martes, 10 de septiembre de 2019

Así fui aprendiendo cómo aprender. Por Renata Di Tullio *


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 20 de Octubre de 2015:


Hace 17 años que vengo aprendiendo. Para algunos, 17 años no es nada y para otros, fuimos contemporáneos a la época jurasica (cabe aclarar que con “otros” me refiero a los pequeños niños sin noción del espacio tiempo). Durante todo este tiempo tuve una gran diversidad de profesores, algunos que me enseñaron valores que conservo hasta el día de hoy y que pretendo tenerlos hasta el día en que sintetice mis últimos piruvatos, y otros que me enseñaron que la “pedagogía” no es algo que posean todos los seres humanos. Todos los chicos atraviesan una famosa etapa que los padres suelen llamar la etapa del “por qué” ya que el infante no para de cuestionar absolutamente todo con esas simples dos palabras (“pero, por qué mami?”, “y por qué?”, “por qué no papi?”. Es hasta el día de hoy que yo todavía no pude superar esa etapa.

Es por eso que una de mis mayores pasiones de la vida es la cienciatodos los científicos tienen en su interior un niño que jamás dejo de preguntar por qué. Esa curiosidad intrínseca del ser humano es lo que me motiva a jugar con los conceptos que la vida me ha dejado adquirir con el tiempo. Muchas veces este niño interior es callado por el contexto en el que uno se forma a nivel académico (y personal) y ese silencio priva de la posible admiración de la belleza de este basto edificio construido a partir de la curiosidad que rodea al individuo quien ignora su existencia y desconoce todas las maravillas que pueden esconder los múltiples universos que envuelven los simples fenómenos cotidianos.

Una vez tuve un docente (actualmente “DT de mi incentivo académico”) que logró despertar en cada uno de nosotros esa llama ahogada por el dióxido de carbono que emana todo aquel profesor que nos ha negado la cara divertida de la ciencia. Es por eso que quería dedicar un párrafo de agradecimiento a todo ese tiempo libre y no libre que este docente le dedicó a todos y cada uno de sus estudiantes. Porque ya lo sabemos, podemos ser cansadores, molestos, podemos no entender las cosas, pero si hay algo más difícil que hacer que un estudiante entienda algo, es lograr que un estudiante quiera entender algo. Nosotros queremos que nos enseñen con la misma pasión y dedicación con la que nos enseña este docente. Ojalá que todos los estudiantes de este país puedan tener el privilegio de tener un profesor que no solo demuestre interés en la materia si no que también demuestre interés en el alumno. Hay que tener talento para lograr que sea interesante una piruvato deshidrogenasa!

En fin, gracias a este docente pude lograr muchas cosas, entre ellas una monografía con respecto a la Educación que presente para las Becas Balseiro y que el autor del presente blog me invito a subir hace unas semanas a “Asi fuimos aprendiendo”.

Y así fui aprendiendo cómo aprender

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