sábado, 10 de febrero de 2018

A participar, a participar (II)

Bienvenid@s de vuelta al Blog! Mientras iniciamos un nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionandoseguir discutiendo seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 26 de Junio de 2012:


En el texto anterior empezamos a plantear el tema de la participación de l@s estudiantes partiendo de la base de que la misma no siempre es como nos gustaría, aún cuando l@s docentes pensemos las clases con una activa participación de nuestr@s estudiantes (que no es poco) y actuemos en consecuencia (que ya es un montón), pero lamentablemente esto último tampoco suele ser así. En la mayoría de los casos, l@s docentes no planificamos las clases contemplando este factor o, simplemente, no planificamos las clases.



Desde que las Carreras Docentes/Especialidades en Docencia/Maestrías en Educación desembarcaron en las Universidades, much@s docentes/cursantes -cumpliendo de manera ejemplar con el “oficio de ser estudiante”- entendimos de que se trataban las “planificaciones” y, más importante aún, que se espera de ellas y que poner en ellas para que sean aprobadas/aceptadas, tengan o no algo de ciertas. No nos creamos muy inteligentes por esto, nuestr@s colegas de la escuela primaria y secundaria descubrieron, conocen, y practican este truco desde mucho tiempo antes que nosotr@s. Claro que a ell@s se las piden bastante más seguido, nuestras planificaciones (curriculares o didácticas) parecen limitarse a los trabajos prácticos de algunas materias “pedagógicas” de las carreras de posgrado, a las (infrecuentes, ficticias e irreales) “pruebas de oposición” de los concursos docentes, o a los (aún más infrecuentes) cambios de programa de las materias, en los que en general (como docentes auxiliares) no tenemos “participación”.

Sin embargo voy a suponer que vari@s de nosotr@s sí planificamos nuestras cursadas, nuestras clases y las actividades que proponemos a nuestr@s estudiantes, ya sea de manera individual, sea como pequeños equipos docentes o sea, en el mejor de los casos, como cátedra. Al respecto recomiendo el capítulo 1 (“Los proyectos de cátedra”) del libro “Más didáctica”, de Jorge Steiman.

Personalmente creo que en el acto de planificar nuestra cursada, nuestras clases y las actividades que vamos a proponerles a nuestr@s estudiantes es donde empieza a definirse la participación que ell@s tendrán dentro y fuera del aula.

No voy a explayarme en este texto respecto a cómo hacer una planificación (de una cursada, de una clase o de una actividad) pero sí me interesa dejar una idea que a mí me ha dado muy buenos resultados y que hizo que cambiara bastante la estructura de las clases que guío: cuando tengamos lista -escrita- la planificación, respondámonos para cada momento de la clase, para el tiempo antes de la clase y para el tiempo después de la misma, la siguiente pregunta ¿Qué hacen/Qué van a hacer/Qué esperamos que hagan l@s estudiantes en este momento?

Si la mayoría de las respuestas son “leer”, “escuchar”, “tomar apuntes”, “estudiar” o “responder las preguntas del examen”, entonces estamos en problemas porque en esos casos el “rol activo” lo tenemos l@s docentes. Si realmente nos ubicamos en una postura constructivista respecto del proceso de aprendizaje, debemos ser consecuentes con eso y corrernos del (cómodo, reconfortante y conocido) rol de “docente estrella” para dejarles a nuestr@s estudiantes el rol principal, el rol activo y permitirles (trans)formarse como estudiantes responsables de sus propios aprendizajes (cada vez más) significativos, críticos y autónomos.

viernes, 9 de febrero de 2018

A participar, a participar (I)

Bienvenid@s de vuelta al Blog! Mientras iniciamos un nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionandoseguir discutiendo seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 19 de Junio de 2012:


A participar, a participar, que la “clase” es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro, María, de Juan y José, eheheh eheheh


Me pregunto cuántos habrán tarareado esta primera “parafrase” o cuántos habrán “escuchado” (mientras la leían) las voces imaginarias de Victor Jara o Daniel Viglietti. Si no fue así, no importa pero a mí me lleva a los lugares más lindos de mi infancia…


En esta entrada pretendo, humildemente, empezar a pensar un tema sobre el que pienso volver en futuros textos ya que lo considero central: la participación (en la clase, en las actividades, en la responsabilidad por los aprendizajes, en la toma de decisiones) de nuestr@s estudiantes.

Es común escuchar docentes preocupados, enojados o angustiados porque sus estudiantes “no participan”. No voy a volver, en esta ocasión (pero sí en la próxima), a la idea de preguntarnos ¿qué hacemos l@s docentes para fomentar esa participación? o ¿qué lugar le damos a l@s estudiantes en la estructura de la clase? sino que voy a suponer lo que me gustaría que pase y much@s decimos que hacemos: pensar una clase con una activa participación de nuestr@s estudiantes (que no es poco) y actuar en consecuencia (que ya es un montón).

Ahora bien, es cierto que (a veces) aún así la participación de nuestr@s estudiantes no es la que esperamos y es saludable que nos preguntemos por las razones que hacen que esto sea así. Por supuesto que hay muchas respuestas posibles y que la motivación surge rápidamente como una dimensión que no podemos dejar de lado y de la que, estoy convencido, somos absolutamente responsables pero en este caso quiero centrarme en un aspecto que -a priori- nos excede y nos condiciona, aunque no por eso (necesariamente) nos determina: la historia y la trayectoria educativa de nuestr@s estudiantes.

Nuestr@s estudiantes tienen (al menos) 10 ó 15 años dentro de este sistema educativo, son expertos en él, se han adaptado (a diferencia de l@s much@s excluid@s que el sistema –deliberadamente- olvidó en el camino) de una manera asombrosa a hacer “lo que se espera de ell@s”. Y, de repente o no tanto, llegamos un par de docentes que les proponemos que hagan todo lo contrario con la promesa de que es lo mejor para ell@s y para sus aprendizajes. Yo, en su lugar, también desconfiaría y, aún si (la convicción de la propuesta hiciera que) lo creyera, me costaría mucho “cambiar el chip”. Me imagino esas tristes escenas de los canales tipo “Animal Planet”, cuando están a punto de liberar a un animal salvaje que vivió casi toda su vida en cautiverio, le abren la jaula y el animal se muere de ganas de salir pero le cuesta mucho. Y claro, a mí también me costaría. Cuánto más cómoda y más fácil parecía la vida en cautiverioCuánto más cómodo y fácil es escuchar, copiar, estudiar y repetir.

Me pregunto (y se me ocurren algunas primeras respuestas o aproximaciones): ¿cómo “romper” con décadas de actividades y estrategias centradas en el docente? ¿cómo sacar a nuestr@s estudiantes de un letargo que fue efectivo y exitoso? ¿cómo demostrarles rápidamente la intencionalidad y la efectividad de la propuesta? ¿Cómo empezar la “liberación”, la “emancipación”, el camino hacia un aprendizaje autónomo, reflexivo y significativo?

jueves, 8 de febrero de 2018

Ell@s son “l@s otr@s”, y nosotr@s?

Bienvenid@s de vuelta al Blog! Mientras iniciamos un nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionandoseguir discutiendo seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 12 de Junio de 2012:


Seguimos con las autocríticas y la reflexión sobre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos…


La verdad es que no deja de llamarme la atención (y de preocuparme un poco) cada vez que escucho colegas docentes quejándose de sus estudiantes. No me van a decir que no les pasa? Es habitual escuchar quejas como: “L@s estudiantes no leen”, “L@s estudiantes no estudian”, “L@s estudiantes no participan”, “L@s estudiantes no están motivados”, “L@s estudiantes no se esfuerzan lo suficiente” o “L@s estudiantes no aprenden”…

Un par de cuestiones que me parecen interesantes para empezar el análisis.

Primero, ¿y l@s docentes? ¿L@s docentes leemos mucho? ¿L@s docentes estudiamos mucho? ¿L@s docentes estamos (lo suficientemente) motivados? ¿L@s docentes nos esforzamos lo suficiente? ¿Qué aprendemos l@s docentes?

Segundo, ¿quién nos dijo que esas afirmaciones son así? ¿Por qué suponemos que l@s estudiantes no leen? ¿Les preguntamos si leen? Si no leen, ¿les preguntamos por qué? ¿Nos preguntamos de qué manera favorecemos o propiciamos la lectura? ¿Sólo diciéndoles “tienen que leer”? Cuando decimos que l@s estudiantes no participan, ¿en qué nos basamos? ¿En que no “participan” en aburridas exposiciones monológicas? ¿En que no encontraron (aún) la forma de interrumpir la clase magistral en la que supone que deben escuchar y tomar apuntes? ¿En que no se engancharon con una actividad que nada tiene que ver con sus intereses o motivaciones personales o grupales? ¿Quién nos dijo que no estudian? ¿Suponemos que no estudian porque no pudieron responder (de la manera que a nosotr@s nos gustaría) esas tres preguntas mal formuladas de una evaluación que se supone que evalúa los aprendizajes de contenidos de la materia? Y los más importante, “L@s estudiantes no aprenden”, ¿qué no aprenden? y, asumiendo lo errado de esta afirmación: ¿qué sí aprenden?

miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Quién aprende qué?

Bienvenid@s de vuelta al Blog! Mientras iniciamos un nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionandoseguir discutiendo seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 5 de Junio de 2012:


Imaginemos la siguiente situación: me toca preparar para la semana próxima la clase de un tema determinado de la materia en la que participo como docente. Entonces, empiezo leyendo el tema del libro que más me gusta (o simplemente del que tengo más a mano), lo subrayo, lo resalto (a mí me gusta escribir en los bordes de la hoja), jerarquizo la información y empiezo a imaginar cómo estructuraría el tema (puedo escribir algunos títulos posibles en una hoja aparte). Después, busco un par de libros más a ver si “dicen lo mismo” y tomando como base el primero que leí, empiezo a escribir algo sobre el tema que siga la estructura que pensé y la del “libro base”, agregando la información de los otros libros. Encuentro muchas similitudes, algunas contradicciones que intento resolver y mucha información que descarto como irrelevante. Ahora me concentro en el texto que estoy escribiendo, lo mejoro, lo “doy vuelta”, lo organizo. Obviamente, como le pasaría a cualquiera, me surgen dudas que resuelvo con la bibliografía e inquietudes que busco en internet. Aparece un montón de “información basura” y entonces priorizo ciertos “sites validados” donde encuentro datos más que interesantes para sumar a mi presentación (si la presentación incluyera un soporte audiovisual, también aparecen un sinfín de imágenes que supongo podrían servirme para ilustrar lo que estoy diciendo) y excelentes ejemplos sobre el tema, que sumo al texto. Ahora empiezo a recortar el textojerarquizandopriorizandoseleccionandore-escribiéndolo y me surgen dudas más complejas, más interesantes que me hacen consultar otra vez la bibliografía, otra vez internet (que esta vez no alcanza) y llego a preguntarle a un colega o a un docente de más experiencia en la cátedra. Al leer el texto casi listo, aparecen las relaciones con otros temas de la materia y con la práctica (a veces con “la vida real”), relaciones que me llevan a hacer un análisis un poco más profundo y complejo, en el que aparecen ideas nuevas, dudas nuevas y aspectos que me cuestan entender pero la mayoría las resuelvo con la bibliografía o con la ayuda de algún otro miembro del equipo docente y alguna cuestión quedará “no resuelta” y el tiempo y el trabajo con otr@s, la resolverá o no. Más allá de que en ese punto tendría que pensar la manera de presentar el tema, el soporte (audiovisual o no) y tendría que planificar la clase (aspecto que me parece central y sobre el que voy a profundizar en otra ocasión), quisiera detenerme a plantear algo en este punto.




Se supone que la tarea del docente es la de facilitar en l@s estudiantes determinados aprendizajes actitudinales, procedimentales y de contenido. Ahora bien, en el relato queda claro algo: yo leí, yo subrayé, yo resalté, yo jerarquicé, yo estructuré, yo busqué información en libros y páginas web, yo encontré similitudes y contradicciones e intenté resolverlas, yo descarté información irrelevante, yo organicé, yo consulté, yo re-escribí, yo busqué ejemplos, yo encontré relaciones con otros temas -con mi vida, con mis saberes previos, con mi historia-, yo analicé, yo profundicé, yo me quedé con dudas que espero (con el tiempo y la ayuda de otr@s) resolver, en fin… yo aprendí!!! Sí, yo aprendí…

Es cierto que cuando termine mi exposición (dialogada o no), l@s estudiantes van a venir y me van a elogiar y me van a decir cosas como: “que buena clase”, “entendí todo”, “soy recursante y nunca lo había entendido así” (que elogio, soy mejor que mis colegas), “la clase estuvo rebuena, se ve que la reprepraraste”. Y sí, la “repreparé”, hice un trabajo enorme y aprendí un montón no sólo sobre el tema en cuestión sino también sobre mí, sobre cómo leer, como resumir, cómo estudiar, en fin… cómo aprender.

Se imaginan el final, no? Si nuestro rol es el de guíar y nuestra función esencial es la de ser facilitadores de los aprendizajes, ¿no será que tenemos que pensar estrategias para que sean nuestr@s estudiantes l@s que hagan ese trabajo u otro trabajo que les sea significativo, relevante y les permita ser realmente constructores de sus propios aprendizajes y controladores de sus propias formas de aprender?

martes, 6 de febrero de 2018

Somos investigadores-docentes, queremos investigar la docencia.

Bienvenid@s de vuelta al Blog! Mientras iniciamos un nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionandoseguir discutiendo seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 29 de Mayo de 2012:



La mayoría de l@s docentes de la Universidad de Buenos Aires, como la mayoría de l@s docentes de las demás Universidades Nacionales, cumplimos el doble rol de docente e investigador. Sí, ya sé que (de acuerdo al Estatuto Universitario y al modelo de Universidad que soñamos) deberíamos cumplir el triple rol de docente-investigador-extensionista pero a los fines de estas líneas, eso ya es mucho pedir. Se podrán imaginar, viendo lo poco valoradas que están nuestras actividades docentes en relación a las actividades de investigación, lo aún menos valoradas que están nuestras actividades de extensión. Pero eso lo dejo para una futura entrada ya que creo que amerita un análisis más detallado.


Pero volvamos a lo que me gustaría plantear hoy: la mayoría de nosotr@s tenemos actividades docentes y actividades de investigación. Quedan excluid@s de este análisis, por razones obvias, aquell@s en los que éstas coinciden por tratarse de (l@s poc@s) docentes universitari@s cuyas líneas de investigación son propias del campo educativo. En nuestras actividades de investigación (sobre las temáticas más diversas) integramos equipos en los que diseñamos investigaciones, planteamos objetivos (de mejora de algo o de construcción de conocimiento), leemos bibliografía, nos mantenemos actualizados, nos contactamos con otros grupos de investigadores, nos hacemos preguntas, dudamos, pedimos ayuda, cuestionamos, planteamos hipótesis, diseñamos instrumentos para validar o refutar esas hipótesis, realizamos experiencias, reflexionamos sobre el curso de las experiencias, nos equivocamos, cambiamos las estrategias, discutimos resultados, presentamos esos resultados en Seminarios Internos, Congresos o Jornadas, publicamos los resultados; en fin pensamos como investigadores e investigamos.

Ahora bien, en determinados momentos de la semana, cambiamos el chip, somos “solo” docentes y pensamos “solo” como docentes. ¿Qué quiero decir con esto? Que nos corremos completamente del lugar de investigadores y nos ubicamos en un perverso lugar de reproductores de prácticas instituidas (“Esto siempre se hizo así”), sin cuestionarlas, sin dudar de ellas, sin plantearnos objetivos (alguien ya se los habla planteado antes, no?), sin leer más bibliografía que la específica del tema de la materia, sin mantenernos “pedagógicamente” actualizados (por ejemplo, en términos de teorías del aprendizaje), sin contactarnos con otr@s docentes que tengan problemáticas (y/o soluciones) similares o diferentes a las nuestras, sin plantear hipótesis sobre lo que ocurre dentro del aula o fuera de ella, sin diseñar instrumentos para validar o refutar esas hipótesis, sin reflexionar sobre nuestra actividad docente, sin pedir ayuda, sin cambiar las estrategias cuando éstas no cumplen (de la mejor manera posible) con los objetivos planteados, sin discutir dentro del equipo sobre nuestros resultados, sin publicar nuestros resultados o presentarlos en Seminarios Internos, Congresos o Jornadas. En fin, sin investigar ni reflexionar sobre nuestra propia práctica docente o en el mejor de los casos, haciendo alguna de estas cosas de una manera tan intuitiva y tan carente del siempre sobrevalorado rigor científico, que horrorizaría a cualquier “reviewer”.

Pero si somos investigadores es porque estamos familiarizados con la idea de investigar, de dudar, de reflexionar y si somos docentes es porque estamos (o deberíamos estar) preocupados por buscar las mejores maneras de facilitar los aprendizajes de nuestr@s estudiantes. Entonces no me parece tan loco ni complicado que dejemos de disociar esquizofrénicamente nuestras prácticas y seamos, de verdad, docentes-investigadores.

lunes, 5 de febrero de 2018

Estas líneas no alcanzan

Bienvenid@s de vuelta al Blog! Mientras iniciamos un nuevo año escolar/académico en el que esperamos seguir reflexionandoseguir discutiendo seguir (trans)formándonos como docentes (cada vez) más facilitadores de aprendizajes (cada vez) más significativos en nuestr@s estudiantes (cada vez) más autónomos; nos invitamos a releer, cada día, una de las entradas publicadas los años anteriores, como forma de volver a “ponernos” en tema. Para l@s que no las leyeron, éstas podrán ser un (nuevo) disparador para la reflexión y el análisis y para los que sí, es probable que las (re)pensemos desde otro lugar y nos inviten a, (nuevamente) pero de otra manera, reflexionar sobre nuestras prácticas y los aprendizajes.

La siguiente entrada fue publicada el Martes 22 de Mayo de 2012:


Hace un par de semanas en una charla sobre el rendimiento de l@s estudiantes en los exámenes parciales, una docente de la cátedra en la que trabajo dijo, respecto a la “no respuesta” de un estudiante a una pregunta del parcial, una frase más que conocida por todos: ¿Cómo no la sabía, si en clase yo la dí?

¿Qué es lo que dio? ¿Qué querrá decir “yo la di”? ¿Qué envolvió la respuesta de alguna manera y se las dio a los estudiantes de alguna forma material? ¿Que la docente dijo la respuesta en una clase, un par de semanas antes del examen? ¿Qué no sólo dijo “la respuesta”, sino que dijo que era importante? ¿Qué dedico un rato de su preciado tiempo de clase a hablar sobre el tema, a exponerlo, a mostrarles a l@s estudiantes lo mucho que sabe del tema, lo mucho que leyó, lo mucho que estudió, lo mucho que preparó la clase?

¿Alguien puede creer que por el hecho de que el docente “diga” (o exponga o presente) un concepto, una idea o un tema en una clase (por más maravillosamente expuesto que esté) l@s estudiantes ya “lo saben”? Yo no!

Y no lo creo así porque estoy convencido de que cuando hablamos de constructivismo (con sus variantes), de aprendizaje significativo, de innovación didáctica y reconstrucción de nuestra práctica docente, no nos referimos a conceptos abstractos ni a frases hechas que suenan bien sino a posibilidades reales de (trans)formarnos como docentes, de cambiar la lógica del trabajo en el aula (y fuera de ella) y de poner las estrategias didácticas y el proceso de enseñanza al servicio de l@s estudiantes y de sus procesos de aprendizaje.

Como no creo que alguien sepa algo sólo porque yo se lo dije, de ninguna manera creería que por el sólo hecho de haber escrito estas líneas, todo aquel que las lee “ya las sabe”, ni mucho menos que las comparte pero sí creo (y me encantaría) que puedan ser instrumentos para que cada uno (re)piense sus acciones (y decisiones) docentes y, en base a su propia experiencia y a su propia trayectoria, le otorgue significados personales y construya sus propias ideas y sus propios conocimientos.

No es tan difícil, no?

martes, 19 de diciembre de 2017

Hasta el 2018! Felicidades!!!



En esta última entrada del año 2017, queremos saludar a tod@s l@s que nos leyeron durante este año, agradecerles por haberse enganchado con la propuesta, por haber comentado, por haber participado de la escritura (colaborativa) de artículos, por haber compartido sus #CómoAprende, por haber respondido las entrevistas y las microentrevistas en video y desearles que pasen unas felices fiestas y que empiecen el año nuevo de la mejor manera.
En Febrero del año próximo, l@s volveremos a invitar a seguir (re)pensando nuestras prácticas con nuevas propuestas y nuevas ideas en este Blog que espera seguir siendo un espacio de encuentro e intercambio entre docentes y estudiantes.
Que el 2018 nos vuelva a encontrar reflexionando sobre aprendizajes y sobre prácticas educativas para seguir (trans)formándonos como docentes preocupad@s por facilitar aprendizajes, cada vez más significativas, en estudiantes, cada vez, más autónomos.
Felicidades les desea asifuimosapendiendo!!!

martes, 12 de diciembre de 2017

Dar un signo, con responsabilidad y respeto hacia el Otro, para hacer la Revolución. Microentrevista a Estela Aguilar.

Una de las novedades de este 2017 es la publicación de microentrevistas audiovisuales realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes.
Las respuestas de docentes y estudiantes (sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog) resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Estela Aguilar *.

Primera Parte:


Segunda Parte:


Tercera Parte:




* Estela Aguilar (@estelaa52122049) es Profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación, egresada del Profesorado CONSUDEC, en 1971. Trabaja actualmente en el Colegio Secundario “Crear y Ser” y en el Profesorado del Sagrado Corazón de Jesús, en varias carreras.

martes, 5 de diciembre de 2017

Vínculos, confianza y motivación para proyectar nuestro futuro. (Entrevista a Rocío Rey)




Al igual que en los años anteriores, este año seguiremos con la publicación de entrevistas realizadas a docentes y a estudiantes, como insumos para la reflexión sobre nuestras prácticas y sobre los aprendizajes. Las respuestas de docentes y estudiantes, sujetos directamente involucrados en las prácticas sobre las cuales nos proponemos reflexionar en este Blog resultan fundamentales para profundizar el grado de análisis. Claro que podemos estar de acuerdo o no, claro que podemos disentir con determinadas apreciaciones y reconocer en las respuestas (y en las preguntas) posicionamientos pedagógicos e ideológicos compartidos o no pero de cualquier manera, los relatos en primera persona son siempre insumos de gran valor para construir y (re)pensar nuestros propios posicionamientos. En este caso es un placer publicar la entrevista que gentilmente respondió Rocío Rey *.

En sus primeras reflexiones, Rocío nos propone pensar la importancia de la construcción de vínculos entre l@s docentes y l@s estudiantes, de la confianza que allí se establece, de la posibilidad de tomar las preguntas de l@s estudiantes como insumos fundamentales para el desarrolla de la clase y de la motivación para lograr un interés real de tod@s. 

  • Ro, ¿Qué es para vos “ser docente”?
  • Para mi ser docente es tener la capacidad para generar cierto vínculo con el alumno. Transmitirle la confianza suficiente para que crea en sí mismo y que no sienta que sus consultas o sus razonamientos molestan o sean obviados. Es motivar al alumno a que se interese por el tema, que razone, que investigue. Es la única forma de que realmente los contenidos explicados no hayan sido en vano.

  • ¿Cuáles son tus objetivos/propósitos/expectativas de logros cuando comenzás una cursada?
  • Cuando empiezo a cursar mi objetivo principal es no aburrirme. Cuando un profesor va muy rápido o da muchas cosas por sabido, inconscientemente dejo de prestarle atención porque me frustra no poder seguirle el ritmo de la clase. Mi objetivo como el de todos es aprobar, pero hay otros que van más allá de una nota. Siempre espero que el docente pueda llevar una clase dinámica, cuyo hilo conductor sean las preguntas que los propios alumnos hacemos. Pero a la vez que también me pueda brindar un medio para expresarme, para poder contar lo que aprendí, mis razonamientos, y mis frustraciones en cuanto a la materia. Quedaría después en el docente poder resolver esas frustraciones para que no influyan de forma negativa en el aprendizaje de la materia.

A la hora de pensar en prácticas, herramientas o estrategias de l@s docentes que han resultado más exitosas como facilitadoras de los aprendizajes de l@s estudiantes, Rocío relata el caso de un docente de Matemática que cada calse retomaba cuestiones de la clase anterior y que valoraba “el procedimiento” (y la reflexión escrita sobre el mismo) tanto como “el resultado”.

  • ¿Cuáles de las prácticas, herramientas, estrategias de tus docentes actuales o pasados, resultan o resultaron más exitosas como instrumentos facilitadores de tus aprendizajes?
  • Una estrategia que me ayudo bastante son las que presento el profe de matemática Maximiliano. Su materia ya de por si me costaba pero me fue de gran ayuda que todas las clases en un costadito del pizarrón refrescara lo que dio anteriormente. Así como permite partir de la misma base muchos también terminan aburriéndose por ser tan reiterativo. A mí en particular me facilita entender mucho de lo que explica. También me ayudo a que en sus pruebas no sean simples cuentas que aprendes de memoria, sino que también tengas que hacer un texto explicativo acerca de por qué hiciste lo que hiciste. Si bien es una materia donde las cuentas tienen un peso significativo de esta forma te permitía que si te confundiste con un número en la calculadora, pero lo pensaste bien no cuente como erróneo todo el ejercicio.

Cerrando la entrevista, Rocío nos recomienda (como ya lo han hecho otr@s entrevistad@s) que miremos algún capítulo de la famosa serie “Merlí” y nos recuerda que la Educación debe (trans)formarnos como personas capaces de proyectar nuestro propio futuro.

  • Si tuvieras que recomendarle a l@s docentes un libro, una canción o una película que considerás “relevante” para mejorar la práctica docente, ¿qué libro, canción o película nos recomendarías y por qué?
  • Les recomendaría que vean algún capítulo de la serie "Merli" (es sobre un profesor que da filosofía) porque se puede ver como genera ese clima de confianza y respeto, como todas las clases presenta técnicas nuevas para explicar su contenido y como hace que los chicos se interesen por su materia al explicárselo de forma sencilla con el vocabulario que ellos manejan.

  • ¿Cuáles son y cuáles “deberían ser”, en tu opinión, los objetivos de la Educación?
  • Hacer que los alumnos se interesen por los temas dados y no sientan que es una obligación tener que saberlo. Brindarles herramientas que puedan utilizar en su vida cotidiana, e ir formándolos como personas independientes capaces de llevar adelante obligaciones y proyectos a futuro.

* Rocío Rey es estudiante secundaria en la Escuela de Educación Técnico Profesional de nivel medio en Producción Agropecuaria y Agroalimentaria (UBA). Voluntaria de la Cruz Roja en el área de logística, juveniles y visitas domiciliarias a adultos mayores. A través de juegos enseña primeros auxilios a los nenes del barrio mitre. Es referente del área de “Banco de Vida” de la Cruz Roja filial Saavedra. A pesar de tener una religión atea, participa en un grupo misionero de la parroquia San Juan Bautista ya que comparte el mismo gesto de humildad que realizan allí.