diera resultado y finalmente repetía, tanto él como su mamá estuvieran preparados, porque algunas cosas no se resuelven en tan poco tiempo. Llega Febrero, vuelvo al colegio para tomar la mesa de regulares, y en un momento de la mañana desde el fondo del pasillo escucho que alguien me grita "¡¡Profe!! ¡¡Pasé de año!!". Se acercó y me saludó con un beso, como si fuéramos amigos, me contó que hizo lo que le recomendé, que a la semana de estar en su casa todas las tardes estudiando fue su mamá la que se acercó con mates para ayudarlo. Que el diálogo se recompuso, que sus amigos (aún bajo influencia de alguna sustancia) entendieron que él tenía que tomar otro camino y dejaron de visitarlo sin presionarlo. Me dijo "ahora entiendo que mi mamá siempre me quiso, sólo estaba dolida". Creo que a mi mesa no se presentó, le fue tan bien en las otras que se había dado el lujo de dejarla de previa. Esta es de esas experiencias que son un masaje al alma. Que hace que uno se sienta más útil, que solo para enseñar la historia de los medios o como se hace un programa de radio. Tan solo con escuchar, podemos reparar algo.

  • Si tuvieras que recomendarle a otr@s docentes un libro, una canción, una película o algún video que considerás “necesaria” para mejorar nuestra práctica docente, ¿qué nos recomendarías y por qué?
  • ¿Uno solo? ¡Imposible! Películas, “The Wall”, “Slumdog Millionaire”, “Huelepega”, “Ni uno menos”. Canciones, ahora se me viene a la cabeza la obra de Silvio Rodríguez, “Canción en harapos”, “Canción de Navidad”... Libros de Pierre Bourdieu, Arturo Jauretche o Paulo Freire. Capaz que mañana te respondería otras cosas.

Por si quedaba alguna duda del pensamiento (hecho acción) de Hernán, la última pregunta la responde de una manera tan breve como clara y tan utópica como real.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Transformar, lisa y llanamente. La realidad, al mundo, a nosotros mismos.

*Hernan Bañez es Profesor y Especialista en Comunicación (UNLZ) y se desempeña como docente en las escuelas 324 y Media 3 de Lomas de Zamora. Es Socio fundador de Revoluciones Diseño & Publicidad. Escribe para varios medios vinculados a la cultura como el suplemento Yo Soy La Morsa. Ha publicado artículos en Página/12 y escribió el libro "La rebelión de los medios emergentes" junto a su colega y amiga Marcela Viegas. Ha realizado varios documentales de comunicación popular (disponibles en la red) y ha participado de programas de radio y fundaciones sociales. Hernán es hincha de Banfield. Y su sitio web es www.mediosyrealidad.com.ar.


lunes, 15 de abril de 2019

¿Esclavos del trabajo?



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.


La siguiente entrada fue publicada el Martes 12 de Marzo de 2013:


Muchas veces se usa la expresión “esclavos del trabajo” para referirse a la gente que trabaja sin parar (ahora conocid@s como “workaholic”) o que, por razones intrínsecas o extrínsecas, trabajan mucho o más de la cuenta pero en este texto vamos a (intentar) referirnos a otra cosa.

Uno de los aspectos centrales a la hora de analizar los (no) aprendizajes de nuestr@s estudiantes es la motivación, un término ambiguo sobre el que se ha escrito mucho, quizás demasiado, y que se usa para referirse a muchas cuestiones bien distintas y, en general, poco diferenciadas. Más allá de esto, y sin entrar ahora en un análisis detallado del concepto y de las implicancias (pedagógicas y no pedagógicas) que tiene el posicionamiento que tengamos sobre el mismo; algo parece ser bastante claro: es muy difícil encontrar estudiantes (todavía) motivad@s con (o por) docentes desmotivad@s.

En esta línea, Célestin Freinet (controvertido pedagogo francés del siglo pasado), dijo una vez que “Un educador que no siente gusto por su trabajo es un esclavo de su medio de sustento y un esclavo no puede preparar hombres libres”. Interesante, no? Podemos discutir (una vez más) la última mitad de la frase y si es o no el objetivo de la Educación (de l@s docentes, de la Escuela, de la Universidad) el “preparar hombres libres” pero la primera parte es indiscutible: l@s docentes que no sienten gusto y placer por su trabajo (l@s que lo padecen, l@s que lo sufren, l@s que tratan de evitarlo) son “esclavos” de su medio de sustento, son esclavos de la docencia, o algo así. Y eso, lamentable o afortunadamente, se nota.



Claro que esta generalización no es absoluta ni mucho menos. No somos poc@s l@s docentes que sentimos un profundo placer por lo que hacemos, que disfrutamos de cada encuentro con nuestr@s estudiantes y que nos sentimos afortunad@s de poder realizar la apasionante tarea que nos tocó en suerte. Sobre esto hay una muy interesante idea que Sir Ken Robinson (el pensador británico mundialmente conocido por sus famosas y recomendables presentaciones en las TED) desarrolla en su libro “The Element”. La idea dice que “The Element es ese punto en el que se encuentran o entrecruzan el talento natural y la pasión personal. Es algo en lo que somos buen@s (y queremos mejorar) pero, fundamentalmente, es algo que nos apasionaAlgo de lo que podemos decir, sin dudar, que no es lo que hacemos, es lo que somos”.

Sir Ken Robinson asegura que cuando un@ encuentra eso (que en el que caso de much@s de nosotr@s es la docencia) ya no trabaja más, no es un trabajo, es otra cosa.

Lamentablemente, para much@s docentes, la docencia es su trabajo.