martes, 30 de abril de 2019

Cada clase como una experiencia única e irrepetible, con docentes memorables que, colectivamente y en constante movimiento, transforman y se dejan transformar por la diversidad y la heterogeneidad de trayectos. “Los 5 libros para tu (trans)formación” de Carina Lion.


En este 2019, el Blog #AsíFuimosAprendiendo incorpora una nueva “sección” en la que referentes del campo educativo, docentes y estudiantes nos invitan a leer 5 libros que les (trans)formaron, les conmovieron, les ayudaron a repensar sus prácticas o que, por algún motivo, creen que estaría bueno que otres docentes (y otres estudiantes) preocupades por “la Educación” y los aprendizajes, los leamos.
En esta entrada es un placer publicar “los 5 libros para tu (trans)formación” de Carina Lion *.

        
A lo largo de treinta años de docencia, son muchos los libros que me han marcado; que han dejado huellas profundas en mis modos de comprender la enseñanza y en las construcciones que dotan a la profesión docente de una complejidad recursiva; dilemática en ocasiones, pero siempre apasionante. Exactamente treinta años después de iniciarme en la docencia, la sigo abrazando y me sigo dejando abrazar por ella. No me concibo de otro modo que en clase (sea un aula, un pasillo, una conversación en un bar, o mediada tecnológicamente). Cada clase es un mimo, una nueva ilusión, un motivo de estudio, una expectativa, un horizonte de posibilidad. Cada encuentro con estudiantes, tesistas, colegas; un espacio de aprendizaje permanente. Este carácter inacabado e interpelador lo he encontrado en cada uno de los libros que elijo en esta ocasión para compartir con ustedes. Espero que disfruten como yo de su lectura, que se dejen enredar en los hilos de sus tramas y que se dejen atravesar por sus ideas.  No están en orden cronológico. Están en el orden en que vinieron a mi mente.



“Enseñanzas implícitas”, de Philip Jackson (1999).
Es curioso. Este libro trata sobre el carácter transformador de la enseñanza a la vez que nos transforma con su lectura. No siempre encontramos un libro cuyas palabras calan hondo y se resisten a salir de nuestros cuerpos. ¿Qué enseñamos cuándo enseñamos? ¿Qué hay de implícito en nuestra enseñanza? ¿Qué recordamos de nuestros/as mejores docentes? El libro, entre otras cosas, nos ofrece una puerta a las huellas que han dejado en nosotros, los y las docentes memorables. Nos invita a proyectarnos como docentes, ¿qué marcas dejan nuestras enseñanzas en otros/as?, ¿qué nos transforma cuando enseñamos?. Estas marcas son éticas, epistemológicas, cognitivas, emocionales; en fin, de todo tipo. 

“La educación, puerta de la cultura”, de Jerome Bruner (1997).
Conocí personalmente a Bruner gracias a un viaje que hicimos con Edith Litwin en 1996. Fue una experiencia única. Bruner nos contó numerosas historias, anécdotas, relatos. Era un excelente narrador. En su extensa vida (100 años) escribió numerosos libros, todos maravillosos. Pero, este libro me marcó especialmente. Estamos constituidos por relatos; la narración es una forma de pensamiento y una expresión del mundo de una cultura, es situada, contextual, epocal y transepocal. Tal como recupera Edith en “El oficio de enseñar” (2008), narrar experiencias para construir escenas transformadoras. En cada uno de los postulados que propone Bruner en este libro (el perspectivismo, el interaccionismo, la externalización, el constructivismo, la identidad, entre otros), encontramos una partícula de comprensión de nuestro ser docentes; es una invitación a entender la enseñanza como “puerta de la cultura” y en este sentido, crearla y recrearla para “hacer epopeya” en el contexto en que nos toca vivir.
 
“Una pedagogía moderna de sentido común. Los dichos de Mateo”, de Celestin Freinet (1996).
Este es un libro especial para mí. Comentaba sobre las marcas que deja la enseñanza; sobre los maestros memorables y mi maestra memorable fue Edith Litwin (marcó mi ser docente como a tantos otros). Edith leía en clase un relato de este libro: “Las águilas no suben por la escalera”. Ella me regaló este libro antes de morir. Me puso una dedicatoria en una letra difícil de leer: “Querida Cari. Vos sabés cuánto quiero este libro. Es mi regalo para vos. Con amor”. Edith sabía que lo iba a cuidar usándolo y reusándolo. Es mi manera de homenajearla. El autor pertenece a lo que se denominó escuela moderna francesa; la escuela nueva; aquélla que vino a provocar las bases de la pedagogía tradicional. Este libro nos invita a ser creativos; a diseñar cada clase con ilusión y transgresión. Por eso recupera las huellas de mi maestra a través de este regalo. Cada clase es una experiencia irrepetible. Es un desafío constante para nuestra enseñanza.

“Procesos cognitivos y curriculum. Una base para decidir lo que hay que enseñar”, de Elliot Eisner  (1987).
En el mismo viaje en que conocimos personalmente a Bruner, conocimos a Elliot Eisner. ¿Qué me gustó de este encuentro? Eisner no fue sólo un pedagogo e investigador en temas de enseñanza. Eisner pintaba. De ahí su interés por la enseñanza del arte; por fortalecer “el ojo ilustrado”, por comprender el papel de los sentidos, de la experiencia y de la percepción en la construcción de los conceptos. De Eisner, y de este libro en particular, aprendí la idea de “las formas de representación”, el concepto más profundo de enseñar para la diversidad, la heterogeneidad cognitiva y de trayectos. Nuestros sentidos nos ayudan a potenciar las experiencias; pero rara vez los incorporamos en nuestras aulas. Las formas de representación dan cuenta de diversos modos en que se construye el conocimiento y en que se transfiere, a la vez. Aprendemos de manera diferente, a pesar de la insistencia en evaluar bajo determinados parámetros (que en general no incluyen la diversidad). Tenemos visiones limitadas del aprendizaje y de la evaluación. Eisner nos invita a ampliar la mirada hacia el multialfabetismo; las maneras variadas de aprender, de comprender la evaluación y por tanto, la enseñanza.

“Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación”, de Alessandro Baricco (2009).
Me dedico a la tecnología educativa. Y si bien los libros elegidos hasta acá no refieren particularmente al campo de la tecnología educativa, atraviesan sus modos de comprenderlo desde perspectivas especialmente didácticas y cognitivas. En este caso, este libro aporta una perspectiva sociocultural acerca de las mutaciones. Nada más vigente, en mi opinión, y más actual que entendernos en permanente mutación. ¿Quiénes son los bárbaros en nuestros escenarios contemporáneos? ¿Y cuáles los rasgos de esta barbarie? La experiencia, la espectacularidad, la nostalgia, la autenticidad, entre otros rasgos que nos marcan en la actualidad pueden ser rasgos relevantes para revisitar nuestra enseñanza. ¿Qué lugar ocupamos en esta mutación? ¿Qué lugar queremos ocupar? No dar nada por sentado; el conocimiento en su provisionalidad en la máxima potencia; los movimientos y los colectivos como expresiones políticas que nos convocan a seguir mutando. Soy docente de un equipo, en #TecnoEdu. No me concibo en soledad. Somos docentes en un colectivo, en movimiento y en permanente crecimiento. El cierre a partir de esta lectura, es a seguir fortaleciendo nuestros lazos como docentes.

* Carina Lion es Doctora en Educación (UBA), Profesora en Ciencias de la Educación y Especialista en formación de formadores (FFyL-UBA), Profesora Adjunta Educación y Tecnología e Informática y Educación (FFyL-UBA), investigadora (UBA) y autora de “Imaginar con tecnologías”, entre otras publicaciones.

lunes, 29 de abril de 2019

Rompiendo, desde adentro, las estructuras del paradigma. Entrevista a Miguel Huguet *



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 14 de Mayo de 2013:

Al comienzo de la entrevista, Miguel propone responsabilidades compartidas por docentes y estudiantes y pone de manifiesto el valor (pedagógico) de la duda y la relevancia del planteo de preguntas y de la búsqueda de respuestas.

·Miguel, ¿Cuáles son tus objetivos cuando comenzás una cursada?
·Los objetivos que yo tengo cuando comienzo una cursada son aquellos que me ayudan a que los alumnos entiendan la materia. Decir que los alumnos entiendan suena a que la responsabilidad de ese entendimiento recae en el alumno, pero no. En mi caso espero que salgan de la cursada (y de la materia) con algunas dudas claras y concretas. Las materias que yo dicto (Genética Básica y Virología Animal) son materias netamente básicas y que tienen un fuerte componente molecular y eso genera muchas incógnitas en los alumnos. Mis propósitos apuntan a que se planteen esas incógnitas y después buscar las maneras de contestarlas.


A la hora de hablar de prácticas, herramientas o estrategias, surge un concepto central de la práctica docente: el (buen) humor. Miguel también reflexiona sobre uno de los recursos más efectivos para motivar a l@s estudiantes y captar su atención: el uso de objetos concretos y reales (como una cuerda) que sirvan para tratar de “ver” lo que estamos diciendo.


·¿Cuáles de tus propias prácticas, herramientas o estrategias resultan más exitosas como instrumentos facilitadores de los aprendizajes de tus estudiantes?
·Creo que dentro de mi práctica docente mi estrategia más exitosa es el uso del humor. Son medio payaso y logro que los alumnos presten atención por medio del humor. Yo sé que es un arma de doble filo porque puede desviarse la atención del alumno a la gracia y no a la información que planteo desde el humor. A la hora de explicar algún tema abstracto de genética trato de representarlo en el frente con la colaboración de los alumnos, por ejemplo: la explicación del superenrollamiento positivo de la doble hélice de DNA. Solía llevar al aula una cuerda y generaba una representación de las distintas enzimas y proteínas involucradas en el evento. Para ello, utilizaba alumnos en el papel de las enzimas y les preguntaba qué función tendrían en el evento (no sé, topoisomerasas, helicasa, etc.). De esa manera trataba de fijar los conceptos.

Uno de los aspectos que suele preocupar a los docentes es la relación y la proporción docentes/estudiantes y estas dos, a veces, van de la mano. Aunque no siempre es así, mejores proporciones docentes/estudiantes deberían facilitarnos el trabajo de construir mejores relaciones docentes/estudiantes (saliendo de lo que Miguel llama “un esquema muy chato y aburrido”) y logar así un vínculo basado en la confianza.


·Miguel, si pudieras agregar, quitar o cambiar aspectos concretos de tu práctica docente diaria, ¿qué cambiarías?
·Cambiaría la cantidad de alumnos por docente, no se llega a conocer a los alumnos y los alumnos no llegan a entrar en confianza (bien entendida) con el docente para bajar la guardia y relacionarse en forma concreta y relajada. La relación docente alumno es desigual, ellos esperan que nosotros le “demos” la información y nosotros esperamos que ellos la “tomen” y la “incorporen” y hasta la quieran en algunos casos. Bueno, ese esquema es muy chato y aburrido. Si pudiésemos charlar más y repetir menos información estaríamos generando una mejor transferencia de conocimiento.


·Si tuvieras que recomendarle a otr@s docentes un libro, una canción o una película que considerás “relevante” para mejorar nuestra práctica docente, ¿qué libro, canción o película nos recomendarías y por qué?
·No estoy muy seguro, pero considero que no dar las cosas por obvias mejoraría mucho nuestra práctica docente. En este sentido, alguna novela de intrigas de Chesterton, o Conan Doyle estarían bien. Tal vez, “El club de los negocios raros” de Chesterton. El humor, como ya dije, es un componente importante en mi actividad docente por lo que este tipo de novelas de sutil humor inglés pueden ayudar. Por otro lado, no dar por sentado o dar por obvio las cosas es un punto importante de la actividad docente, una película inteligente en ese aspecto puede ser “Los sospechosos de siempre”.


Para terminar, Miguel propone una idea más que interesante, que tiene que ver con trabajar dentro de un paradigma para romper sus propias estructuras. Un concepto que trabajamos varias veces en este Blog, con ejemplos como la trilogía de Matrix o la contracultura que hacen ciertos medios emergentes de comunicación. Esta cuestión tan clásica en las discusiones sobre Educación de la (deseable) tensión entre “lo que se conserva”, “lo que se destruye” y “lo que se transforma”.


·Miguel, ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
·El objetivo de la Educación es la formación de los individuos dentro del paradigma en el que viven en el momento en que son educados, y eso está bien, pero creo que“debería ser” favorecer el pensamiento crítico y la imaginación. Dicho pensamiento crítico, inevitablemente, también está dentro del paradigma. Romper esas estructuras a las que llamamos paradigma es fruto de la educación.


* Miguel Javier Huguet es Veterinario, egresado de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA el siglo pasado. Es Magister en Biotecnología y doctorando de la UBA y se encuentra cursando el segundo año de la Especialidad en Docencia Universitaria. Se desempeña como docente de las materias Genética Básica (desde 1994) y Virología Animal (desde 2008). En ambas cátedras también participa en diferentes proyectos de investigación. También es tutor académico de alumnos de primer año de la carrera de Veterinaria (UBA).


viernes, 26 de abril de 2019

Que la tortilla se vuelva.



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.


La siguiente entrada fue publicada el Martes 7 de Mayo de 2013:

Hoy les proponemos (re) pensar un poco cuatro o cinco términos que son de gran importancia en nuestra tarea y que usamos, a veces, (casi) sin pensar: “evaluar”, “aprendizajes”, “planificar”, “enseñanza” y “reflexionar”.

¿Cómo? ¿No es eso lo que el Blog propone hace ya más de un año? Sí, pero hoy lo vamos a hacer de otra manera, digamos “desde otro lugar” o, mejor dicho, poniendo las palabras en otro lugar, en otro orden. Aún así suena a una tarea titánica pero esta idea de cambiar el orden de las palabras tiene que ver con un recorte bastante particular que acota (en mucho) el análisis y lo convierte en, digamos, posible.

Es por eso que en este texto no vamos a definir los términos “evaluación”, ni “aprendizajes”, ni “planificación”, ni “enseñanza”. Ni siquiera vamos a profundizar en lo relevante que resulta, en nuestras prácticas docentes, el posicionamiento que tengamos sobre esos términos. La idea es, simplemente (pero de una manera no tan simple), invertir el orden en que esas palabras suelen aparecer y ver qué pasa.

Antes de ver cómo podríamos “re-ordenarlas” para el ejercicio que queremos proponerles en esta oportunidad, l@s invitamos a pensar cómo suelen aparecer “ordenadas” o combinadas estas cuatro palabras. Lo más habitual o lo más fácil pareciera ser juntar “evaluación” con “aprendizajes” y “planificación” con “enseñanza”. Veamos.

Se ha escrito muchísimo sobre “evaluación de los aprendizajes” y está muy bien. Tod@s coincidimos (aunque no siempre en los cómo, los cuándo, los dónde, los porqué o los para qué) en que “evaluar los aprendizajes” de nuestr@s estudiantes es una de nuestras tareas docentes y, por cierto, una muy importante. También es probable que tod@s coincidamos (aunque no siempre en los cómo, los cuándo, los dónde, los porqué o los para qué) en lo relevante que resulta (tratar de) “planificar la enseñanza” y reflexionar sobre ella.

Sobre estas dos tareas se ha hablado y escrito mucho, incluso desde este lugar hemos analizado (o intentado analizar), en alguna ocasión, aspectos relacionados con las mismas. Ahora, ¿qué pasaría si cambiamos el orden de las palabras? Entonces tendríamos que preguntarnos por dos (nuevas) tareas bien distintas y (al menos) tan importantes como las anteriores: “evaluar la enseñanza” y (tratar de) “planificar los aprendizajes” y reflexionar sobre ellos.

Como cambia el sentido, no?

En esta (nueva) manera de pensar (y de actuar) tendríamos que imaginar (y utilizar) estrategias para “evaluar” nuestros objetivos, nuestras prácticas, nuestras propuestas; así como su relevancia, su pertinencia, su eficacia y, si fuera necesario, tendríamos que utilizar los resultados de esa evaluación para tomar decisiones fundamentadas de mejoras y cambios. Del mismo modo, deberíamos intentar planificar qué, cómo, cuándo y dónde aprenden nuestr@s estudiantes; lo que es, evidentemente, muy difícil y nos veríamos obligados a reflexionar sobre lo que real y efectivamente aprendan y a analizar las diferencias con lo que planificamos o esperábamos.

¿Es más trabajo? Sí. ¿Es más complejo? Sí. ¿Lleva más tiempo? Sí. ¿No podemos “copiar y pegar” de una planificación vieja o de “la prueba del año pasado”? No. Pero puede sernos de gran ayuda para mejorar nuestras prácticas y ser cada vez más facilitadores de aprendizajes, cada vez más significativos, en nuestr@s estudiantes, cada vez más autónomos.

L@s invitamos, entonces, a invertir la lógica: evaluar la enseñanza y (tratar de) planificar los aprendizajes y reflexionar sobre éstos.

jueves, 25 de abril de 2019

La lupa en el docente: La evaluación. Por Matías Tellado *



En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 30 de Abril de 2013:



La evaluación es un aspecto de nuestra tarea docente que se puede abordar desde muchas ópticas, en este caso opté por enfocarme en la evaluación de acreditación o evaluación final de una asignatura universitaria, poniendo énfasis en el rol docente y asumiendo que independientemente del marco formal de la evaluación, resulta interesante y necesario reflexionar sobre los aspectos sociales de la instancia de evaluación.

¿Evaluamos con el programa de la asignatura o evaluamos con un criterio personal basado en los contenidos? Aún si el programa fuera deficiente, ¿debería ser tenido en cuenta o podemos tomar la evaluación como algo más informal? ¿Qué le preguntamos a un estudiante, cuál es el fin de la pregunta? ¿Qué es lo que queremos evaluar? ¿Cómo resolvemos los conflictos que se suscitan en el examen? ¿Qué pasaría si sospechamos que la respuesta fue aprendida memorísticamente o el razonamiento fue trasladado de un libro o de la clase en forma literal? ¿Nos alcanza? ¿Sería problema del estudiante, del docente o es problema de la pregunta?

Estas preguntas deberíamos hacérnoslas los docentes antes de asumir la tarea de evaluación, de forma tal de tener una idea de antemano del enfoque y estilo del examen del que vamos a participar. A veces, damos por sentado que los estudiantes se han preparado, durante el desarrollo de la asignatura, para el estilo de evaluación más allá del contenido.

Algunos docentes, tratamos de tener un esquema mental general de la situación de examen, de forma tal de ponderar por un lado los requerimientos de la estructura pedagógica de la cátedra y por otro lado nuestras convicciones personales. Más allá de esto consideramos también el enfoque que tuvo la enseñanza que se brindó a los estudiantes durante el curso. De éste complejo análisis surge tan solo una calificación numérica de los aprendizajes de los estudiantes. Solo eso. Es un proceso complejo, social, humano, profesional y emocional del que paradójicamente se desprende una calificación numérica.

Teniendo en cuenta esta situación, el objetivo principal de los docentes en la evaluación es calificar numéricamente la instancia de examen, como una representación de los aprendizajes del estudiante en el área evaluada. Esto dejaría de lado todo lo que incurra en sesgar esa representación ya sea por no ser considerado un aprendizaje, o por no pertenecer al área en cuestión.

Como todos los docentes que cuestionan y reflexionan sobre su tarea, hemos experimentado situaciones en algunos casos incómodas, que surgen durante un examen y que nos hacen cambiar el estilo, o el enfoque del examen. Por ejemplo la situación en la que aún luego de hacer 20 preguntas; uno, como docente, no puede ser capaz de colocar una nota que represente los verdaderos aprendizajes del estudiante, o la situación en la que uno se da cuenta que el estudiante adquirió los aprendizajes pero no le resulta posible avanzar en un tema, o le cuesta mucho expresarse, o que siempre contesta las preguntas acercándose al concepto pero nunca, a nuestro juicio, de forma exacta. Los docentes somos responsables de esto ya que se empieza a hacer difícil preguntar, las preguntas pierden calidad y las respuestas son temerosas, los estudiantes piensan con mucha angustia, contestan de forma apresurada, intentando finalizar el examen lo más pronto posible, no discuten, caen en silencios que los angustian aún más y se establece en la mente del docente (y del estudiante) una situación dicotómica entre aprueba o desaprueba, eso nos deja ciegos de objetivos, se pierde el buen gusto, el agrado, se pierde la paciencia, el clima se incomoda y molesta a todosSe pasa rápidamente al rol de “detector de errores”de forma que la decisión termina siendo por un acúmulo de errores o aciertos. Esto pasa. Es triste pero en esta situación, en la que el juicio se pierde se nota aún más la asimetría entre el docente y el estudiante, y es aquí donde se suele caer en una puja en la cual el estudiante no tiene en ningún caso la última palabra.

Mi propuesta es no llegar nunca a esta instancia, hay que tener un “plan b” para no someter al estudiante a esta situación. Según el caso, por ejemplo un examen más diagramado y ordenado podría ayudar al estudiante a ubicarse en los temas, antes de establecer vínculos entre ellos, de hecho tanto los libros como nuestras estructuras mentales tienen un orden, y mezclar, integrar y desenvolverse con soltura en el desorden no hacen a la calificación que debemos realizar como docentes. Decir en voz alta y con soltura el abecedario al revés es una virtud de pocos y esto no denota ningún rasgo de integración, vinculación o inteligencia para mí valorable. En otros casos tal vez sea factible un examen más relajado, mas dialogado, sin preguntas y respuestas tan directas, asemejándose a una charla de expertos, donde el tema está dado por la asignatura misma, y los expertos resultan ser el docente y el estudiante. Funcionaría con algunos estudiantes que dispongan del carácter, la seguridad y el conocimiento para poder adoptar sin presión este rol más activo.

Tener en cuenta que el rol docente nos pone en una posición asimétrica, que debe ser tomada con sumo respeto y responsabilidad. Un docente puede sin vacilar desaprobar a un estudiante que no lo merece y puede generar un daño personal muy significativo en un individuo si en un examen se actuara de forma injusta o cruel. Debemos acordarnos que los estudiantes son nuestra razón de ser, si un docente sintiera recelo, molestia, incomodidad, ira o fastidio, debería separarse del equipo y solo ocuparse de tareas “objetivas”, que tengan un rol “no social”. Debe ser valiente y reconocer que puede estar siendo injusto.

Invito a los docentes a que reflexionemos sobre la forma, la estrategia y la actitud en el examenTomémonos un tiempo para revisar nuestro rol y nuestra responsabilidad. No nos olvidemos que nos toca la compleja tarea de calificar numéricamente un examen que resulta ser un evento social y que lamentablemente, en nuestro sistema de acreditación universitaria, esa nota será la única representación de los aprendizajes.

Matías Tellado es Veterinario y docente de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA. Descubre día a día una gran pasión por la docencia y la oncología. Siempre elije el camino más complejo para evitar el aburrimiento. Lo caracteriza el buen humor. Lo encontrás en www.vetoncologia.com