martes, 29 de septiembre de 2020

Rascarse donde no se aprende (o Enseñar donde no pica).



Como docentes nos preocupan (y nos ocupan) muchas cosas y eso está muy bien. En esta entrada queremos invitarnos a reflexionar (un poco) sobre qué (no) nos preocupa y qué (no) nos debería, tal vez, preocupar. Y queremos hacerlo en forma de preguntas, queremos rascarnos donde no pica.

Para hacerlo de un modo bien amplio, al menos al principio, al menos hasta disparar algo, al menos hasta que “pique” y/o nos rasquemos (pique o no), algunas preguntas/preocupaciones/cuestiones podrían ser: “qué” enseñar, “cómo” enseñar, “para qué” enseñar y “desde dónde” enseñar. Claro que hay muchas otras preguntas/preocupaciones/cuestiones pero para que esta entrada no sea tan larga hagamos (por ahora) el “ejercicio” de repensar éstas. Incluso el “ejercicio” podría ser “ordenarlas” según su importancia o según cuánto nos preocupan y nos ocupan. Sí, ya sé, que todas (en mayor o menor medida) son importantes y nos preocupan (y ocupan) pero el “ejercicio” podría ser preguntarnos, como decíamos al principio, cuáles nos preocupan más (o menos) y por qué y cuáles deberían preocuparnos más (o menos) y por qué.

Está perfecto que haya quienes se preocupan por (y se ocupan del) “qué” enseñar (y del “qué” aprender) y, en parte, entendemos (y compartimos) esa preocupación ya que la Educación se trata de “enseñar” y para eso tiene que haber un “algo” para enseñar, para “mostrar”. El tema es que ese “algo” es el mundo (ese mundo del que habla Hannah Arendt en ese corto pero bellísimo texto) pero ese mundo incluye muchas cosas y, en esa práctica de “dar a leer, dar a escribir y dar a pensar” casi que cualquier “qué” del mundo podría ser un buen pre-texto y servir para enseñar a “poner atención” y a “estudiar” (que no es memorizar) y por eso ese “qué” nos preocupa poco. No quiere decir que no nos importe, eh, nos importa y mucho, pero nos preocupa poco.

Hay quienes muestran una gran preocupación por (y se ocupan del) “cómo” enseñar (y “cómo” aprender) y también es entendible ya que hay un “saber” que le es propio a nuestra práctica y ya que la pedagogía es fundamental en esto de democratizar, no sólo el acceso y la permanencia de les estudiantes en las instituciones educativas, sino también de inventar dispositivos para que, efectivamente, aprendan y para que ese “enseñar” sea, efectivamente, para todes (y para cualquiera) y, justamente por eso, ese “cómo” nos preocupa algo.

Es más raro de encontrar pero también hay quienes se preocupan por (y se ocupan del) “para qué” enseñar (y “para qué” aprender) y eso nos gusta más ya que en esa pregunta/preocupación/cuestión empieza a aparecer algo más filosófico, algo que tiene más que ver con (re)pensar(nos) y (re)pensar nuestras prácticas, algo que nos lleva de nuevo a Hannah Arendt y a la idea de ese “doble amor” del que ya hablamos en otra entrada y, entre otras cosas, por eso, ese “para qué” nos preocupa mucho.

Y, finalmente, están quienes se preocupan por (y se ocupan del) “desde dónde” enseñar (y “desde dónde” aprender) y ahí tenemos una gran coincidencia ya que nos parece fundamental reflexionar sobre la posición (y el posicionamiento) desde dónde realizamos la tarea docente, desde dónde enseñamos y desde dónde nos pensamos como docentes. Probablemente esta pregunta “incluya” a la anteriores ya que, como nos enseñó Jacques Ranciere en “El maestro ignorante”, no son los contenidos ni las metodologías sino los principios (que subyacen lo que hacemos) los que definen a una práctica como emancipadora o embrutecedora. Siguiendo esa lógica, ese “desde dónde” nos preocupa muchísimo.

Es decir que, por ahora, provisoriamente (y siempre en revisión), a algunes nos preocupa poco “qué” enseñar (y “qué” aprender), algo “cómo” enseñar (y “cómo” aprender), mucho “para qué” enseñar (y “para qué” aprender) y muchísimo “desde dónde” enseñar (y “desde dónde” aprender). Pero habrá que ver qué les ocurre a ustedes.

Es probable que no tenga mucho sentido intentar “ordenar” estas (y otras) preguntas/preocupaciones/cuestiones en función de cuánto nos preocupan (o cuánto deberían preocuparnos) y es probable que nos estemos rascando dónde no pica pero dice el (re)conocido filósofo Darío Sztajnszrajber que la Filosofía es algo así como “rascarse donde no pica” y todes sabemos que si nos rascamos donde no pica, empieza a picar. En Educación también hay algo de eso y, tal vez por eso, la Filosofía de la Educación es una constante invitación a pensar, a leer, a escribir, a preguntar(se), a rascarse donde no pica.

No tenemos muchas respuestas, elegimos (en esta entrada) proponernos reflexionar (un poco) con preguntas como una manera de rascarnos donde no pica porque si la filosofía se trata, entre otras cosas, de “rascarse donde no pica”, tal vez la Educación se trate, entre otras cosas, de enseñar donde no se aprende y todes sabemos que si (se) enseña donde no (se) aprende, (se) empieza a aprender.


NdR: Esta entrada fue escrita (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería escrita de otra forma y diría otras cosas.

martes, 15 de septiembre de 2020

¿Cómo aprende Bianca? Deconstruyendo las formas de aprender.



En este 2020 el Blog espera, una vez más, incorporar nuevas maneras de reflexionar sobre la Educación y los aprendizajes. Además de las (ya habituales) notas de opinión, de las entrevistas (a docentes y estudiantes), de los textos escritos en colaboración, de las microentrevistas en video y de los #5Libros para tu (trans)formación, queremos seguir (re)pensándonos a partir de textos que reflexionen sobre “cómo aprendemos”.
Como dijimos en entradas anteriores, pareciera ser que muches docentes creemos (con las mejores intenciones) que debemos ser facilitadores de los aprendizajes y obramos o creemos que obramos (en consecuencia) con el objetivo de que nuestres estudiantes aprendan.
Sin embargo, no tenemos muy en claro “cómo se aprende”, qué hacen nuestres estudiantes para aprender o cómo hacen nuestres estudiantes para aprender en nuestras materias.
Es por eso que nos proponemos darle una vuelta de tuerca a esta reflexión a partir de relatos, en primera persona, que den cuenta de cómo aprendemos o cómo aprenden les estudiantes, con el objetivo de ser mejores facilitadores de esos aprendizajes (cada vez más significativos) en nuestres estudiantes, cada vez más autónomes. En este caso la reflexión es a partir del relato que gentilmente escribió Bianca Castellucci *.

Para empezar, Bianca reivindica un término que suele ser bastante atacado (y desde este Blog bastante defendido) que es la “memoria” y, como lo hará en el resto de la entrada empieza a criticar los modos de evaluación: “mi forma de aprender se basa en la memoria y no en el razonamiento. Cuando estudio, releo muchas veces el material para que se me vaya fijando, también me sirve contárselo a alguien y si estudia lo mismo que yo, mejor, así complementamos nuestros aprendizajes. Elijo aprender de memoria porque toda mi vida tuve mucha memoria para todo y sé que no me traiciona, además, algunos docentes buscan exactamente lo que está en el material de estudio y no lo que (en mi caso) la alumna realmente quiere demostrar de su conocimiento del tema a evaluar. Y también porque no me considero una persona que utilice la lógica y temo mucho que mi razonamiento sea erróneo”.

Cuando reflexiona sobre sus aprendizajes “no académicas”, Bianca pone el foco en la perseverancia y en la motivación que le genera el interés por lo que está aprendiendo: “cuando aprendí a andar en bicicleta mantuve, y mantengo, la perseverancia. Me invitan a aprender las cosas que me interesan. Me ambiento en el tema, lo pienso, y resalto en lo que quiero llevarme. Muchos aprendizajes de la vida son mucho más complejos que muchos aprendizajes académicos y para ambos, la perseverancia es un valor que rescato mucho. Pongo en jaque a la perseverancia constantemente para ver que tanto estoy interesada en el tema en particular, si deja de interesarme, dejo de persistir en ello, pero no es opción que sea de mi interés y dejar que mis emociones o circunstancias me desanimen a cumplir mi meta”.

Cuando compara aprendizajes “académicos” y “no académicos”, Bianca incorpora un término fundamental que es el de “experiencia” (aunque lo uso más como una “experimentación”) y profundizando un poco más en estas diferencias, y relacionándolas con la siempre controversial “evaluación”, Bianca vuelve a la carga contra lo que ella denomina “el sistema educativo”: “una de las diferenciases que encuentro es que para el aprendizaje escolar recurro a la memoria y para el aprendizaje de la vida, a la experiencia. No puedo experimentar qué se siente ser una función exponencial y sentir que estoy muy cerca de la asíntota, aunque jamás pueda tocarla (ojalá se pudiera, sería divertido) pero sí puedo experimentar el amor de una amiga, el enojo de mi hermano, el dolor al caerme por dar mis primeros movimientos en la bici o la frustración por no entender el punto isoeléctrico. Y, como mencioné, para los aprendizajes de la vida, en la medida que podemos, elegimos qué llevarnos a nosotros mismos para crecimiento personal mientras que para un parcial, no optas, tenés que incorporarlo aunque sea temporalmente, para que con una pregunta te evalúen si la asíntota de una función exponencial es vertical u horizontal y ya está, una vez pasada la prueba, al sistema educativo no le importa si lo sabés o no. ¡Con saberlo para el Martes 7 de Julio, ya lo sabés! El sistema educativo y la vida nos proponen contenidos para que nosotros, como seres alfabetos, los incorporemos y la diferencia principal entre ambos es que el sistema está lleno de pruebas y la vida de demostraciones de aprendizaje. Las pruebas sirven para que alguien que conozca una materia en especial, seleccione determinados temas y de ellos, las preguntas que a su criterio son las más relevantes plasmados en papel, que, en un breve período de tiempo, te dicen cuanto vales en ese tema. En cambio las demostraciones de aprendizaje sirven para que vos, sí, quién está leyendo esto, te enfrentes al menú variado que te ofrece la vida y mediante el aprendizaje y no un método forzado del mismo puedas experimentar lo que se vive, sin que nadie te esté evaluando ni te ponga un puntaje de ello y que, si alguien lo tiene que hacer, que seas vos bajo tu criterio personal de que realmente aprendiste la lección”.

Finalmente, Bianca nos deja una interesante reflexión (que le generó la propuesta de escribir este texto) para seguir (re)pensado(nos) y repensando nuestras prácticas de enseñanza y una interesante invitación a “deconstruir el aprendizaje”: “Hay una frase de la Universidad Abierta Interamericana que, por más que no esté de acuerdo totalmente con la educación privada, es oportuna al caso y dice ‘Aprender es mucho más que estudiar’. Pero ¿qué es aprender? Aprender es la acción que tiene cada individuo en procesar información, pensarla, analizarla y rescatar algo productivo en ello. Y ¿qué piensa la escuela del término? Que es la acción y el deber del estudiante en procesar como es una función exponencial, pensar la gráfica, analizar el crecimiento y rescatar que el dominio son todos los reales pero ¿no hay ahí un error de concepto? ¿Eso no es estudiar? ¿No es memorizar características de un tema? Nuestro deber, como estudiantes, o como docentes, no es declararle la guerra al sistema educativo sino deconstuir la forma de aprender, cambiarla, innovarla, pensarla, transformarla, para que sea eficiente y productiva”.


* Bianca Castellucci (biancastellucci en Instagram) es alumna de 6 año de la Escuela Agropecuaria de la UBA. Feminista y pensativa, le gusta mucho aprender y formarse todo el tiempo como persona y estudiante. Disfruta mucho de ver películas, leer, dormir la siesta, pasar tiempo con sus gatos, amigxs y familia. Quiere estudiar Biología Celular y trabajar en muchas investigaciones. En algún momento, le gustaría dar una charla TED sobre los errores de la educación secundaria y el impacto en el adolescente.


NdR: Esta entrada fue escrita (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería escrita de otra forma y diría otras cosas.

martes, 1 de septiembre de 2020

Paciencia, empatía e inquietud para impulsar una voluntad hacia un aprendizaje peligroso. (Entrevista a Matías Paz)


Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Matías Paz *.

En sus primeras reflexiones, Mati piensa en les docentes como personas involucradas en la (trans)formación de otras personas e incluye algunas preguntas interesantes relativas a esa formación: el “qué”, el “cómo” y el “por qué”. También recupera, como lo han hecho otres entrevistades en el Blog, la importancia de la motivación de les estudiantes y el efecto que sobre ella tiene, profesionalizar (“veterinarizar”, en este caso,) las propuestas pedagógicas que les hacemos.

  • Mati, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Creo que para esa pregunta hay tantas respuestas como docentes. En mi caso, y de una forma muy concisa, “ser docente” representa la oportunidad, el trabajo y la responsabilidad de participar en la (trans)formación de una persona. Como yo lo veo, esta “formación” comprende por un lado una dimensión netamente académica, el aprendizaje de contenidos de la materia y de la profesión (lo voy a llamar “el qué”); y por otro lado, una dimensión más profunda y significativa, que podríamos llamar “el cómo” y el “por qué”, y que incluye (pero no se limita a) la motivación, el uso del razonamiento, la lógica, la imaginación y creatividad, y el desarrollo de la inquietud y el pensamiento crítico.
  • ¿Cuáles de tus propias prácticas, herramientas o estrategias resultan más exitosas como instrumentos facilitadores de los aprendizajes de tus estudiantes y por qué creés que es así?
  • Recurro frecuentemente al uso de recursos que ayuden a conectar, de alguna manera, los contenidos con la “realidad” profesional: así, empleo videos e imágenes para ilustrar y acompañar determinadas clases, y situaciones problema diseñadas para contextualizar la discusión de ciertos contenidos. Encuentro una respuesta positiva con el uso de estos recursos, particularmente en lo que respecta a la motivación de los estudiantes por los temas tratados: encuentro mejor interacción y participación (ambos factores que favorecen el aprendizaje) con estas prácticas que con el uso de una clase “tradicional”. Para poner un ejemplo real, en nuestra clase de “regulación de la glucemia” discutimos el concepto de hipoglucemia crítica: la estrategia que utilizo en este caso es proyectar un breve video de un paciente real sufriendo un cuadro de hipoglucemia, y discutir con los estudiantes el cuadro hormonal y bioquímico imperante en ese caso, fomentando a los estudiantes a que propongan qué tratamiento implementarían para salvarle la vida.

A la hora de pensar en las características que deberíamos tener les docentes, Mati prioriza tres: la paciencia, la empatía y cierta “inquietud”, como impulso a cierta voluntad necesaria para aprender.

  • ¿Qué características creés que debería tener un docente para ser mejor como facilitador de los aprendizajes de les estudiantes?
  • Tres características personales son indispensables, en mi opinión, para llevar a cabo la labor docente. La paciencia y la empatía son dos de ellas: considero que cada estudiante es un individuo distinto, único, con sus propias motivaciones, inseguridades, ilusiones y formas de ver el mundo, y es necesario para el docente poder percibir y entender estas cuestiones, encontrando la manera de “direccionarlas” en favor del aprendizaje. Asimismo, considero a la inquietud como una condición fundamental de todo docente que se precie de serlo: “inquietud” que se opone al conformismo, la resignación o la comodidad de aceptar el orden de cosas establecido; inquietud como característica que nos impulsa a evitar la habitual zona de confort de aplicar fórmulas o “recetas” perpetuadas  y no cuestionar (frente a superiores, colegas, estudiantes, o sí mismos) la validez, vigencia o utilidad de éstas; inquietud que, en definitiva, impulsa la voluntad de (auto)superación.

Cerrando la entrevista, Mati nos recomienda algunos libros, películas y canciones (que van desde Aldous Huxley hasta Pink Floyd) y, además de caracterizar un cierto “deber ser” de “la Educación”, nos regala una interesante y potente frase de Alexander Pope.

  • Si tuvieras que recomendarle a otres docentes la lectura de un libro, una canción, una película o algún video, ¿qué nos recomendarías y por qué?
  • ¿Aparte de “Principios de Bioquímica” de Lehninger? Jaja. El libro que me viene a la mente es “Un mundo feliz”, de A. Huxley: una (¿ficción?) ubicada en un futuro distópico donde las personas son “fabricadas”, programadas y adoctrinadas para encajar en un orden social establecido, donde la “educación” se basa en un sistema de repetición memorística de frases (llamado “hipnopedia” en el libro) y donde cualquier forma de crítica o pensamiento original son vistos como un peligro para la sociedad. La película: “Whiplash” (2014), donde podemos reflexionar sobre las consecuencias de ciertas “prácticas” docentes (y quizá, recordar alguna situación similar que hayamos vivido). La canción (con video incluido): el doblete “The happiest days of our lives”+ “Another brick in the Wall, Pt. 2”, del eterno álbum The Wall, de Pink Floyd (véanla y sabrán por qué la recomiendo).

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Desconozco cuáles “son” los objetivos de la educación. Pero lo que creo que “debería ser” es proveer a las personas de las herramientas más poderosas y útiles de la humanidad, que son la inteligencia y el conocimiento. Al respecto, les comparto una reflexión que escribió Alexander Pope en el siglo XVIII: “A little learning is a dangerous thing” (“un poco de aprendizaje, es una cosa peligrosa”).

* Matías Paz tiene 30 años, es docente y veterinario. Trabaja como Ayudante de Segunda de la cátedra de Química Biológica, en la Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad de Buenos Aires, y practica la Clínica Médica en Pequeños Animales en el ámbito privado. Actualmente se encuentra continuando su formación, a nivel de posgrado, en docencia universitaria, clínica médica y Anestesiología.


NdR: Esta entrevista fue realizada (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería respondida de otra forma y diría otras cosas.

martes, 18 de agosto de 2020

Recorrer senderos de análisis para repensar lo pensado y revisar posiciones que, desde una interculturalidad crítica y entendiendo a la diversidad como algo que enriquece, milite por la ampliación (y concreción) de (más) derechos y oportunidades. “Los 5 libros para tu (trans)formación” de Susana Underwood.



En este 2020, el Blog #AsíFuimosAprendiendo mantiene esta “sección” en la que referentes del campo educativo, docentes y estudiantes nos invitan a leer 5 libros que les (trans)formaron, les conmovieron, les ayudaron a repensar sus prácticas o que, por algún motivo, creen que estaría bueno que otres docentes (y otres estudiantes) preocupades por “la Educación” y los aprendizajes, los leamos.
En esta entrada es un placer publicar “los 5 libros para tu (trans)formación” de Susana Underwood *.



“Cartas a quien pretende enseñar”, de Paulo Freire (2002).
Es el primer libro de Freire que tuve, y me lo regalaron tres estudiantes de la facultad a las que ayudé con un trabajo. Hasta ese momento había leído ideas sueltas o contadas por otres, pero esta fue mi oportunidad de zambullirme y descubrir que algunas de las cosas que yo pensaba o hacía por intuición tenían un sustento teórico en alguien como Freire. Les dejo uno de los tantos párrafos que tengo subrayados, y que me costó mucho seleccionar para esta ocasión con algunos agregados míos: “El aprendizaje del educador al educar se verifica en la medida en que el educador humilde y abierto se encuentre permanentemente disponible para repensar lo pensado, revisar sus posiciones; en que busca involucrarse con la curiosidad del alumno y los diferentes caminos y senderos que ella lo hace recorrer. Algunos de esos caminos y algunos de esos senderos que a veces recorre la curiosidad casi virgen de los alumnos están cargados de sugerencias, de preguntas que el educador nunca había percibido antes. Su experiencia docente, si es bien percibida y bien vivida, va dejando claro que requiere una capacitación permanente del educador. Capacitación que se basa en el análisis crítico de su práctica”.

“Como una novela”, de Daniel Pennac (2004).
Cuando tenía 12 años “descubrí” que no iba a poder leer todo lo que se había escrito en el mundo y me produjo una gran desazón. En la escuela primaria sacaba libros de la biblioteca todo el tiempo y leía cosas que ni siquiera me interesaban mucho (ay, “Espartaco”) pero el placer, el gusto estaba justamente en leer. Es probable que en mi ingenuidad creyera que todos los libros del mundo estaban en la biblioteca escolar. Es el día de hoy que si me preguntan qué es lo que más me gusta hacer en la vida sigo respondiendo “leer”. El libro “Como una novela” es una bella obra acerca de leer, e incluye los que llama “derechos imprescriptibles del lector”, que les cuento a continuación:
  • El derecho a no leer.
  • El derecho a saltarse páginas.
  • El derecho a no terminar un libro (último libro que leí entero aunque me resultaba insoportable: “Noticias de un secuestro” de García Márquez, autor que amo, pero no en ese libro).
  • El derecho a releer.
  • El derecho a leer cualquier cosa.
  • El derecho al bovarismo (“enfermedad textualmente transmisible”, o la satisfacción inmediata de nuestra sensaciones, nuestras emociones con la lectura).
  • El derecho a leer en cualquier parte.
  • El derecho a picotear (o a abrir un libro en cualquier lado porque sólo disponemos de un momento).
  • El derecho a leer en voz alta.
  • El derecho a callarnos (o a no explicar por qué leemos algo).
Y para terminar agrego algunos fragmentos entresacados sobre el tiempo de leer:
“El tiempo de leer es siempre tiempo robado (de la misma manera que lo es el tiempo de escribir o el tiempo de amar), ¿robado a qué? Digamos que al deber de vivir. El tiempo de leer, como el tiempo de amar, dilatan el tiempo de vivir. La lectura no tiene que ver con la organización del tiempo social; es, como el amor, una manera de ser. La cuestión no es saber si tengo o no el tiempo de leer (tiempo que por lo demás nadie me dará) sino si me ofrezco o no la felicidad de ser lector. ¿Tiempo de leer? ¡Lo tengo en mi bolsillo!. 
 
“Pedagogía de la igualdad. Ensayos contra la educación excluyente”, de Pablo Gentili (2011).
Hace ya unos 15 años que trabajo en temas de discapacidad, especialmente en los vinculados con salvar los obstáculos que encentran les estudiantes con discapacidad durante su recorrido universitario. En ese tiempo fui aprendiendo que el enfoque no tenía que estar puesto en “la discapacidad” sino en “la enseñanza”, que como docentes teníamos que reflexionar sobre nuestras prácticas (y ahí se cuela Freire) para que incluyan a todes nuestres estudiantes, y que la diversidad nos enriquece. Les comparto un único párrafo (con algunos agregados míos) que me parece tremendamente poderoso. Pablo Gentili, hablando de la educación, dice “el sistema escolar, partido y dividido, lejos de democratizar su acceso, conduce a los sujetos por los circuitos que mejor se adaptan a las marcas o los estigmas que definen el tamaño de sus derechos y oportunidades. Todos tienen el mismo derecho a la educación, pero no todos tienen el mismo derecho a la escuela, por lo que los resultados de los procesos de escolarización son tan desiguales como las condiciones de vida de los grupos, las clases, los estamentos o las castas que componen la sociedad o, en términos más precisos, el mercado”. 

“La pachamama y el humano”, de Eugenio Zaffaroni (2011).
Hace ya varios años que se habla del derecho al medio ambiente, tomando ideas de las comunidades originarias. Algunos países como Bolivia y Ecuador lo han incluido en sus constituciones, sosteniendo el paradigma del Buen Vivir. En este sentido se sostiene la necesidad de entender la interculturalidad como algo que debe desprenderse de las ideas del pensamiento dominante que plantea la “tolerancia” de las culturas entre sí, y en cambio propone una interculturalidad crítica para buscar una paridad entre subalternos y dominantes. Zaffaroni plantea que “sólo remplazando el saber del dominus por el del frater podemos recuperar la dignidad humana, que importa, en primer lugar, reconocernos entre los propios humanos. La ecología constitucional, en el marco de la concepción que proviene de nuestras culturas originarias, lejos de negar la dignidad humana la recupera de su camino perdido. No se trata de un sueño regresivo a la vida primitiva sino de actuar con nuestra tecnología pero conforme a las pautas éticas originarias en su relación con todos los entes”. 

“Filosofía (y) política en la Universidad”, de Eduardo Rinesi (2015).
La Universidad comenzó hace siglos como un espacio de privilegio destinado a la formación de las elites. Si bien esa mirada sigue persistiendo en muchísimes universitaries con el correr de los años se ha comenzado a entender la Universidad como un nivel al que se tiene derecho. El politólogo y docente Eduardo Rinesi es uno de los intelectuales que reflexiona sobre los desafíos y responsabilidades actuales de las universidades en las sociedades locales y regionales. Les comparto un párrafo sobre esta mirada de derechos: “estamos sugiriendo que lo que hemos llamado ‘el derecho a la Universidad’ no es solo el derecho de los jóvenes a estudiar y aprender y a recibirse en ella, sino el derecho del pueblo a apropiarse de los beneficios del trabajo de esa institución que sostiene y que le pertenece, lo que incluye por cierto su trabajo de investigación, y estamos examinando la posibilidad de que uno de los modos de ejercicio de ese derecho colectivo a la Universidad sea la co-construcción, entre las organizaciones del pueblo y los equipos (y el gobierno) de las universidades, de la agenda de esas investigaciones”. 

* Susana Underwood es Médica Veterinaria, Magister en Salud Animal y Especialista en Docencia Universitaria con Orientación en Ciencias Veterinarias y Biológicas. También cursó una Maestría en Antropología Social y una en Docencia Universitaria, aunque no hizo las tesis. Es docente de la FCV-UBA desde 1992 y se ha desempeñado como Subsecretaria de Promoción para la Igualdad de Oportunidades (2007-2017) y  Secretaria de Bienestar Estudiantil (desde 2018) en la FCV, y como Coordinadora del Programa Discapacidad y Universidad de la UBA (2010-2018).


NdR: Esta entrada fue escrita (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería escrita de otra forma y diría otras cosas.

martes, 4 de agosto de 2020

Une docente que hace (o intenta hacer) equilibrio en el “entre”.

        Le “docente equilibrista” había preparado su clase, había afiches, marcadores de colores y una propuesta (representar artísticamente un concepto que venían trabajando, mientras se discutía en pequeños grupos y se compartía en las redes sociales) pero le “docente equilibrista” sabe que más allá de lo planificado, las cosas “se van dando” y que (a veces) se trata de hacer lo mejor posible con “lo que hay”. Y “lo que había” ese día era sueño y resaca. No, en realidad “lo que había” ese día era estudiantes con sueños y resaca. La noche anterior había sido el #15O (por 15 de Octubre), fiesta de egresades, a la que habían asistido (naturalmente) todes les estudiantes que egresaban y muches de los otros años, incluides les de su clase.

         Le docente notó que varies estudiantes se dormían o cabeceaban y rápidamente une estudiante se acercó y le preguntó: “profe, ¿podemos tirarnos en el piso, poner las mochilas como almohadas y dormir un poco?”. Su respuesta fue “por supuesto”. Le “docente equilibrista” hace (o intenta hacer) equilibrio todo el tiempo. Camina por esa soga típica de los circos (en este caso, de “el circo escolar”) tratando de no caerse, haciendo malabares con sus carpetas, sus apuntes, sus libros, su maletín, su mochila (cada vez con más pañuelos de colores que “dicen” lo que piensa) y los recursos materiales que lleva a cada Escuela, a cada clase, a cada grupo. Ante la pregunta de le estudiante, no tuvo tiempo de pensar la respuesta. En la vorágine de la Escuela, a veces no hay tiempo para detenerse y reflexionar, hay que actuar! Pero ese “actuar” medio “inconsciente”, medio “instintivo”, medio “involuntario”, no implica que no se pongan en juego recursos, memorias de viejas experiencias, conocimientos adquiridos en la (trans)formación docente continua o ideas, principios y posiciones ya tomadas (o pensadas) de antemano.

En las clases de le “docente equilibrista” la asistencia no es obligatoria pero la presencia (un modo de estar que nada tiene que ver con la famosa “participación”) sí lo es. Ese día, en ese contexto, la asistencia era producto de la obligatoriedad (para no quedarse libres o por mandato familiar) y la presencia (o el tipo de presencia “esperada”) era, para varies estudiantes, imposible. La situación requería otro modo de percibir la escena escolar, una percepción que nazca de un estar entre las cosas y no por encima de ellas, otro modo de ver (¿mirar? ¿leer? ¿entender?) esa demanda de horas de sueño. Como dice Lapoujade, citando a Souriau (en “Las existencias menores”), percibir “no es observar desde afuera un mundo desplegado delante de uno mismo, sino por el contrario entrar en un punto de vista, como cuando uno simpatiza”. Le “docente equilibrista” intentó ponerse a la altura del acontecimiento y seguir sus vectores, sus lógicas intrínsecas, lo cual supone haber renunciado a la intencionalidad de su propia conciencia como dadora de sentido. Nada fácil, ¿no?

         Buscó recuperar cierta confianza, gestos compartidos, conversaciones que se interrumpieron pero que quieren ser retomadas y como “docente equilibrista” se mandó. Avanzó con la clase, haciendo (o intentando hacer) equilibrio. Equilibrio entre el rol docente tradicional y otro rol docente posible, entre las reglas de la Escuela y las reglas de esa clase (de “su” clase), entre lo que la Escuela espera de su trabajo y lo que sus estudiantes esperan de su trabajo, entre lo que quisiera que hagan sus estudiantes (lo que sus propuestas les invitan a hacer) y lo que sus estudiantes quieren hacer o lo que hacen habitualmente (frente a propuestas escolares que no les convocan), entre perspectivas (y lógicas) escolares y perspectivas (y lógicas) no escolares, entre “campo de posibles” y “acto”, entre la pre-existencia de un mundo exterior común y un universo de posibles que intenta crear un mundo común que no viene dado, entre las posiciones (y las representaciones) que dominan (e interpretan) “lo escolar” y los márgenes (los murmullos) que permiten percibir “el involuntario actuar”, entre la lógica del déficit y la lógica de la excesiva interpretación, entre el pensar soluciones y el pensar modos de determinar los problemas, entre el zafar (el “hacer como sí”) y el decirles (como el profesor de la película “Detachment les dice a sus estudiantes”) “estoy acá, para ustedes, voy a darles una oportunidad”.

Con quienes no dormían (porque no habían ido a la fiesta o porque “nos la bancamos, profe, incluso con sueño, preferimos hacer la actividad”) empezó a desarrollar la propuesta, esa que estaba “de antes” pero lo novedoso (lo “vivo”, lo inesperado, el pedido -y la necesidad- de dormir en clase) obligó a redescubrirla y a pensarla como potencia, como posibilidad, de recorrer los grupos que trabajaban (entre “escombros”, mochilas, estudiantes durmiendo, afiches, marcadores, libros, notebooks con esquemas), haciendo equilibrio entre cuerpos y objetos evitando caerse y lastimar su propio cuerpo. Ese cuerpo que se cansa, que se sobre exige, que se queda afónico, que sintomatiza una “insoportabilidad” que (a veces) inunda nuestro transitar por la Escuela. Ese cuerpo que elige con qué sensibilidad meterse entre las cosas (y entre les estudiantes), cómo le resuena el contacto con lo que incomoda, qué lectura hacer de lo que (le) ocurre, cómo intervenir, qué se (le) con-mueve. Y ahí estaba haciendo (o intentando hacer) equilibrio, conversando con les estudiantes sobre el tema del día pero también sobre las fiestas de egresades, el consumo (a veces excesivo) de alcohol, la exigencia de la Escuela (y de sus familias), la asistencia y las “presencias”, nombrándolas de otra manera, confirmando que lo escolar es nombrado desde categorías que no reflejan lo vivo de lo múltiple y lo mutante de lo escolar y que necesitábamos otras maneras de (pensar y) nombrar en esa “experiencia” compartida.

         Lo que surgió ahí no fue “materia prima” para futuras clases, fue la clase, no fue la clase planificada (¿esperada?), fue otra clase, fue una clase Otra, pero fue una clase. Y el “resultado” (tal vez no el “deseado” pero el que se logró al vivir ese aula abordando “lo que hay”) fue ése: algunes pibes que durmieron usando sus mochilas como almohadas (esa fue su forma de “estar” ese día), pibes que hicieron bellísimos afiches sobre el concepto que se estaba enseñando (y, tal vez, aprendiendo) mientras reflexionaban y conversaban (entre elles y con le docente) sobre el tema de la materia y sobre otras cuestiones (igualmente importantes y significativas) que les atravesaban ese día y une “docente equilibrista” que aprendió muchísimo, en una mutua activación de experiencias, tejiendo y destejiendo diferentes sentidos y tratando de escuchar la escuela para habitarla de otro modo, no para interpretarla o intervenirla sino escucharla para experimentarla.


NdR: Esta entrada fue escrita (y editada) antes de la pandemia de covid-19, su publicación fue postergada por la situación sanitaria y, por eso, no hace referencias a la misma. Tal vez hoy sería escrita de otra forma y diría otras cosas.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Hasta el 2020!!! Felicidades!!!



En esta última entrada del año 2019, queremos saludar a todes les que nos leyeron durante este año, agradecerles por haberse enganchado con la propuesta, por haber comentado, por haber participado de la escritura (colaborativa) de artículos, por haber compartido sus #CómoAprende, por haber respondido las entrevistas y las microentrevistas en video y por habernos recomendado sus #5Libros para la (trans)formación y desearles que pasen unas felices fiestas y que empiecen el año nuevo de la mejor manera.

El año próximo, les volveremos a invitar a seguir (re)pensando nuestras prácticas con nuevas propuestas y nuevas ideas en este Blog que espera seguir siendo un espacio de encuentro e intercambio entre docentes y estudiantes.

Que el 2020 nos vuelva a encontrar reflexionando sobre aprendizajes y sobre prácticas educativas para seguir (trans)formándonos como docentes preocupades por facilitar aprendizajes, cada vez más significativas, en estudiantes, cada vez, más autónomes.

Felicidades les desea asifuimosapendiendo!!!

jueves, 26 de diciembre de 2019

¿Cómo aprende Rena? Correr los límites, con libertad, para hacer la Vida más entretenida.


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 11 de Diciembre de 2018:


Cuando reflexiona sobre cómo aprende en la Facultad, Rena enumera una serie de “pasos” en los que utiliza una variedad de estrategias neuro-cognitivas que le van permitiendo construir esos nuevos aprendizajes y la preparan para ser “evaluada” de la manera tradicional: “primero me gusta escuchar alguna explicación o introducción al tema ya que permite saber a qué apuntar después. Luego voy a la bibliografía recomendada y trato de ir comprendiendo los contenidos a medida que voy leyendo. Al terminar de leer armo mi resumen, para esto me sirve ‘desarmar’ los textos que anteriormente leí, armando nuevos textos, cuadros, redes y/o dibujos. Luego trato de decirlo oralmente sola o con algún compañerx. Lo hago así porque es la forma que me resulta más práctica para incorporar los conceptos. Esto varía según el tema que tenga que aprender y el tiempo que tenga para hacerlo”.

Cuando reflexiona sobre cómo aprende fuera de la Facultad, Rena le otorga cierta relevancia a la repetición (sobre todo en lo “mecánico”) y a la práctica pero también a la motivación y a la observación (por ejemplo de videos): “a andar en bicicleta aprendí mientras jugaba, practicando hasta que salió. Supongo que a atarme lo cordones o hablar fue de la misma forma. A tocar la guitarra con mucha práctica, videos y canciones que me gustaban. A nadar de muy chica, primero aprendí a flotar, luego, de más grande, los distintos tipos de brazadas por un lado, por el otro de patadas y después todo junto. A cocinar voy aprendiendo con la práctica, veo videos, busco recetas, experimento hasta que llego a los sabores que busco. Lo hago así simplemente porque me surge así”.

Al relacionar o comparar aprendizajes académicos y no académicos, Rena encuentra aspectos comunes, como la necesidad de práctica y de motivación pero también encuentra diferencias relevantes no sólo en los intereses sino también en los tiempos. Como si hubiera leído la idea del siempre genial Carlos Skliar de que debemos respetar que cada estudiante aprenda “a su tiempo y a su modo”, Rena entiende como un “límite a la libertad de aprender” el manejo de los tiempos de aprendizaje y de los modos de evaluar del sistema educativo universitario: “tanto para aprender contenidos académicos como para aprender  aprendizajes extraescolares se necesita práctica, tranquilidad, tiempo y sobretodo motivación. Cuando estoy aprendiendo algo extraescolar la motivación es lo que me impulsa a aprenderlo, por lo que se hace más fácil. En cambio, a veces, cundo estoy aprendiendo determinados contenidos académicos puedo cruzarme con algún tema que no despierte mi interés y por ende que me desmotive, pero si está claro el objetivo que tengo puedo buscar la forma de recuperar esta motivación. Por otro lado a los contenidos académicos hay que aprenderlos dentro de un determinado tiempo, lo que puede ser otra dificultad. Esto a su vez nos pone un límite de cuánto debemos aprender, que sumado a las instancias evaluativas de las que van acompañados reducen mucho las libertades. Pero por otro lado nos obligan a aprender cosas que quizás voluntariamente no lo hubiéramos hecho que pueden resultar muy útiles e interesantes”.

Finalmente, Rena nos cuenta que reflexionar sobre estas cuestiones la hizo replantearse las maneras en que aprende y volver a dudar sobre la “libertad” con la que aprendemos y sobre la importancia de aprender para vivir mejor: “tener que pensar sobre estas cuestiones me genero dudas  acerca de los métodos que utilizamos para aprender, por un lado nos dan libertades y por otro, no las quitan, nos restringen. Aprender es incorporar conocimientos, herramientas y capitales que nos permiten mirar las cosas con nuevas perspectivas, salir de nuestra zona de confort, defendernos en distintos aspectos de la vida. Creo que aprender es ampliar nuestros intereses, es hacer la vida más entretenida”.

* Renata Mina (@renatamina_) es estudiante de Veterinaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y feminista. Se desempeña como hijahermanaamiga y alumna. Es del interior (al que todavía no puede soltar), le gusta hacer pilatesteatro, tocar la guitarra y los animales.

martes, 24 de diciembre de 2019

¿Cómo aprende Valen? Aprender a aprender porque aprender es crecer.


En este nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionando, seguir discutiendo y seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestres estudiantes (cada vez) más autónomes; tendremos una entrada nueva el último Martes de cada mes y, para no aburrirnos entre una y otra, nos invitamos a (re)leer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores. Para quienes no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para quienes sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 4 de Diciembre de 2018:


Cuando Valen reflexiona sobre la manera en que aprende en la Escuela relata las estrategias que utiliza para estudiar (y recordar), como la lectura, el resaltado de lo más importante, la escritura de un resumen, el uso de la memoria, la ejercitación (y la repetición) y la atención en clase: “creo que tengo una forma bastante ‘normal’ de aprender. Con lo teórico, unos días antes de la evaluación junto todo el material, ya sea fotocopias o apuntes, lo leo y resalto, y de ahí escribo un resumen aparte una vez entendido el tema, porque así logro sintetizar más e identificar lo más importante. Igualmente acá tengo un poco de ventaja ya que tengo buena memoria. Cuando es más matemático o de ‘ejercicios’ repito una y otra vez cada uno de los ejercicios dados, aunque también suelo escribir un resumen con las fórmulas o definiciones necesarias para entender el tema. En las clases soy de prestar atención porque los apuntes son de las cosas que más uso después. Hago resúmenes porque al escribirlo me queda en la cabeza, y al tenerlo leído de antes y entendido de la clase me resulta muy fácil estudiarlo ya que llego con una buena base para empezar a preparar los exámenes. He escrito un esquema de la glucosa con las características pedidas más de cinco veces hasta recordarlo, así también con idiomas (como Inglés), que son las materias que más me cuestan”Valen agrega, también, la relevancia del interés por aquello que está aprendiendo y del rol del docente como mediador o, de alguna manera, “presentador” de los contenidos a aprender: “para lograr aprender algo bien, también me tiene que interesar, sino me cuesta cien veces más. Igualmente, no depende sólo de los contenidos sino de cómo los aborde y explique el profesor.  Materias como Inglés no me son fáciles ya que la forma de enseñarlo que tienen la mayoría de los profesores es muy ‘gramatical’ y por ejemplo, aprendo mas mirando una serie al escuchar”.

A la hora de pensar en otros tipos de aprendizajes, Valen prioriza la perseverancia, destaca el valor de la repetición y cuenta algunas anécdotas de situaciones en las que las cosas no le salieron “de una” sino que requirieron tiempo y esfuerzo: “siempre fui de decir ‘persevera y triunfaras’ pero hay varias cosas que necesitan mucha paciencia de más. No sólo porque sea complicado, sino por las consecuencias que trae. Por ejemplo, actualmente hago hockey, deporte muy conocido por sus grandes jugadores siempre lesionados, imagínense que escribo esto con un dedo esguinzado. Pero cuando algo te gusta y querés aprenderlo ya no hay vuelta atrás. Hace seis años que hago hockey y hoy puedo decir que soy ‘bastante buena’, al menos en comparación a cinco años atrás. También, me acuerdo cuando empecé a andar en bici, primero rueditas, después una sola, cuando supuse que había aprendido me sacaron la última que me protegía de no caer. Cosa obvia que pasó, fui derecho para unos arbustos, me caí y me lastimé. Y me frustre, no quería andar si me caía, pero tampoco, quería volver a las rueditas. Esto de frustrarme pasa todo el tiempo porque, como a todos, no siempre sale todo como uno espera, pero a pesar de que sé que no está bien tirarse abajo siempre que algo te sale mal, suelo (después de un largo rato) decirme algo como ‘dale vos podés, seguí, sino ¿para qué intentaste en un principio?'. Y ahí no paro hasta conseguirlo y si no pasa, por algo será, pero si en serio lo quería no paraba. Por ejemplo cocinar, todo me sale mal, soy muy ansiosa entonces siempre saco las cosas antes, me falta mezclar, ensucio todo y hago desastres, pero esa es una meta que todavía tiene mucho camino por recorrer”.

A la hora de pensar, de manera comparativa, los aprendizajes “escolares” y “no escolares”, Valen los diferencia en cuanto al interés que generan los contenidos a aprender (y de algún modo en lo que Carlos Cullen llama “el deseo de aprender”) pero los iguala en la necesidad de insistir y perseverar para aprender y en la importancia de la presencia de Otros que nos acompañen en el camino del aprendizaje: “creo que en los dos ámbitos de aprendizaje hay una diferencia bastante grande, al menos de la secundaria para atrás, en lo escolar uno aprende porque es lo que debe hacer, a lo que es, de alguna forma ‘obligado’ a hacer. Aprende cosas que a uno no le interesan y por lo tanto terminan en el olvido. Pero en esa época de la vida lo extraescolar que uno aprende lo hace porque quiere. Si querés cantar, vas a canto, si es un deporte vas y lo hacés, también de más chico aprendés valores y respeto. Ahí son intereses propios y los decide uno y por eso son más fáciles de recordar y poner en práctica en todo momento. Aunque también hay una gran similitud, porque en el estudio de lo académico, uno no para hasta que lo aprende y entiende (sea por obligación o por interés) y lo mismo pasa en lo extraescolar, intentar hasta que salga, al menos, lo mejor posible aunque siempre se puede ser un poco mejor. Además en los dos ámbitos siempre hay gente ayudándote y apoyándote, tu familia, amigues, profesorxs, etc, que hacen más llevaderos los ‘fracasos y más felices las ’victorias’, aprobar un examen, cocinar bien unas salchichas, desaprobar un oral o quizá se te quemaron los brownies, pero siempre hay alguien dispuesto a enseñar y uno está dispuesto a aprender, porque si esto segundo no ocurre también hay un problema ya que si no quiere, no lo va a hacer”.

Finalmente, Valen nos deja una reflexión sobre sus propias reflexiones y nos recuerda que aprendemos todo el tiempo, de manera natural y que muchas veces (aprendamos o no “eso” que se supone que tenemos que aprender o que queremos aprender) aprendemos a aprender: “escribir sobre estos temas (y más en relación a mí) siempre me cuesta mucho, así que, fue muy divertido además analizar cosas que hago todo el tiempo que no tomaba en cuenta. Me pasó que a medida que iba respondiendo se me iban ocurriendo más cosas que agregar en otras preguntas y se me descontrolaba todo. Pienso que cada persona se arma sus herramientas a medida que va indagando y probando distintas formas. Creo que el ‘cómo’ aprendemos depende de lo que estás aprendiendo, ya que aprender una formula de Física para aplicarla en un problema no es igual a aprender la historia de un país o a hacer una torta, por decir ejemplos. Igual pienso que todo el mundo puede aprender cualquier cosa si se intenta, y tiene ganas de hacerlo, siempre hay nuevas formas de aprender, alternativas para las complicaciones y si que quiere generalmente se logra. Diría que aprender es adquirir conocimientos nuevos, pero en realidad siempre estás aprendiendo, porque en un principio ‘aprendés a aprender, dicho de una forma redundante. Aprendés a entender, a facilitar ese aprendizaje, aprendés valores y aprendés una forma de manejarte en la vida, aprendés a pensar y sacar conclusiones, por ende aprender no es solo ‘agregar conocimientos’, es un crecimiento personal, una forma de conocerse a uno, de definirse. Lo que aprendiste en serio, lo recordás. Y lo que no recordás entonces, ¿no lo aprendiste? Creo que aprender es crecer, porque desde que nacés, aprendés, por ejemplo a mirar, a pestañear, a analizar, a prestar atención, a divertirte, a llorar, a hacer amigos, a amar. El que diga que aprender solo es incorporar conocimientos del estilo escolar, se equivoca”.

* Valentna Pedro (instagram.com/valen.pedro) es estudiante de cuarto año de la Escuela de Educación Técnico Profesional de nivel medio en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria (UBA), tiene 16 años, futura (cirujana) veterinariajugadora de hockey en el Club Comunicaciones, está enamorada de sus dos perros, es fanática de las series (mas los dramas médicos), tiene la habilidad de mirar más de 3 series al mismo tiempo, mantener buenas notas y vida social. Es muy fiel a sus ideales y le gusta debatir sobre estos.